
Daniel Pacín, miembro de la Confederación Argentina de Clubes del Foro Social del Deporte y secretario general del Club Franja de Oro, advirtió sobre la difícil situación que atraviesan las instituciones de todo el país por la caída de los ingresos y el aumento de las tarifas. “Si trasladamos los costos a la cuota, estaríamos perdiendo la esencia de nuestras propias instituciones”, sostuvo.
Los clubes de barrio atraviesan una situación económica cada vez más compleja, marcada por la caída de la recaudación, la disminución de las cuotas sociales y el fuerte incremento de los servicios públicos. Así lo explicó Daniel Pacín durante una entrevista en No Te Duermas, programa de Pulenta Stream, donde analizó el impacto de la crisis sobre las instituciones deportivas y sociales.
“Los clubes no somos ajenos a la coyuntura. Por lo tanto, tenemos menos ingresos en la cuota social”, señaló Pacín, quien citó datos del Observatorio Social y Económico de Clubes de Barrio para dimensionar el problema: “Hay una merma del 35% en la cuota social”.
A la reducción de los ingresos por cuotas se suma la caída del consumo dentro de las propias instituciones. Según explicó el dirigente, los clubes históricamente complementaron sus recursos mediante actividades y servicios que hoy también se encuentran afectados por la situación económica.
“La gente casi no consume en los clubes, que es otro ingreso característico y fundamental para afrontar los gastos corrientes de nuestras instituciones”, sostuvo.
Uno de los principales problemas que enfrentan las instituciones son los costos de los servicios públicos. Pacín aseguró que las facturas de luz y gas se volvieron “prácticamente impagables” para muchos clubes.
El dirigente explicó que aumentar las cuotas para compensar esos incrementos no aparece como una alternativa viable, debido a que implicaría dejar afuera a familias que ya tienen dificultades para sostener su participación.
“Si nosotros tuviéramos que trasladar eso a la cuota, estaríamos perdiendo la esencia de nuestras propias instituciones, porque dejaríamos gente afuera. La lógica de los clubes de barrio siempre fue tener a todo el mundo adentro”, afirmó.
Pacín puso como ejemplo la situación del Club Franja de Oro, ubicado en Pompeya, uno de los barrios con mayores dificultades socioeconómicas de la Ciudad de Buenos Aires. “La cuota social del grupo familiar vale 15.000 pesos”, explicó. A su vez, señaló que los valores de las cuotas en los clubes de barrio pueden variar de acuerdo con la zona y las posibilidades económicas de cada comunidad, con montos que van aproximadamente desde los 5.000 hasta los 25.000 pesos.
“Cada institución adapta la cuota a su comunidad y a las posibilidades económicas que tiene”, remarcó. La dimensión de los gastos queda expuesta en las propias cuentas del Franja de Oro. “De luz estábamos pagando 3 millones de pesos y de agua más de 1 millón y medio de pesos”, detalló Pacín.
El impacto de esos costos también alcanzó a las actividades deportivas. Según explicó, el club no pudo poner en funcionamiento su pileta climatizada debido al costo que implicaría mantener la temperatura del agua.
“No pudimos poner en funcionamiento la pileta climatizada porque el costo de calentar el agua también implicaría un monto imposible de pagar para la zona donde estamos”, señaló.
El reclamo por la Ley 27.098
Durante la entrevista, Pacín también cuestionó la falta de aplicación efectiva de la Ley 27.098, que establece un régimen de promoción para los clubes de barrio y contempla beneficios vinculados a las tarifas de los servicios.
“La ley está vigente. Falta terminar de reglamentar una parte desde hace más de diez años”, explicó. El dirigente recordó que existía un mecanismo de tarifa especial subsidiada para estas instituciones, pero cuestionó que el sistema haya quedado reducido luego de una revisión del registro de clubes.
“Con la excusa de que habían encontrado dos o tres clubes en diciembre del año pasado que no cumplían las condiciones, se volteó todo el registro donde había 20.000 clubes”, afirmó.
Según Pacín, el beneficio actualmente alcanza a poco más de 250 instituciones, una proporción mínima respecto del universo de clubes existentes en el país. “Hoy el beneficio está llegando solamente a 250 y pico de clubes, es decir, al 1% de los clubes del país”, sostuvo.
A esto se suma, según explicó, la dificultad que tienen muchas instituciones para afrontar los costos administrativos necesarios para mantener su documentación actualizada. “El problema no es que no queramos tener los papeles en regla; el problema es que no se le puede pagar al contador, sellar en el Consejo de Contadores, pagar al abogado o pagar la luz”, planteó.
“El club iguala, independientemente del estrato social”
Más allá de la problemática económica, Pacín destacó el papel que cumplen los clubes como espacios de integración social. En ese sentido, sostuvo que las instituciones barriales constituyen una de las principales estructuras del deporte social argentino.
“Los 20.000 clubes que hay en todo el país, incluso los clubes de fútbol, son la estructura fundamental del deporte social en nuestro país”, afirmó. El dirigente estimó que alrededor de 10 millones de personas realizan algún tipo de actividad en los clubes y remarcó que su función excede ampliamente la práctica deportiva.
“En los clubes de barrio no solamente hay deporte: también hay mucha actividad cultural y social”, explicó. Para Pacín, estos espacios cumplen además una función fundamental en la construcción de vínculos comunitarios.
“El club es un lugar donde se genera mucho sentido de pertenencia. Es como el último reducto donde la familia se encuentra y entabla relaciones con otras familias, los chicos con otros chicos”, señaló. Y sintetizó esa función social con una definición: “El club iguala, independientemente del estrato social del que vengas: ahí son todos iguales”.
Frente a este escenario, el dirigente advirtió que la reducción de recursos puede terminar afectando directamente la cantidad de actividades disponibles para la comunidad. “Cada institución que tenga que bajar actividades puede terminar reduciendo incluso la cantidad de propuestas que ofrece para tener menos costos fijos”, alertó.
Para Pacín, el problema no se limita entonces a las cuentas de cada club, sino que compromete el acceso al deporte, la cultura y los espacios de encuentro comunitario. “No hay políticas públicas deportivas para el deporte social”, concluyó.
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