
Emiliano Alomo comenzó a ofrecer cortes de pelo gratuitos para jubilados y personas mayores al ver las dificultades económicas que atraviesan. Desde una iglesia del barrio, todos los lunes brinda un servicio que, asegura, va mucho más allá de lo estético.
La difícil situación económica que atraviesan muchos jubilados llevó a Emiliano Alomo, un joven barbero de San Cayetano que actualmente vive en el barrio El Porvenir, a transformar su oficio en una herramienta de acompañamiento. Todos los lunes dedica parte de su tiempo a cortar el pelo de manera gratuita a personas mayores, convencido de que un gesto sencillo puede marcar una diferencia.
¨Empecé porque veía la situación que estaban pasando. Hay gente que hoy no puede pagar un corte de pelo y sentí ganas de hacerlo gratis¨, explicó durante una entrevista en No Te Duermas, por Pulenta Stream.
Sin embargo, reconoce que dar el primer paso no fue sencillo. Antes de comenzar, dudó por las reacciones que podía generar la iniciativa.¨Cuando hice la publicación se hizo viral, pero también aparecieron muchos comentarios. Me decían que, por cómo me visto o porque tengo tatuajes, iba a entrar a las casas de los jubilados para robar. Justo era una época en la que había muchos robos a personas mayores y existía ese miedo¨, recordó.
Lejos de abandonar la idea, decidió seguir adelante. ¨Por un momento pensé en no hacerlo, pero después dije que iba a hacer lo que me decía el corazón. Eso fue más fuerte que cualquier comentario¨.
En un comienzo realizaba los cortes a domicilio, aunque con el tiempo encontró un espacio fijo desde donde desarrollar la actividad. Hoy atiende todos los lunes por la mañana en una iglesia del barrio, en cercanías del Hospital René Favaloro de Rafael Castillo, donde los propios vecinos comenzaron a recomendar su trabajo.
Aunque la propuesta nació pensando en los jubilados, con el tiempo se amplió. ¨También me escriben por personas que están en silla de ruedas o tienen algún problema de salud. Les digo que no tengo ningún inconveniente. No hago diferencias, lo importante es poder ayudar¨.
Para Alomo, la tarea del barbero va mucho más allá del aspecto estético. ¨Un barbero también es un psicólogo. La gente se sienta en la silla y empieza a contarte los problemas del trabajo, de la familia o de la vida. Yo trato de escucharlos, aconsejarlos y que se vayan un poco mejor de lo que llegaron¨.
Ese vínculo humano fue, precisamente, lo que terminó de convencerlo de continuar con la iniciativa. Recuerda especialmente a las primeras personas que atendió en sus casas.
¨Hubo gente que se puso a llorar. Me agradecían muchísimo y no podían creer que alguien hiciera eso de manera desinteresada. Ahí hice un clic y dije que iba a seguir. Para mí no pasa por la plata¨.
En ese sentido, remarcó que nunca buscó obtener un beneficio económico a partir de la repercusión de la propuesta. ´´Muchos me dicen que pida colaboraciones o que reciba donaciones, pero sinceramente no lo haría. Lo hago de corazón. Voy, corto el pelo, vuelvo a mi casa contento y la gente también queda contenta. Para mí eso vale mucho más que la plata´´.
Actualmente, explicó, un corte puede costar entre 12.000 y 20.000 pesos, dependiendo de la zona y del profesional. ´´Yo cobro 12.000 pesos en mi local, pero para un jubilado sigue siendo mucho”.
Más allá del servicio gratuito, considera que el verdadero valor está en el tiempo compartido. “Muchos necesitan hablar con alguien. Yo trato de brindarles una buena charla además del corte de pelo. Si con eso puedo alegrarles el día o darles un pequeño empujón para seguir adelante, ya me siento satisfecho”.
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