
La iniciativa funciona en la Unidad 43 de González Catán y busca que quienes están próximos a cumplir su condena puedan iniciar, desde adentro, un proceso de acompañamiento que continúe una vez recuperada la libertad.
Angel Recine y Sergio Valdivia contaron en No Te Duermas cómo funciona el espacio y por qué consideran clave construir un proyecto de vida antes de salir.
En la Unidad 43 de González Catán funciona un centro barrial impulsado por el Hogar de Cristo que busca generar un puente entre la cárcel y la vida fuera de ella. El espacio está destinado especialmente a quienes se encuentran en los últimos meses de sus condenas, con el objetivo de que puedan comenzar a construir vínculos y alternativas antes de recuperar la libertad.
“Queremos que el pibe que está adentro y sabe que cuando salga no tiene nada conozca el Hogar de Cristo ya desde adentro”, explicó Ángel Recine durante una entrevista en No Te Duermas, de Pulenta Stream.
El centro funciona en un salón de la unidad penitenciaria y allí se desarrollan distintas actividades con participación de docentes, trabajadores sociales, integrantes del Hogar y acompañantes. La propuesta busca acercar a los internos una red que puedan continuar utilizando una vez que estén afuera.
La iniciativa parte de una situación concreta: muchas personas recuperan la libertad sin vivienda, trabajo, vínculos estables ni un espacio de contención. En esos casos, el regreso a la calle puede convertirse nuevamente en un camino hacia el consumo y el delito.
Por eso, el acompañamiento comienza antes de que termine la condena. “Llevamos el Hogar de afuera para adentro”, explicó Sergio Valdivia, quien actualmente participa como acompañante y conoce ese recorrido desde su propia experiencia.
Valdivia tiene 41 años y atravesó situaciones de encierro desde muy joven. Pasó por comisarías de menores y posteriormente por distintas instancias del sistema penal. Su historia estuvo atravesada por el delito, la calle y el consumo.
En 2019 llegó al Hogar de Cristo para comenzar un proceso de recuperación.
Primero pasó por un centro barrial, luego por una casa de segundo umbral y posteriormente por una granja. El proceso no terminó allí: después tuvo que reconstruir su vida cotidiana y aprender nuevamente a convivir, asumir responsabilidades y proyectar un futuro. “Fue mucho tiempo perdido, pero ya no miro para atrás sino el tiempo ganado de hoy en día”, sostuvo.
Su experiencia es ahora parte del trabajo que realiza con otros jóvenes. El objetivo es que quienes todavía están dentro de la cárcel puedan conocer una alternativa antes de salir y sepan que existe un lugar al que pueden recurrir.
Valdivia también habló de las dificultades que aparecen al recuperar la libertad. Volver a la familia no siempre significa volver a un hogar propio. “Tenés que entender que tu casa no es tu casa, es la casa de tu papá y de tu mamá, y tu familia también tiene sus problemas”, explicó.
Para quienes salen después de años de encierro, la falta de un lugar propio y de una red de contención puede generar nuevamente una situación de exclusión. La sensación de no encajar puede terminar empujando hacia la calle y el consumo.
El rol de la Iglesia
El proyecto cuenta con el acompañamiento de los obispados de San Justo y Laferrere. Según explicó Recine, ambos trabajan en conjunto en distintas iniciativas vinculadas con las personas privadas de su libertad y las problemáticas sociales y de consumo presentes en el territorio.
Dentro de la Unidad 43 también funciona una fábrica de hostias en la que participan internos, destinadas posteriormente a los obispados. Recine destacó además que durante la gestión anterior existían programas de capacitación dentro de las unidades penitenciarias, con cursos de carpintería, herrería y huerta. Según explicó, esas propuestas fueron discontinuadas.
La discusión plantea qué herramientas existen para quienes recuperan la libertad y hasta qué punto las políticas penitenciarias contemplan ese momento como parte del proceso de reinserción.
Para el Hogar de Cristo, el objetivo no es solamente acompañar a una persona mientras permanece detenida, sino comenzar a construir con ella una alternativa para después. La historia de Valdivia representa uno de los recorridos posibles. Después de años de encierro y consumo, encontró en el Hogar un espacio desde el cual reconstruir su vida y asumir nuevas responsabilidades. “Acá encontré mi lugar en el mundo”, afirmó.
Ahora su tarea es acompañar a otros que todavía están atravesando una situación que él conoce de primera mano. El centro barrial de la Unidad 43 busca justamente eso: que el acompañamiento no empiece cuando se abre la puerta de la cárcel, sino antes. Que al momento de recuperar la libertad exista algo más que la calle y que, del otro lado de las rejas, haya una red capaz de recibirlos.
Suscribite a nuestro canal de PULENTA STREAM
Youtube – Instagram
Te Puede Interesar:
https://www.instagram.com/diarioncomatanza
https://facebook.com/diarionco



