Edición N° 9151
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Advierten que el estrés y las enfermedades crónicas pueden favorecer la aparición de herpes zóster

Estrés y las enfermedades crónicas.
Estrés y las enfermedades crónicas.

Especialistas señalaron que el debilitamiento del sistema inmunológico, asociado al envejecimiento, el estrés sostenido y determinadas patologías, incrementó el riesgo de desarrollar esta enfermedad causada por la reactivación del virus de la varicela.

Por Florencia Belén Mogno

El fortalecimiento del sistema inmunológico se consolidó como uno de los principales factores para la prevención de múltiples enfermedades infecciosas y afecciones asociadas al envejecimiento. A medida que avanzaron los estudios sobre salud y calidad de vida, los especialistas profundizaron el análisis de aquellos elementos que pueden alterar la capacidad del organismo para responder frente a virus, bacterias y otros agentes patógenos.

En ese contexto, diversos trabajos científicos señalaron que el estrés prolongado, los trastornos del sueño, el agotamiento físico y determinadas enfermedades crónicas ejercieron una influencia directa sobre las defensas del cuerpo. Estas condiciones, cada vez más frecuentes en distintos grupos etarios, fueron identificadas como factores capaces de generar alteraciones temporales o permanentes en el funcionamiento del sistema inmune.

Asimismo, el aumento de la expectativa de vida impulsó nuevas investigaciones sobre los cambios biológicos que acompañan el envejecimiento. Entre ellos, los especialistas destacaron la denominada inmunosenescencia, un proceso natural mediante el cual disminuye progresivamente la eficacia de las respuestas inmunológicas y aumenta la vulnerabilidad frente a distintas enfermedades.

Según el material informativo al que accedió Diario NCO, un informe en el que participaron especialistas del Hospital Italiano de La Matanza dio cuenta de cómo el estrés y otras patologías crónicas pueden ser factores que propicien el desarrollo del herpes zóster.

En ese aspecto, el estudio explicó que una de las afecciones asociadas a estos procesos es el herpes zóster, conocido popularmente como “culebrilla”. La enfermedad es causada por la reactivación del virus varicela-zóster, responsable de la varicela durante la infancia y que permanece latente en el organismo durante años.

En sintonía con lo planteado anteriormente y de acuerdo con los especialistas, alrededor del 90 por ciento de las personas mayores de 50 años se encuentra en riesgo de desarrollar esta patología.

Un virus que permanece oculto en el organismo

El herpes zóster se origina cuando el virus que provocó la varicela logra reactivarse luego de permanecer inactivo en determinadas estructuras nerviosas del cuerpo. Aunque esta reactivación puede producirse por distintas causas, los expertos señalaron que suele estar asociada a una disminución de las defensas inmunológicas.

El documento consultado explicó que el envejecimiento constituye uno de los principales factores de riesgo debido al deterioro natural del sistema inmunitario. Sin embargo, no se trata del único elemento involucrado en la aparición de la enfermedad.

Los especialistas advirtieron que situaciones de estrés sostenido y agotamiento físico también pueden favorecer la reactivación viral. En estos casos, el organismo libera mayores cantidades de cortisol y otras hormonas vinculadas a la respuesta frente al estrés, lo que puede afectar temporalmente la capacidad de defensa del sistema inmune.

Las enfermedades crónicas aumentaron la vulnerabilidad

Además de la edad y el estrés, distintas patologías crónicas fueron identificadas como factores que incrementaron el riesgo de desarrollar herpes zóster. Entre ellas se encontraron la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, las afecciones respiratorias crónicas como el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), así como los trastornos renales.

A estas condiciones se sumaron otras enfermedades capaces de comprometer de manera más profunda el sistema inmunológico. El cáncer, los tratamientos de quimioterapia, la infección por VIH y diversas enfermedades autoinmunes, como el lupus, la psoriasis y la artritis reumatoidea, fueron señaladas entre los principales factores predisponentes.

Según los especialistas citados en el informe, todas estas situaciones comparten un elemento común: reducen la capacidad del organismo para mantener controlado al virus que permanece latente desde la infancia, facilitando así su reactivación.

Síntomas y posibles complicaciones

El herpes zóster suele manifestarse inicialmente mediante síntomas como picazón, hormigueo, dolor localizado y una marcada sensibilidad en determinadas zonas del cuerpo. Posteriormente aparecen lesiones cutáneas que generalmente se distribuyen en un solo lado del rostro, el tórax o el abdomen.

Aunque en muchos casos la enfermedad evoluciona favorablemente, los especialistas alertaron sobre la posibilidad de desarrollar complicaciones de larga duración. Entre ellas, la más frecuente es la neuralgia posherpética, un dolor neuropático persistente que puede mantenerse durante meses e incluso años después de la desaparición de las lesiones visibles.

El material brindado a este medio destacó además que este dolor crónico puede afectar significativamente la calidad de vida de los pacientes, alterando el descanso, el estado de ánimo, la movilidad y las actividades cotidianas.

Por otra parte, cuando la enfermedad compromete la zona del rostro, existe el riesgo de desarrollar herpes zóster oftálmico. Esta variante puede afectar estructuras oculares sensibles y provocar complicaciones severas, incluyendo daños visuales permanentes si no se recibe atención médica adecuada.

La importancia de la prevención

Frente a este escenario, los especialistas remarcaron la necesidad de fortalecer las estrategias preventivas y promover consultas médicas oportunas ante la aparición de síntomas compatibles con la enfermedad.

Según indicaron en el documento, cada consulta médica representa una oportunidad para evaluar factores de riesgo, reforzar hábitos saludables y conversar sobre las herramientas disponibles para prevenir enfermedades asociadas al debilitamiento del sistema inmunológico.

En ese sentido, los profesionales destacaron especialmente el papel de la vacunación como una de las principales medidas para reducir el impacto del herpes zóster y disminuir el riesgo de complicaciones severas. Asimismo, señalaron que el diagnóstico temprano continúa siendo una herramienta fundamental para iniciar tratamientos adecuados y mejorar la evolución de los pacientes.

Fuente fotografías: redes sociales.

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