Edición N° 9154
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Sembrando conciencia: el valor de los espacios verdes y comunitarios en la región

Espacios verdes y comunitarios en la región.
Espacios verdes y comunitarios en la región.

El desarrollo de proyectos autogestivos y ecológicos transformó la dinámica de los barrios, consolidando redes de contención frente al avance del cemento.

Por Florencia Belén Mogno

El habitar el territorio bonaerense implica reconocer la convivencia entre el crecimiento de las infraestructuras urbanas y la necesidad de preservar entornos habitables. Frente al avance de la edificación masiva y la reducción de espacios verdes, las comunidades buscaron construir alternativas que pusieran en valor la relación con el suelo y la naturaleza. Esta búsqueda colectiva se convirtió en un pilar para el bienestar físico y el arraigo vecinal.

La articulación en los barrios se sostuvo gracias a la conformación de redes solidarias que intentaron contrarrestar los efectos del aislamiento y la aceleración de la rutina diaria. En diversos puntos de la provincia, las familias encontraron en las actividades al aire libre una herramienta para recomponer los lazos afectivos que la virtualidad fue desgastando.

Desde esta perspectiva, la promoción de la soberanía alimentaria y la preservación de la biodiversidad local se instalaron como demandas prioritarias para los movimientos comunitarios.

En ese sentido y de acuerdo con el material al que accedió Diario NCO, una investigación impulsada desde la Universidad Nacional de La Matanza analizó en profundidad las huertas urbanas comunitarias como formas de resistencia frente al extractivismo urbano. El estudio recuperó las voces de los referentes de estos espacios para comprender su impacto social y ambiental.

Una radiografía cualitativa de las huertas en el AMBA

En sintonía con lo planteado anteriormente, cabe mencionar y destacar que el estudio se desarrolló en el marco de la carrera de Trabajo Social de la UNLaM. La investigación, liderada por Noelia Mailén Báez, se centró en recuperar registros y experiencias generados en este tipo de espacios.

El trabajo reunió los testimonios de referentes de diversos espacios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano. Uno de los aportes centrales de la investigación estuvo vinculado a la delimitación geográfica de los casos estudiados por el equipo académico. En este sentido, el relevamiento de campo abarcó experiencias situadas en los barrios porteños de Floresta, Parque Avellaneda y Villa Pueyrredón, además de José León Suárez.

De acuerdo con el documento, los espacios analizados excedieron la función meramente productiva para constituirse en verdaderos territorios de resistencia. Los datos demostraron cómo estas huertas disputan las lógicas hegemónicas de mercantilización de la vida y del suelo urbano.

Asimismo, se identificó que las motivaciones para participar estuvieron ligadas a la necesidad de salir del aislamiento digital y el encierro cotidiano. Las personas entrevistadas manifestaron que el contacto con la tierra funcionó como un cable a tierra vital frente a la hiperconectividad de las pantallas.

Vínculos territoriales, saberes y memoria colectiva

El análisis también permitió observar cómo se distribuyó la transmisión de conocimientos dentro de los predios comunitarios estudiados. En este sentido, se registró un fuerte predominio del diálogo de saberes y la transmisión oral de prácticas ancestrales entre los huerteros.

Mientras tanto y en vinculación con la historia de los proyectos, la investigación destacó el caso de la huerta del Corralón en Floresta. Este espacio comunitario acumuló más de dos décadas de trayectoria vecinal, nacida al calor de las asambleas barriales de los años 2000.

Además, el estudio analizó la experiencia de la huerta La Unión, emplazada en terrenos ferroviarios de la línea Mitre. El documento detalló su articulación en el proyecto internacional “Ruta Verde”, que busca generar corredores biológicos continentales frente al cambio climático.

Salud integral y el rol del Ranchito Corea

Otro de los aspectos relevados estuvo relacionado con el impacto formativo en contextos de profunda vulnerabilidad socioambiental. En este punto, la investigación ponderó la labor de la huerta El Ranchito Corea en el partido de General San Martín.

De esta manera, este escenario evidenció cómo el espacio procesa colectivamente la injusticia ambiental derivada de la cercanía con el CEAMSE. El proyecto incorporó activamente a infancias y adolescencias en prácticas agroecológicas y de alimentación saludable para contrarrestar los efectos del basural.

Por otro lado, a partir de los resultados obtenidos, también surgieron aprendizajes vinculados al cuidado del cuerpo y la salud integral. Las huertas propiciaron la recuperación de la herboristería y plantas medicinales, permitiendo a los participantes reducir prácticas nocivas de automedicación comercial.

Según el informe brindado a este medio, el estudio puso en evidencia la importancia de revalorizar los saberes populares frente a las verdades corporativas. Al cierre de la investigación, quedó asentado que las huertas comunitarias siembran un pensamiento crítico indispensable para transformar la vida en la urbe.

Fuente fotografías: redes sociales.

 

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