
A casi nueve años de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, la investigación judicial continúa abierta y con nuevos elementos pendientes de análisis. Para Pulenta Stream, Sergio Maldonado, su hermano, cuestionó las demoras que atravesó la causa desde el comienzo y sostuvo que distintos pedidos realizados por la familia fueron rechazados durante años, mientras que ahora algunas de esas medidas finalmente comienzan a concretarse.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
Uno de los últimos pasos tuvo lugar el 11 de junio, cuando la familia se presentó ante el Poder Judicial para retirar las prendas y pertenencias de Santiago que permanecían bajo custodia desde la autopsia realizada en 2017. Esos elementos serán sometidos a peritajes en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), una medida que, para Sergio, podría haberse realizado mucho tiempo antes.
Según explicó, el pedido para analizar las prendas había sido presentado ocho años atrás, pero fue rechazado por el segundo juez que intervino en la investigación. “Te decía: ‘Bueno, no corresponde, rechazado, no hay lugar’”, recordó.
Para Maldonado, esa demora es parte de un proceso más amplio de dilación de la causa ya que cuando más se va estirando en el tiempo, más te alejás de la verdad. En ese sentido, cuestionó que durante años la familia haya tenido que insistir con medidas que consideraba necesarias para avanzar en el esclarecimiento de lo ocurrido.
El hermano de Santiago también buscó poner en discusión una de las ideas que quedó instalada públicamente alrededor de la investigación: que la causa había sido cerrada. “En realidad no cerraron la causa, son intentos de cierre. En ningún momento estuvo cerrada”, afirmó, al mismo tiempo que explicó que hubo una presentación para dar por terminada la investigación, pero que la familia apeló y, a partir de esa instancia, el expediente continuó.
Otro de los puntos sobre los que hizo hincapié fue el trabajo de los peritos que participaron de la autopsia. Sergio cuestionó la cifra de 55 especialistas que suele mencionarse al hablar de aquel procedimiento, pero en realidad afirmó que fueron 24 los que participaron.
Según su relato, solamente dos estuvieron directamente al lado del cuerpo durante la autopsia. También cuestionó la posibilidad de contar con especialistas independientes para avanzar en nuevas pericias. “Todos son parte de la fuerza de seguridad. No hay peritos privados que se quieran involucrar y los que se involucran, o si llegás a conseguir alguno, son muy costosos”, señaló.
En ese marco, la posibilidad de analizar actualmente las prendas y objetos que pertenecieron a Santiago adquiere una importancia particular para la familia porque uno de los obstáculos, en su momento, fue justamente conseguir peritos que pudieran intervenir sin estar vinculados con organismos que ya habían participado de la investigación.
La cronología del caso Santiago Maldonado
El caso comenzó el 1° de agosto, luego de una protesta de la comunidad mapuche en la ruta 40. Tras su desaparición, la familia realizó la denuncia ante la Justicia y, dos días después, se presentó un hábeas corpus por la posible desaparición o detención ilegal del joven. Durante ese mes, distintos organismos reclamaron la intervención de Naciones Unidas y la investigación pasó a contemplar la hipótesis de una desaparición forzada. El Gobierno ofreció una recompensa de 500 mil pesos para obtener información sobre su paradero.
Con el correr de las semanas, la investigación sumó allanamientos, rastrillajes y diferentes medidas judiciales. El juez allanó escuadrones de Gendarmería que habían participado del operativo, mientras organismos de derechos humanos y organizaciones políticas y sociales realizaron movilizaciones para reclamar. La CIDH otorgó una medida cautelar y la Fiscalía Federal de Esquel pidió que la causa fuera recaratulada como desaparición forzada. En septiembre también se realizaron búsquedas en las márgenes del río Chubut y en terrenos de la comunidad mapuche, mientras la familia recusó al juez Otranto. Finalmente, la Cámara Federal aceptó la recusación y designó al juez Gustavo Lleral para intervenir en la causa.
El 1° de octubre se realizó una nueva marcha en Plaza de Mayo y días después, la Oficina para América del Sur del Alto Comisionado de las Naciones Unidas reclamó al Gobierno que diera con el paradero de Maldonado. El 17 de octubre, durante un nuevo rastrillaje en el río Chubut, fue hallado el cuerpo del joven.
Para Sergio Maldonado, hubo una participación de Gendarmería que excedió el simple acompañamiento a una comunidad mapuche y consideró que lo ocurrido pudo funcionar como “un aleccionamiento”.
En esa línea, vinculó el caso con las disputas por el territorio y los recursos naturales. Según su mirada, la desaparición de Santiago se produjo en un escenario que posteriormente estuvo atravesado por desalojos de comunidades y otros conflictos territoriales.
Además, Sergio Maldonado recordó que su hermano ya había participado anteriormente en distintos espacios de solidaridad, su vínculo con comunidades guaraníes en el norte y con pescadores en Chile, y sostuvo que ese compromiso formaba parte de su manera de entender la realidad mucho antes de la protesta en la que desapareció.
“Ya estaba en su manera de ser solidario”, afirmó. Por eso, rechazó la idea de presentar a su hermano como alguien que llegó de manera circunstancial a aquel conflicto y consideró que existía una trayectoria previa que debía ser tenida en cuenta.
Otro de los aspectos que incorporó a su relato fue el espionaje que, según sostuvo, atravesó a su familia. Afirmó que su teléfono fue intervenido y que existieron seguimientos que no se limitaron al período posterior a la desaparición de Santiago.
En ese sentido, mencionó que el teléfono de su madre figuraba agendado en registros vinculados con personas cercanas al poder político. “Tenían agendado el teléfono de mi vieja 14 meses antes de la desaparición de Santiago”, aseguró. Para Maldonado, el dato resulta significativo porque, según remarcó, su familia no tenía ningún vínculo con esas personas.
Una familia atravesada por la desaparición
Para el entrevistado, la desaparición no significó solamente la pérdida de un hermano, sino también la transformación de toda la estructura familiar. “Santiago tenía sueños, tenía proyectos y tenía 28 años”, recordó, poniendo el foco en la vida que quedó interrumpida más allá de las circunstancias de su muerte.
Entre esas consecuencias estuvo la desaparición de proyectos que había construido, como la fábrica que tenía y que, con el paso del tiempo, dejó de existir. Para su hermano, la ausencia fue acompañada por un proceso de desgaste que atravesó distintos aspectos de la vida cotidiana.
Sumado a eso, el aislamiento que sufrió la familia después de convertirse en uno de los principales rostros públicos de la búsqueda y el reclamo de justicia. “Te ponen con una cruz, te estigmatizan y ya después nadie se quiere juntar con vos”, afirmó. En ese proceso, aseguró, fueron perdiendo amistades y quedando cada vez más aislados, mientras continuaban reclamando respuestas por lo ocurrido con Santiago.



