
Un informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA reveló que el 35% de la población adulta en Argentina atraviesa algún nivel de malestar psicológico y cerca del 9% se encuentra en riesgo de padecer un trastorno mental.
Por Florencia Belén Mogno
El malestar psicológico en la población argentina se consolidó como un problema de salud pública que afecta a millones de personas. Estudios recientes mostraron que los síntomas de ansiedad, alteraciones del sueño, agotamiento emocional y desánimo persistente son cada vez más frecuentes, especialmente entre los jóvenes y las mujeres.
La presión social, la incertidumbre económica y los cambios culturales acelerados contribuyeron a que un porcentaje significativo de la población manifestara signos de estrés sostenido.
Los datos del OPSA evidenciaron que la distribución del malestar no fue homogénea. Las áreas urbanas más grandes, como el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y las capitales provinciales, registraron los niveles más altos de ansiedad y desánimo.
Sin embargo, también se detectaron niveles elevados en regiones con menor acceso a servicios de salud mental, como el NOA y el NEA, lo que reflejó desigualdades estructurales y barreras al acceso a la atención profesional.
En ese sentido y según el documento al que accedió Diario NCO, el estudio del OPSA se basó en 24 relevamientos nacionales realizados desde 2019, con un muestreo estratificado por región geográfica, edad y nivel socioeconómico, abarcando a más de 24 mil participantes de entre 18 y 65 años.
Alcances del estudio y metodología
Para evaluar el malestar psicológico, se emplearon instrumentos validados internacionalmente, como el SCL-27, el OASIS, el ODSID-2 y la RASS para riesgo suicida, complementados con entrevistas clínicas breves.
Los resultados más recientes indicaron que aproximadamente el 35% de la población presentó algún nivel de malestar psicológico, mientras que cerca del 9% alcanzó valores compatibles con riesgo de trastorno mental. Los síntomas más reportados fueron ansiedad, insomnio, irritabilidad, agotamiento emocional y desánimo persistente.
Además, el estudio confirmó un patrón epidemiológico constante: los malestares fueron mayores en mujeres, personas jóvenes y quienes contaban con menores recursos económicos o sociales.
El informe también destacó la evolución en el reconocimiento social de la salud mental. Aproximadamente uno de cada cuatro adultos había consultado alguna vez a un profesional de salud mental, y cerca del 14% mantenía un tratamiento psicológico o psiquiátrico activo. Este aumento reflejó tanto la visibilidad de los problemas emocionales como la aceptación social de buscar ayuda profesional.
Detección temprana y criterios de consulta
Por otra parte, el estudio también expuso y subrayó que la atención temprana mejora el pronóstico de los problemas psicológicos y reduce la probabilidad de que deriven en trastornos crónicos.
De esta manera, se recomendó acudir a un profesional cuando se cumplieran criterios específicos: malestar subjetivo persistente, como angustia, ansiedad o tristeza prolongadas; y disfuncionalidad o interferencia significativa en el sueño, el trabajo, los estudios o las relaciones personales. Cumplir cualquiera de estos criterios justifica la consulta y permitió diseñar estrategias de intervención temprana.
El equipo del OPSA, encabezado por Martín Juan Etchevers, está desarrollando un proyecto para detectar y monitorear malestares psicológicos en adultos argentinos. Este trabajo incluirá una aplicación móvil que permitirá evaluar problemas emocionales, identificar riesgo suicida, ofrecer psicoeducación y estimular el acceso a consultas profesionales cuando sea necesario.
En sintonía con lo expuesto anteriormente, cabe destacar que la herramienta busca mejorar la prevención y ofrecer información confiable para quienes presentan síntomas de malestar psicológico.
Además, los investigadores señalaron que las desigualdades estructurales y la disponibilidad limitada de recursos de salud mental en ciertas regiones demandan políticas públicas más efectivas y focalizadas. Garantizar el acceso equitativo a la atención psicológica y psiquiátrica constituye un desafío prioritario para el sistema de salud y la sociedad en su conjunto.
Implicancias para la salud pública
El informe del OPSA no solo reveló cifras preocupantes, sino que también mostró la necesidad de fortalecer los sistemas de atención y promoción de la salud mental. El malestar psicológico tiene consecuencias directas sobre la productividad, la cohesión social y la calidad de vida de los individuos.
La evidencia recabada respaldó la creación de programas educativos y preventivos, así como estrategias de intervención que prioricen la detección temprana y la continuidad de los tratamientos.
Los investigadores concluyeron que, ante la magnitud del problema, la planificación de políticas públicas debe integrar herramientas de monitoreo constante, recursos formativos y mecanismos de asistencia accesibles. La combinación de tecnología, investigación científica y prácticas de atención clínica permite construir un enfoque integral que reduzca el impacto del malestar psicológico y contribuya a la resiliencia de la población.
Por último, los estudios del OPSA destacan que el conocimiento sistemático sobre la salud mental de los adultos argentinos constituye un recurso invaluable para enfrentar desafíos futuros. Comprender los patrones de malestar, identificar factores de riesgo y promover la atención profesional son pasos esenciales para garantizar el bienestar emocional colectivo y fortalecer la capacidad de respuesta de la sociedad frente a crisis sanitarias y sociales.
Fuente fotografías: OPSA
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