
El actor Rodrigo Trip forma parte de “Suavecito para abajo”, una obra de teatro musical que entrelaza tres historias atravesadas por conflictos familiares, vínculos afectivos y consumos problemáticos, con la cumbia como hilo conductor. Con dos integrantes oriundos de La Matanza, la propuesta dirigida por Mariana Cumbi Bustinza construye un universo barrial que podría transcurrir en cualquier punto del conurbano bonaerense. En diálogo con No te Duermas, el actor también reflexionó sobre su pertenencia al distrito y la influencia que las vivencias de la infancia para su trabajo.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
“Es una obra de teatro musical donde hay tres historias de ficción devenidas en barrio bajo. Como hay dos integrantes matanceros en la obra, decimos que es en La Matanza, pero podría ser en cualquier lugar del conurbano bonaerense”, explicó Rodrigo al describir el punto de partida de la propuesta.
Una de las tramas gira alrededor de la relación entre un tío y su sobrina; otra se centra en una pareja heterosexual, mientras que la tercera aborda el vínculo entre una madre y su hijo atravesado por un problema de consumo problemático. Aunque cada historia tiene sus propios personajes y conflictos, todas comparten el mismo espacio y se conectan a través de situaciones cotidianas y de la música.
El actor explicó que la narración no sigue un desarrollo lineal para cada historia, sino que presenta fragmentos de las tres y vuelve sobre ellos a medida que avanza la puesta. “Las historias funcionan como flashes”, señaló. De esa manera, el público conoce primero a los seis personajes principales —tres varones y tres mujeres— y después va descubriendo nuevas capas de cada trama.
El mecanismo genera un movimiento constante entre los relatos. En lugar de permanecer durante un tiempo prolongado en una sola historia, la obra alterna escenas y permite que los conflictos se desarrollen de manera progresiva. Para Rodrigo Trip, se trata de “un rodeo permanente”, en el que cada regreso a una historia aporta información y modifica la manera de comprender lo que sucede.
Las transiciones también forman parte de la construcción dramática. En algunos pasajes, el cambio de una escena a otra se produce a través de instrumentales musicales o canciones de cumbia que conectan los distintos momentos de la puesta. Así, la música no funciona únicamente como acompañamiento, sino como un recurso narrativo que articula los vínculos y los espacios.
La cumbia como puente entre el drama y la emoción
La música ocupa un lugar central en Suavecito para abajo. La composición está a cargo de Facundo Salas y la interpretación musical en vivo recae en Carmela Carreras, quien canta y acompaña con la guitarra. Según detalló el integrante del elenco, la propuesta combina canciones originales con temas de cumbia que se incorporan al desarrollo de las escenas.
Son dos o tres canciones compuestas por Facundo Salas y a esas piezas se suman otras cinco o seis canciones de cumbia que aparecen durante la obra, algunas integradas directamente a las situaciones que atraviesan los personajes. El actor mencionó como ejemplo el pasaje entre una escena protagonizada por el tío y su sobrina y otra centrada en la pareja heterosexual. En ese recorrido, una canción da paso a otra y permite que la narración cambie de foco sin perder la continuidad. La música enlaza los mundos de los personajes y acompaña el ritmo de una historia coral.
Aunque los conflictos que atraviesan los protagonistas tienen una dimensión dramática, la cumbia introduce momentos de alivio y abre otros registros emocionales. “Mediante la música, principalmente de cumbia, genera como momentos de alivianamiento o ablandamiento dentro de este marco bastante dramático”, explicó.
La identidad matancera como parte del trabajo actoral
Para Rodrigo, la relación con La Matanza no queda afuera de la interpretación. El actor contó que se fue del distrito hace aproximadamente diez años, aunque mantiene un fuerte sentido de pertenencia. En el caso de otro integrante de la obra, el vínculo es todavía más directo: continúa viviendo en Isidro Casanova.
“Mi corazón es matancero y siempre fue así. Nunca me desligué”, afirmó. En su reflexión, la distancia no necesariamente debilita la relación con el lugar de origen; por el contrario, puede permitir una mirada diferente sobre sus características, sus contradicciones y aquello que merece ser valorado.
Para Rodrigo Trip, mientras más tomás distancia de lo que es La Matanza, más sentido de pertenencia tenés y más defendés con objetividad, porque hay algunas cosas que valen y hay algunas cosas que no. Esa perspectiva se vincula con el trabajo de investigación que realizan los actores para construir sus personajes, un proceso en el que las experiencias personales pueden aportar cuestiones claves a la ficción.
El integrante del elenco, explicó que, al actuar, cada intérprete trabaja con su propio imaginario y que ese material está atravesado por los recuerdos, los espacios conocidos y las situaciones vividas.
En ese sentido, la presencia de dos integrantes matanceros aporta a la construcción del universo de Suavecito para abajo. La obra no se limita a ubicar sus historias en un barrio del conurbano, sino que recupera una experiencia territorial que puede influir en la manera de representar los vínculos, los códigos y las tensiones de sus personajes.
El elenco está integrado por los anteriormente nombrados, Acho Badaracco, Camila Bernardas, Tamara Roca y Victoria Raposo, bajo la dirección de Mariana Cumbi Bustinza, directora que trabaja habitualmente con propuestas musicales atravesadas por la cumbia y por historias vinculadas con los barrios populares. Aunque no es oriunda de la provincia de Buenos Aires, creció recorriendo y conociendo distintos espacios de la Ciudad de Buenos Aires, como Flores, Mataderos y la villa 1-11-14.



