Edición N° 9151
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El endeudamiento de familias y empresas alcanza niveles críticos y expone la fragilidad económica del Conurbano

La deuda se convirtió en uno de los principales indicadores.
La deuda se convirtió en uno de los principales indicadores.

Un estudio del Observatorio Conurbano Bonaerense, el Instituto IDEAL de La Matanza y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) reveló un fuerte crecimiento de la morosidad en hogares y empresas.

La deuda se convirtió en uno de los principales indicadores para comprender la situación económica de miles de hogares. Cuando los ingresos pierden capacidad de cubrir las necesidades básicas, el crédito deja de funcionar como una herramienta para planificar compras o inversiones y comienza a transformarse en un mecanismo para sostener el consumo diario.

En ese contexto, el aumento de la morosidad aparece como una señal de las dificultades que atraviesan familias y empresas para cumplir con sus compromisos financieros. Detrás de los porcentajes se encuentran trabajadores, pequeños comerciantes y emprendimientos que enfrentan mayores obstáculos para sostener sus ingresos frente al incremento de los costos.

El fenómeno adquirió una dimensión especialmente relevante en el último período, con un crecimiento sostenido de los incumplimientos tanto en el sistema bancario tradicional como en las plataformas digitales de crédito. La situación refleja un escenario donde el endeudamiento dejó de ser excepcional y pasó a formar parte de la economía cotidiana de numerosos sectores.

Según un estudio elaborado por el Observatorio Conurbano Bonaerense, el Instituto IDEAL de La Matanza y el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la morosidad del sector privado con el sistema financiero alcanzó en mayo de 2026 su nivel más elevado de los últimos años. El informe analizó la evolución de las deudas de familias y empresas y señaló un deterioro creciente en la capacidad de pago.

Las familias concentran el mayor aumento de la mora

El relevamiento indicó que la irregularidad del crédito privado llegó al 7,6% en mayo de 2026, luego de 19 meses consecutivos de aumentos. Dentro de ese registro, las familias fueron el sector más afectado: la morosidad pasó del 2,5 al 12,3 por ciento respectivamente, mientras que en las empresas aumentó del 0,7 al 3 por ciento.

En el caso de los hogares, la mayor parte de los incumplimientos se concentró en préstamos personales y tarjetas de crédito, que representaron el 73 por ciento del saldo irregular total. La mora alcanzó al 12,5 por ciento en tarjetas y llegó al 14,9 por ciento en préstamos personales.

El escenario fue todavía más complejo en las billeteras virtuales. Allí, la morosidad familiar pasó del 7,3 por ciento registrado en noviembre de 2024 al 29,6 por ciento en mayo de 2026, superando incluso el nivel alcanzado durante la pandemia, cuando había llegado al 27,1 por ciento.

Los datos muestran que una parte importante de los hogares comenzó a utilizar distintas formas de financiamiento para cubrir gastos habituales. En lugar de representar una herramienta para acceder a bienes de mayor valor, el crédito pasó a ocupar un lugar central en la organización económica de familias que enfrentan ingresos insuficientes.

Más de cinco millones de personas presentan deudas en situación irregular
El estudio detalló que, sobre un universo de 20,9 millones de deudores registrados entre bancos y billeteras virtuales, 5,8 millones se encuentran en situación de mora. De ese total, 3,4 millones corresponden a deudores con plataformas digitales, 1,3 millones mantienen compromisos impagos con bancos y 1,1 millones tienen obligaciones pendientes con ambos sistemas.

Además, el informe analizó las situaciones de mayor riesgo financiero. De los $3,45 billones de préstamos considerados irrecuperables, aproximadamente dos tercios corresponden a billeteras virtuales y el tercio restante al sistema bancario.

En cuanto a las deudas con seguimiento especial o riesgo bajo, el monto asciende a $4,14 billones, con una fuerte participación de las entidades bancarias, que concentran cerca del 80% de ese volumen.

El deterioro también presenta diferencias según las edades. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, casi cuatro de cada diez personas registran algún nivel de mora. En el grupo de hasta 24 años, la tasa alcanza el 40,9 por ciento de los créditos otorgados por bancos y billeteras virtuales, con una alta participación de plataformas digitales.

El endeudamiento también alcanza al entramado productivo

Las empresas tampoco quedaron al margen del deterioro financiero. El informe señaló que la mora empresarial aumentó de manera sostenida entre octubre de 2024 y mayo de 2026, afectando especialmente a sectores vinculados con la construcción, el alojamiento y los servicios gastronómicos, además de actividades administrativas.

La construcción presentó un nivel de incumplimiento del 6,6%, mientras que alojamiento y servicios de comida alcanzaron el 6,2 por ciento y las actividades administrativas llegaron al 5,2 por ciento. Estos datos reflejan el impacto de la menor actividad económica sobre sectores que dependen fuertemente del consumo interno.

El estudio también vinculó el crecimiento del endeudamiento con la pérdida del poder adquisitivo. Según el análisis, desde el inicio de la actual gestión nacional el salario real registrado acumuló una caída del 8,7 por ciento, que se profundiza al considerar otros criterios de medición del costo de vida.

De esta manera, los investigadores plantean que el aumento de la mora no puede explicarse únicamente por decisiones individuales de consumo, sino también por un contexto donde los ingresos dejaron de acompañar las obligaciones financieras asumidas.

La expansión del endeudamiento muestra una de las tensiones centrales de la economía actual: mientras el crédito permitió a muchas familias sostener gastos frente a la caída de ingresos, al mismo tiempo incrementó una carga que luego resulta difícil de afrontar.

Cuando la deuda deja de ser una herramienta de planificación y comienza a funcionar como una extensión del salario, la morosidad se transforma en una señal profunda sobre la capacidad real de los hogares y las empresas para sostenerse en el tiempo.

Fuente fotografías: redes sociales.

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