Número de edición : 9069

Cultura

La música como espacio de encuentro y construcción colectiva en los barrios

Música. Espacio de encuentro y construcción colectiva.
Música. Espacio de encuentro y construcción colectiva.

La participación en proyectos orquestales juveniles no solo impulsa el desarrollo artístico, sino que también fortalece los lazos sociales y genera nuevas oportunidades de inclusión para jóvenes.

Por Florencia Belén Mogno

En distintos puntos del conurbano bonaerense, los espacios de formación musical comunitaria se consolidaron,a lo largo del tiempo, como herramientas fundamentales para la contención social y el desarrollo cultural. A través de la enseñanza colectiva, estos proyectos no solo promovieron el aprendizaje de instrumentos, sino también la construcción de vínculos y el fortalecimiento de la identidad barrial.

En ese sentido, las orquestas juveniles representaron mucho más que un ámbito de formación artística. Funcionaron como espacios de encuentro donde niños, niñas y adolescentes pudieron compartir experiencias, generar amistades y encontrar un lugar de pertenencia. La música, en este contexto, se transformó en un lenguaje común capaz de unir trayectorias diversas.

Asimismo, el acceso gratuito a este tipo de propuestas permitió que muchos jóvenes pudieran acercarse a la música sin que las limitaciones económicas fueran un obstáculo. De esta manera, la posibilidad de explorar distintos instrumentos y participar en presentaciones o encuentros amplió horizontes y despertó vocaciones que, en otros contextos, quizás no hubieran tenido lugar.

En este marco, Emilce Fernández, integrante de la Orquesta Juvenil “El Tambo” de Isidro Casanova, en La Matanza, compartió en diálogo con Diario NCO su recorrido dentro del proyecto y cómo la música se convirtió en un eje central de su vida.

La música como motor

Para comenzar con tu vínculo con la música, ¿de qué manera se dio y qué influencias tuviste?

E.F.: Mi hermano, el mayor, tocaba la guitarra, pero por hobbie, y su papá le pagó clases, pero creo que fue dos o tres clases y nunca más. Y cuando salió el proyecto acá en la orquesta en el 2006, mi mamá se enteró y, como sabía que mi hermano tocaba, lo quiso anotar a él, pero ya era grande y no entraba. Entonces nos anotó a mí y a mi hermana en el 2006, y como él tocaba la guitarra, yo me anoté en guitarra porque quería tocar como él, pero después él ya no tocó más y yo seguí. Cuando entré a la orquesta quería entrar en guitarra, pero había muchos instrumentos porque no solo estaba guitarra. Había guitarra, charango y percusión, y después se sumó vientos, violín, las flautas, contrabajo y ahí ya había mucha variedad. Entonces yo no quería tener un solo instrumento, quería experimentar con todos. Estuve dos años en guitarra y después me pasé un año a percusión, y ahí aprendí de todo.

En esa línea, nos contaste tu vínculo con la guitarra y la influencia de tu hermano, ¿cómo descubriste que te gustaba este instrumento en particular más allá de lo que habías visto en tu familia y considerando que también incursionaste en otros instrumentos?

E.F.: Me decidí más que nada porque la gran mayoría piensa que la guitarra, cuando tocás en un conservatorio o algo, que hay millones de guitarristas por todos lados, pero yo pienso que nunca vas a encontrar a un guitarrista que toque realmente bien o que sepa todo, porque parece fácil, pero la guitarra tiene sus cosas, tiene sus acordes difíciles y tiene muchos contrastes, entonces vos tenés la misma nota repetida muchas veces y no podés hacer millones y variaciones. Es un instrumento que tiene más variedad de sonido y no solo podés usar la púa, también podés usar los dedos y podés tocar hasta con los cinco dedos.

Por otra parte, antes de entrar a la orquesta, ¿tuviste formación en algún instituto o escuela especializada?

E.F.: No, mi mamá nunca se dio cuenta tampoco que a mi hermana y a mí también nos gustaba la música como a mi hermano, ni nosotras nos habíamos dado cuenta de chicas, pero en esa época vivíamos todos juntos en mi casa y no estaba mi papá y era una situación crítica. Entonces mi mamá no podía pagar ya sea un profesor particular de música o danza. Cuando empezó la orquesta, mi mamá, dijo: ‘vamos a ver si les gusta’. Nos gustó a full y como acá no teníamos que pagar, mi mamá nos impulsó y a nosotras nos encantó

Y en ese aspecto, ¿qué situación o recuerdo de tu ingreso a la orquesta lo asocias con tu motivación para seguir adelante con la música?

E.F.: Cuando entré en la orquesta, en 2008 si no me equivoco, fue el primer viaje que fuimos a San Juan y fue un encuentro de orquestas. Nosotros viajamos con unos chicos de Santa Cruz y ellos tenían ya muchos más años de experiencia, ya eran más grandes, y me encantaba cómo ellos se perfeccionaban con su instrumento y cómo se conectaban. Entonces ahí fue que me llamó muchísimo la atención y dije: uy, a mí me encantaría sentir lo que sienten ellos. Entonces ahí me metí a fondo, investigué por todos lados, miré tutoriales y cuando tuve la edad, me anoté en un conservatorio de música.

Por último, ¿cómo imaginás un futuro en la música?

E.F.: Trato de que sea mi futuro. Si no doy clases o no estoy metida en algo musical, no me veo haciendo otra cosa, no me veo estudiando en la facultad o en la universidad o haciendo algunas carreras cortas de cursos. Siento que si no es con la música, no voy a tener conexión con otras cosas.

Fuente fotografías: redes sociales.

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