
La movilidad urbana y logística en el país cambió de manera acelerada en los últimos años. El crecimiento del transporte y la digitalización abrieron paso a nuevas tecnologías que transformaron la seguridad en tránsito.
Por Florencia Belén Mogno
La movilidad en las ciudades modernas dejó de ser solo una cuestión de transporte. La combinación de tránsito creciente, urbanización y nuevas demandas de seguridad obligó a repensar los modelos tradicionales de control. En ese proceso, la tecnología apareció como un factor central para anticipar riesgos, optimizar recorridos y proteger a los pasajeros y a las cargas.
El concepto de seguridad en tránsito evolucionó en paralelo a estas transformaciones. Lo que antes se reducía a cámaras fijas y monitoreo estático, pasó a convertirse en una red de dispositivos inteligentes capaces de registrar, transmitir y analizar información en movimiento. Este cambio no solo respondió a la necesidad de mayor protección, sino también a la búsqueda de datos que permitan planificar políticas públicas y mejorar la gestión privada de flotas.
En ese sentid, en el documento al que accedió Diario NCO, elaborado por la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL), se presentaron proyecciones hacia 2030 que permitieron dimensionar el alcance de las innovaciones de la videovigilancia en el país.
Detalles del estudio e implicancias de la tecnología
Según el texto, “80 por ciento del transporte público urbano” estaría equipado con cámaras móviles, GPS y transmisión en tiempo real. En ese aspecto, también se señaló que “60 por ciento de las flotas” incorporaría sistemas ADAS (Asistencia Avanzada a la Conducción) y DMS (Monitoreo del Conductor).
En el caso de los automóviles particulares en zonas urbanas, el informe indicó que “25 por ciento utilizará dashcams u otros sistemas de grabación y “20 por ciento contará con tecnologías ADAS básicas, ya sea de fábrica o mediante retrofit”.
Asimismo, el reporte subrayó que “estos datos no solo evidencian un cambio tecnológico, sino una evolución cultural: la seguridad ya no es estática ni reactiva. Es móvil, proactiva y predictiva”.
Ampliación de la investigación
En relación con los vehículos conectados, se expuso y destacó que “este segmento crecerá a nivel global a un ritmo del 17,35 por ciento anual, alcanzando los USD 165 mil millones en 2029”.
Para Argentina, el estudio proyectó que “entre 15 y 20 por ciento del parque automotor será conectado hacia 2030”, lo que permitirá habilitar funciones como V2V (vehículo a vehículo) y V2X (vehículo con infraestructura, peatones y redes de control).
Sobre este punto, la cámara advirtió que “este escenario abre una oportunidad clave para la industria nacional de seguridad electrónica: desarrollar soluciones integradas que no solo graben y transmitan, sino que también interactúen con los sistemas de tránsito, redes de emergencia y centros de monitoreo urbano”.
Por otra parte, el relevamiento ttambién planteó la necesidad de “normativas claras y actualizadas que regulen el uso ético de la videovigilancia móvil, respetando la privacidad sin perder eficacia”.
Además, reclamó “incentivos fiscales o financiamiento accesible para la incorporación de estas tecnologías, especialmente en PyMEs y flotas de transporte urbano o interurbano” y enfatizó la importancia de la “capacitación técnica para instaladores y operadores y la “interoperabilidad entre dispositivos, plataformas y centros de monitoreo, tanto públicos como privados”.
Análisis del caso
En cuanto al impacto directo, el informe sostuvo: “Hablar de videovigilancia móvil ya no es hacer futurismo; es describir las exigencias de la movilidad actual y es invertir en cámaras, sensores inteligentes y conectividad como medida preventiva contra robos o siniestros lo que representa una decisión estratégica que mejora la operación, brinda datos valiosos y salva vidas”.
En ese contexto, el texto enumeró beneficios concretos: “en un transporte público más seguro, aumenta la confianza de los pasajeros y se disuaden hechos delictivos. En una flota logística, se reducen accidentes y costos asociados. En un automóvil particular, el conductor gana asistencia y tranquilidad”.
Por último, CASEL enfatizó que “integrarlas eficazmente implica no solo adquirir el hardware, sino capacitar a los conductores en su uso, adaptar los protocolos de las empresas y organismos para reaccionar ante la información provista por estos sistemas, y mantener la infraestructura tecnológica en condiciones óptimas”.
En paralelo, advirtió que “integrarlas de forma ética conlleva asegurar la privacidad de las personas, protegiendo las imágenes recogidas y definiendo claramente quién puede acceder a ellas, para evitar usos indebidos o discriminatorios de la información, y balancear la vigilancia con los derechos individuales”.
Fuente fotografías: CASEL.
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