
Una iniciativa impulsada por el CONICET demostró resultados concretos en centros de salud del distrito. El proyecto, basado en la capacitación y reorganización del sistema de atención primaria, logró reducir la deserción de pacientes y optimizar los tratamientos.
Por Florencia Belén Mogno
El crecimiento sostenido de enfermedades crónicas no transmisibles se consolidó como uno de los principales desafíos para los sistemas de salud en Argentina. Entre ellas, la diabetes tipo 2 se destacó por su expansión en las últimas décadas y por el impacto que generó tanto en la calidad de vida de la población como en los costos sanitarios.
Los datos oficiales evidenciaron una tendencia preocupante, con un aumento significativo de casos asociado a factores como el sedentarismo, la mala alimentación y el incremento de la obesidad.
En ese escenario, la necesidad de fortalecer los niveles primarios de atención adquirió una relevancia central. Los centros de salud barriales se posicionaron como la primera puerta de acceso al sistema sanitario, pero también como un espacio donde persistieron dificultades estructurales vinculadas a la detección temprana, el seguimiento de pacientes y la continuidad de los tratamientos.
En este contexto, un informe del Conicet al que accedió Diario NCO destacó una experiencia desarrollada en La Matanza que logró revertir parte de estas dificultades. El proyecto se implementó en centros de atención primaria del distrito y arrojó resultados positivos, lo que impulsó su futura expansión a otros municipios de la provincia de Buenos Aires.
La Matanza como territorio de prueba
La iniciativa se apoyó en un eje clave: la capacitación de los equipos de salud. Para ello, se conformaron duplas de médicos y enfermeros que participaron de instancias formativas específicas, con el objetivo de mejorar la atención de personas con diabetes.
A lo largo del proyecto, cada equipo tuvo a su cargo el seguimiento de pacientes, lo que permitió fortalecer el vínculo con el sistema sanitario y garantizar un control más riguroso de la enfermedad.
El programa también introdujo cambios en la organización de la atención dentro de los centros de salud de La Matanza. Según se detalló, el proceso se estructuró de manera escalonada: el personal administrativo inició la consulta con la carga de datos, luego el personal de enfermería realizó controles clínicos básicos y finalmente el médico evaluó la información y definió el tratamiento. Este esquema permitió optimizar los tiempos y mejorar la eficiencia del sistema.
Resultados y proyección del programa
Otro de los aspectos centrales fue la incorporación de herramientas de seguimiento y evaluación. Los equipos de salud registraron información clínica, metabólica y terapéutica de los pacientes en distintas etapas del tratamiento, lo que posibilitó analizar la evolución de cada caso.
Además, se aplicaron cuestionarios de autoevaluación que permitieron detectar factores de riesgo y promover hábitos saludables, como una alimentación equilibrada y la actividad física regular.
El proyecto también abordó una de las principales dificultades del sistema sanitario: la articulación entre distintos niveles de atención. En este sentido, se implementó un mecanismo de acompañamiento que facilitó la realización de interconsultas con especialistas, como cardiólogos y oftalmólogos. A través de un sistema de seguimiento, se organizaron turnos combinados y se redujeron las barreras vinculadas a traslados y tiempos de espera.
Los resultados obtenidos en La Matanza fueron contundentes. La deserción de pacientes en los controles periódicos disminuyó de manera significativa, mientras que la realización de interconsultas alcanzó niveles completos. Asimismo, se registraron mejoras en indicadores clave como la presión arterial, los niveles de glucosa y el control del colesterol, lo que evidenció un impacto positivo en la calidad de atención.
Un modelo que se expande desde el conurbano
A partir de estos resultados, el programa avanzó hacia una segunda etapa que contempló su implementación en otros distritos bonaerenses. La experiencia desarrollada en La Matanza se consolidó así como un modelo de referencia, no solo por los resultados obtenidos, sino también por su enfoque integral basado en la educación, la organización del sistema de salud y el acompañamiento sostenido de los pacientes.
En este sentido, la iniciativa puso de relieve la importancia de fortalecer el primer nivel de atención como estrategia clave para enfrentar enfermedades crónicas. La experiencia local demostró que, con intervenciones adecuadas, es posible mejorar la calidad de vida de los pacientes y optimizar el uso de los recursos sanitarios.
Fuente fotografías: redes sociales.
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