
El absurdo genera una pasmosa perplejidad y ejerce un efecto paralizante sobre los que los que deben sufrirlo. Eso, unido a lo paradójicamente difícil que resulta explicar lo obvio, favorece notablemente al actual gobierno que nos está retrogradando aceleradamente hacia nuestro pasado social y económico más oscuro, sin que se levante un clamor generalizado de protesta y sin que nadie atine a gritar, con todas las letras y ante el resto de la sociedad, que el Rey está desnudo. Es más, hay gente a la que todavía no le alcanza un año de este feroz retroceso para convencerse del monumental error que ha cometido al creer ingenuamente en una sarta de mentiras, a pesar de que ninguna de ellas ha pasado de ser una fallida promesa electoral, excepto las que destinadas a favorecer a los sectores más poderosos. La única explicación posible es que, precisamente la magnitud del error impide asumir la culpa por haberlo cometido, al resultar demasiado grande para reconocerlo.
Por Francisco Jorge Martínez Pería. Abogado.
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