
La propuesta impulsada por la Universidad Nacional de General Sarmiento junto a organizaciones y actores territoriales busca crear un área protegida en la zona del arroyo Pinazo, entre José C. Paz y Pilar.
Por Florencia Belén Mogno
La conservación de los espacios naturales adquirió una importancia central frente a las transformaciones que atravesaron distintos territorios del conurbano bonaerense. La expansión urbana, los cambios en el uso del suelo y el avance de distintos emprendimientos modificaron ecosistemas que, además de albergar especies de flora y fauna, cumplen funciones esenciales para el equilibrio ambiental de las comunidades.
En ese contexto, la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) impulsó una propuesta para la creación del Biocorredor Nativo e Histórico Arroyo Pinazo, un área natural protegida que contempló tanto la dimensión ecológica como el valor histórico y social de la zona. El proyecto se ubicó en las inmediaciones de la Posta Histórica, en el límite entre los municipios de José C. Paz y Pilar.
La iniciativa surgió a partir de un proceso de trabajo participativo que permitió relevar y sistematizar estudios sobre el estado socioambiental de la zona ribereña del arroyo Pinazo y avanzar en el diseño de una propuesta destinada a preservar el espacio. La experiencia también buscó fortalecer la participación de la comunidad en las decisiones vinculadas con la protección del territorio.
Un espacio atravesado por la transformación urbana
El proyecto contempló dos etapas para la conformación del biocorredor. La primera se concentró en la ribera correspondiente al municipio de José C. Paz, un sector que se encontraba en constante transformación debido al desarrollo de emprendimientos inmobiliarios. La segunda etapa planteó la extensión del área hacia el otro lado del arroyo, dentro del municipio de Pilar, donde el espacio era utilizado actualmente con fines recreativos.
La elección del sector respondió a sus características ambientales. La zona ribereña del arroyo Pinazo albergó distintas especies de flora y fauna y cumplió funciones vinculadas con el equilibrio de los ecosistemas locales. Por ese motivo, su preservación no se limitó a la protección de determinadas especies, sino que también involucró el mantenimiento de servicios ambientales fundamentales para la población.
Entre esas funciones se encontró la capacidad de amortiguar inundaciones, purificar el agua y el aire, disminuir los efectos de la contaminación sonora y contribuir a la regulación de la temperatura a nivel local. La conservación de la ribera, por lo tanto, se presentó como una herramienta para proteger la biodiversidad y, al mismo tiempo, sostener condiciones ambientales que incidieron directamente sobre la vida cotidiana de quienes habitaban la región.
La propuesta también puso el foco en la relación entre las transformaciones territoriales y la necesidad de generar mecanismos de protección. El avance de los emprendimientos inmobiliarios sobre determinadas áreas de la ribera planteó la necesidad de discutir alternativas que permitieran compatibilizar el crecimiento urbano con la preservación de espacios naturales de relevancia.
Naturaleza y memoria en un mismo territorio
El Arroyo Pinazo no solo presentó importancia desde el punto de vista ambiental. El sector también estuvo relacionado con la historia argentina debido a la presencia de una de las postas en las que José de San Martín y los Granaderos descansaron durante su recorrido hacia la batalla de San Lorenzo.
Ese componente histórico incorporó otra dimensión a la propuesta de área protegida. La iniciativa planteó la posibilidad de preservar un espacio donde el patrimonio natural y la memoria histórica pudieran ser abordados de manera conjunta, con el objetivo de fortalecer la identidad territorial y favorecer el conocimiento de la historia y del ambiente local.
Desde la perspectiva del proyecto, esa articulación permitió pensar el espacio como algo más que una reserva natural. El objetivo incluyó la recuperación del entorno del arroyo, la promoción de actividades de educación ambiental y la generación de un ámbito destinado a la recreación y al encuentro de la comunidad.
La propuesta también buscó que la población tuviera un papel activo en el proceso de construcción del área protegida. Para ello, durante varios meses se realizaron encuentros y talleres con integrantes de la comunidad y diferentes actores vinculados con el territorio. De ese proceso surgió el diseño participativo del biocorredor.
Participación comunitaria y gobernanza ambiental
La Universidad Nacional de General Sarmiento desarrolló el proyecto junto al Movimiento Ecológico y de Trabajo Ambiental (METRAM) y la Dirección de Monitoreo Hídrico de la Subsecretaría de Recursos Hídricos, dependiente del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires.
El trabajo se enmarcó en el proyecto “Fortalecimiento del Área protegida Biocorredor Nativo e Histórico Arroyo Pinazo: estado socio-ambiental y diseño participativo”, correspondiente a la convocatoria Fondo Estímulo de Acciones de Desarrollo Tecnológico y Social de la UNGS.
El equipo estuvo integrado por Luciana Galván, investigadora y docente de la UNGS y directora del proyecto; Laura Ramos, codirectora; y las investigadoras Luisina Molina y Valeria Sosa. A su vez, también participaron Sebastián Ibarra, tesista de la Licenciatura en Ecología de la UNGS; Estefanía Villalba, estudiante de la misma carrera y colaboradora de METRAM; y Liliana Ferreyra, socia y expresidenta de esa organización.
A su vez, el proyecto contó con la asistencia técnica de Damián Ojeda, becario doctoral de la Agencia I+D+i y socio de METRAM, y Martín Figueroa, graduado de la Tecnicatura en Sistemas de Información Geográfica de la UNGS y socio de la organización.
El carácter participativo constituyó uno de los principales aspectos de la iniciativa. De acuerdo con la UNGS, el proyecto representó una oportunidad para recuperar el espacio del arroyo Pinazo, fortalecer la identidad territorial, promover la educación ambiental y construir un lugar que pudiera articular conservación, recreación y participación ciudadana.
Las particularidades de la iniciativa
La propuesta fue definida por sus impulsores como una experiencia de “Gobernanza Ambiental”, debido a la intervención de distintos actores territoriales en el proceso de elaboración. El objetivo fue que la protección del área no quedara limitada a una iniciativa institucional, sino que pudiera sostenerse a partir de la participación de quienes formaban parte del territorio.
En ese sentido, la creación del Biocorredor Nativo e Histórico Arroyo Pinazo planteó una discusión que excedió la preservación de un espacio verde. La iniciativa puso en debate la manera en que el crecimiento urbano podía convivir con la protección de los ecosistemas, la prevención de problemáticas ambientales, la conservación del patrimonio histórico y el acceso de la comunidad a espacios naturales.
La iniciativa buscó así convertir al arroyo Pinazo en un punto de articulación entre ambiente, historia y participación social. La creación del área protegida permitiría preservar un sector de relevancia ecológica y patrimonial y, al mismo tiempo, generar nuevas posibilidades para la educación ambiental y la recreación de las comunidades de José C. Paz y Pilar.
El proyecto completo para la creación del área protegida fue elaborado como resultado de este proceso de investigación y participación territorial. Su desarrollo quedó vinculado a la posibilidad de avanzar en la consolidación de un espacio destinado a conservar la biodiversidad, proteger funciones ambientales esenciales y recuperar el valor histórico y social de la zona ribereña del Arroyo Pinazo.
Fuente fotografías: UNGS.



