Edición N° 9160
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“La inflación no está cerca de cero, sino que subió”

“La inflación no está cerca de cero, sino que subió”.
“La inflación no está cerca de cero, sino que subió”.

El economista Darío Banga analizó el índice de precios de septiembre, el impacto de los aumentos en los servicios y las dificultades de las familias para cubrir sus gastos. Además, cuestionó el discurso sobre el empleo informal, defendió los derechos laborales asociados al trabajo registrado y se refirió a las metas económicas que el Gobierno debe negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com

El dato de inflación de septiembre volvió a poner en discusión el rumbo de la economía argentina y el impacto de los precios sobre los ingresos de la población. Para el economista, la desaceleración que busca mostrar el Gobierno debe analizarse teniendo en cuenta la evolución de los distintos rubros y, especialmente, el peso de los servicios en el presupuesto familiar. En ese sentido, advirtió que el índice de precios al consumidor (IPC) registró un incremento respecto del mes anterior y que todavía existen dificultades para reducir la inflación anual por debajo del 30%.

“La inflación no sólo no está cerca de cero, sino que subió 0,2 por ciento más que el mes anterior. En agosto había sido 1,7 y en septiembre 1,9”, señaló Banga. Según los datos que repasó, la inflación acumulada durante los primeros nueve meses del año alcanzó el 23,6 por ciento, mientras que la variación interanual llegó al 33,4.

Para el economista, uno de los aspectos centrales del análisis es la diferencia entre los precios de los bienes y los de los servicios. De acuerdo con las cifras que mencionó, durante septiembre los bienes aumentaron un 1,7 por ciento, mientras que los servicios registraron una suba promedio cercana al 2,4. En la comparación interanual, estos últimos acumularon un incremento del 41,9, por encima del nivel general.

También, Dario cuestionó la metodología utilizada para medir el impacto de los servicios en el IPC. Explicó que la ponderación de estos componentes mantiene una estructura basada en los patrones de consumo de 2004, cuando existía un esquema de subsidios diferente al actual. A su entender, la continuidad de esa fórmula hace que los aumentos de las tarifas tengan un impacto menor en el índice general que el que deberían reflejar bajo las condiciones actuales.

Dario Banga aclaró que esta metodología no fue creada por la administración de Javier Milei, sino que viene de años anteriores, aunque consideró que su permanencia condiciona la lectura de la inflación.

Entre los rubros que más aumentaron en septiembre, el economista destacó vivienda, agua, electricidad y otros combustibles, con una suba del 3,1 por ciento. También mencionó educación, que avanzó un 3 por ciento; comunicación el 2,5; y salud un 2,4. En contraste, prendas de vestir y calzado registraron un incremento del 1,4 por ciento.

El costo de vida y el endeudamiento de las familias

La evolución de los precios se vincula, según Banga, con las dificultades que atraviesan los hogares para sostener su capacidad de compra. El economista advirtió que los ingresos no alcanzan para acompañar el encarecimiento de los gastos cotidianos y relacionó esa situación con el endeudamiento que afecta a numerosas familias argentinas.

En ese contexto, se refirió a los valores de las canastas básicas alimentaria y total, utilizadas como referencia para medir los umbrales de indigencia y pobreza. Para una familia tipo de cuatro integrantes —dos adultos y dos menores—, indicó que se necesitaron $738.690 para no quedar por debajo de la línea de indigencia y $1.632.505 para superar la línea de pobreza. En el caso de un hogar de cinco personas, estimó que el monto requerido para no ser pobre ascendía a alrededor de $1.700.000.

“Cuando hay un puesto de trabajo en blanco, tenemos filas”

Otro de los ejes de su análisis estuvo relacionado con el empleo registrado y las declaraciones del secretario de Trabajo, quien, según recordó el economista, sostuvo que una parte de la sociedad no quiere trabajar en blanco. Dario Banga rechazó esa interpretación y consideró que no se corresponde con lo que sucede cuando se abre una oportunidad laboral formal.

“Cuando hay un puesto de trabajo en blanco, tenemos filas de cantidad enorme de personas pidiendo trabajo”, aseguró. En su mirada, existe una disputa cultural alrededor del empleo, en la que se intenta presentar el trabajo independiente o informal como una opción preferida por sobre la relación de dependencia.

El economista cuestionó estos dichos y sostuvo que no contempla las consecuencias que implica perder un puesto registrado. Entre los derechos que quedan comprometidos cuando una persona trabaja informalmente, mencionó la obra social, la cobertura ante accidentes laborales, el aguinaldo, las vacaciones y la indemnización.

Para reforzar su argumento, propuso que los empleadores consulten a quienes buscan trabajo si prefieren hacerlo en blanco o en negro. “Yo estoy seguro de que el 100% va a querer trabajar en blanco”, afirmó.

También diferenció el acceso formal a una obra social de las dificultades que, a su juicio, pueden enfrentar los monotributistas para conseguir atención efectiva. Aunque reconoció que pueden elegir una cobertura, cuestionó que eso garantice que sean recibidos en los centros de salud. Como ejemplo, mencionó la presión sobre el sistema sanitario y las dificultades de acceso a la atención, incluso en instituciones públicas como el Hospital Posadas.

Las metas con el FMI y las perspectivas de crecimiento

Por último, el economista se refirió a las negociaciones del ministro de Economía, Luis Caputo, con el Fondo Monetario Internacional. Según explicó, el Gobierno busca convencer al organismo de que podrá cumplir con los objetivos establecidos, aunque señaló que las metas fiscales planteadas no se habían alcanzado hasta el momento de su análisis.

Asimismo, Dario Banga indicó que el FMI había solicitado un superávit primario de $6,8 billones, mientras que el acumulado mencionado se ubicaba en $6,2 billones, con una diferencia de aproximadamente $574.000 millones respecto del objetivo. En ese escenario, sostuvo que la administración nacional deberá argumentar que mantiene el rumbo previsto para sostener el respaldo del organismo.

A su vez, señaló que las expectativas de crecimiento económico para la Argentina se habían reducido. Según describió, las proyecciones que anteriormente ubicaban la expansión por encima del 2 por ciento ahora se acercaban, en promedio, al 1,5, mientras que algunas estimaciones privadas más bajas rondaban el 1,2.

Para el columnista, el desafío del Gobierno será sostener la estabilidad económica y, al mismo tiempo, cumplir con las condiciones exigidas por los organismos internacionales.

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