
El territorio ubicado en La Matanza se convirtió en un símbolo local de la problemática ambiental que atraviesan los humedales en Argentina, en un contexto de incendios, presión inmobiliaria y ausencia de una normativa específica que garantizara su protección integral.
Por Florencia Belén Mogno
La discusión ambiental en Argentina volvió a poner el foco en la fragilidad de los humedales, ecosistemas estratégicos para la regulación del agua y la mitigación del cambio climático. En distintas regiones del país, el avance de incendios y transformaciones territoriales dejó en evidencia la falta de herramientas normativas específicas que aseguraran su preservación frente a actividades extractivas y procesos de urbanización.
En ese escenario, el impacto no solo se manifestó en grandes extensiones del litoral o del delta, sino también en áreas vinculadas a cuencas urbanas densamente pobladas. El partido de La Matanza formó parte de esa problemática estructural debido a su integración dentro del sistema hídrico de la cuenca Matanza-Riachuelo, una de las más sensibles del país en términos ambientales.
En ese sentido y según el material al que accedió Diario NCO, la comunidad originaria Tres Ombúes de La Matanza, presentó un análisis sobre la situación de los humedales a nivel nacional y reflexionaron sobre la importancia que representa el territorio matancero respecto de este tema.
En cuanto al contexto general,los humedales representaron aproximadamente el 21,5 por ciento de la superficie argentina y cumplieron funciones centrales como la absorción de excedentes hídricos, la prevención de inundaciones, el almacenamiento de carbono y la preservación de biodiversidad.
Sin embargo, a nivel global se estimó que entre 1970 y 2015 desapareció cerca del 35 por ciento de estos ecosistemas, a un ritmo superior al de los bosques, como consecuencia del cambio en el uso del suelo, la expansión agrícola y el desarrollo inmobiliario.
Tres Ombúes como expresión local del conflicto ambiental
Dentro de ese marco general, el Territorio Tres Ombúes se consolidó como un caso emblemático en el ámbito local. El espacio, considerado humedal y sitio de memoria, forma parte de la cuenca Matanza-Matanza-Riachuelo integrada a su vez en la Cuenca del Plata, la principal cuenca hídrica del país. Su localización estratégica lo convirtió en un punto clave dentro del equilibrio ambiental del distrito.
Tres Ombúes albergó una diversidad biológica significativa, con presencia de flora y fauna características de ambientes ribereños y de suelos saturados de agua. Estos ecosistemas, definidos por la presencia permanente o estacional de agua, funcionaron como reguladores naturales ante lluvias intensas y crecidas, además de constituir reservorios de carbono fundamentales frente al avance del cambio climático.
Al mismo tiempo, el territorio presentó una dimensión cultural relevante. Las primeras poblaciones originarias se asentaron históricamente en zonas ricas en agua y biodiversidad, lo que evidenció la relación directa entre humedales y desarrollo humano. Según el informe consultado por este medio, esa doble condición (ambiental y cultural), reforzó la importancia de preservar el área frente a intervenciones que pudieran alterar su equilibrio.
El vacío legislativo y las tensiones en torno al uso del suelo
En el plano normativo, la protección ambiental general se encontró contemplada en la Ley General del Ambiente 25.675, que estableció presupuestos mínimos para la gestión sustentable del ambiente. Asimismo, Argentina incorporó la Convención sobre los Humedales en 1992, comprometiéndose a promover la conservación y el uso racional de estos ecosistemas.
No obstante, la ausencia de una ley nacional específica de humedales generó un vacío en materia de planificación territorial y asignación de recursos. Sin una normativa que definiera inventarios obligatorios, criterios de ordenamiento y presupuestos mínimos destinados a las provincias, la conservación quedó sujeta a regulaciones parciales y a decisiones locales. Esa falta de marco integral dificultó la implementación de políticas sostenidas de restauración y control.
En ese contexto, distintos sectores ambientales sostuvieron que territorios como Tres Ombúes quedaron expuestos a presiones derivadas del crecimiento urbano y de intereses económicos vinculados al cambio de uso del suelo. La degradación de humedales no solo implicó pérdida de biodiversidad, sino también un aumento del riesgo hídrico en zonas densamente pobladas, donde la impermeabilización del terreno redujo la capacidad natural de absorción.
Un reclamo presente
El debate sobre una ley de humedales se instaló así como un eje estructural dentro de la agenda ambiental. En medio de incendios en distintas provincias y de escenarios de sequía prolongada, los humedales fueron señalados como infraestructuras naturales imprescindibles para sostener el equilibrio ecológico y social. En ese marco, el Territorio Tres Ombúes se posicionó como referencia local de una problemática más amplia que atravesó al país.
La situación expuso la tensión entre modelos de desarrollo urbano-productivo y la necesidad de preservar ecosistemas estratégicos. En distritos integrados a cuencas hídricas sensibles, como La Matanza, la discusión sobre el ordenamiento ambiental adquirió una dimensión concreta, vinculada no solo a la protección de la biodiversidad sino también a la calidad de vida de la población.
De esta manera, Tres Ombúes quedó inscripto dentro de un debate nacional que continuó abierto: la definición de un marco legal específico que garantizara la conservación de los humedales como política de Estado y no como respuesta aislada ante emergencias ambientales.
Fuente fotografías: redes sociales.
Te Puede Interesar:
https://www.instagram.com/diarioncomatanza
https://facebook.com/diarionco



