Edición N° 9173
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El teatro como herramienta de expresión y transformación en las cárceles

Taller. El teatro como herramienta de expresión.
Taller. El teatro como herramienta de expresión.

Desde hace 16 años, un taller teatral en la Unidad Penitenciaria N.º 39 de Ituzaingó promueve la creatividad, la educación y la construcción de nuevos vínculos entre las personas privadas de su libertad. La experiencia fue compartida por la psicóloga social y profesora de teatro Alejandra Porzio en No Te Duermas, por Pulenta Stream.

Alejandra Porzio es psicóloga social y profesora de teatro. Desde 2010 desarrolla un trabajo artístico y pedagógico en la Unidad Penitenciaria N.º 39 de Ituzaingó, donde impulsa talleres teatrales destinados a personas privadas de su libertad. En una entrevista con No Te Duermas, por Pulenta Stream, repasó el recorrido de la iniciativa y reflexionó sobre las posibilidades del arte en contextos de encierro.

La experiencia comenzó cuando la compañía de teatro espontáneo La Combinada llegó al penal para presentar una función. Esta modalidad teatral propone representar, mediante la improvisación, las historias que comparte el público. Aquella primera presentación llevó a Porzio a pensar en las posibilidades de trasladar esta práctica al trabajo cotidiano con las personas detenidas.

Uno de los pedidos que recuerda fue el de un hombre que quería ver representado el día en que recuperara la libertad. A partir de ese encuentro, decidió impulsar talleres dentro de la unidad. El primer grupo eligió llamarse “Rompiendo Muros”, un nombre que sintetizaba el sentido de una propuesta que buscaba abrir un espacio diferente en la vida cotidiana de la cárcel.

A lo largo de estos 16 años, Porzio trabajó con distintos grupos y en diferentes espacios del establecimiento. Actualmente, desarrolla sus clases dentro de los pabellones y también dicta Psicología Social en la escuela secundaria que funciona en el penal.

El objetivo de los talleres no es formar actores profesionales, sino generar condiciones para que los participantes puedan desplegar su creatividad, comunicarse de otras maneras y construir vínculos diferentes. Las actividades incluyen la creación de pequeñas obras en las que los propios integrantes son autores e intérpretes.

Una de las experiencias que surgieron de ese trabajo es la denominada “gira interpabellones”, mediante la cual los grupos presentan sus producciones en distintos sectores del penal. Porzio destacó el compromiso de los participantes para sostener estos espacios, incluso frente a las dificultades institucionales.

El taller también permite interrumpir, aunque sea temporalmente, las dinámicas habituales del encierro. Allí, las personas pueden asumir otros roles y ser reconocidas por sus capacidades creativas, más allá de las identidades asociadas a sus historias judiciales.

El escenario como espacio de libertad

Entre los episodios que marcaron su trayectoria, Porzio recordó una presentación realizada en 2011, cuando siete personas privadas de su libertad pudieron salir del penal para representar una obra ante sus familiares en una escuela. Los participantes ingresaron esposados y las esposas les fueron retiradas para la actuación.

Después de la función, volvieron a ser esposados para regresar a la unidad. La escena impactó a la docente, que luego compartió esa impresión con uno de los participantes. La respuesta de aquel hombre quedó grabada en su memoria: “Yo no tenía las esposas puestas”.

Se refería a la experiencia de libertad que había sentido sobre el escenario, mientras sus hijas lo observaban actuar. Para Porzio, ese momento expresa una de las dimensiones más significativas del trabajo artístico: la posibilidad de que una persona pueda reconocerse y ser reconocida desde otro lugar.

La docente también señaló que muchos de los participantes nunca habían tenido acceso a experiencias artísticas antes de llegar al taller. A lo largo de los años, encontró personas con aptitudes para la actuación y otras que, a partir del trabajo colectivo, lograron vencer la timidez y comenzar a expresarse.

La educación y los desafíos de la reinserción

Durante la entrevista, Porzio recuperó otra frase que la marcó: la de un estudiante que describió el trayecto entre su celda y el aula como un cambio de identidad. “Cuarenta pasos me separan de la celda al aula, y en esos cuarenta pasos dejó de ser un preso para ser un estudiante”, recordó.

La experiencia pone de relieve la importancia de la educación dentro de las unidades penitenciarias. Según relató, algunas personas aprenden a leer y escribir durante su detención, lo que también invita a reflexionar sobre las desigualdades en el acceso a las oportunidades educativas.

Sin embargo, la docente advirtió que recuperar la libertad no resuelve por sí solo las dificultades para reconstruir un proyecto de vida. La recepción familiar, las condiciones del barrio y la posibilidad de alejarse de entornos vinculados con la delincuencia son algunos de los factores que inciden en ese proceso.

A pesar de las dificultades institucionales que atravesó para sostener los talleres, Porzio continúa apostando al trabajo artístico y pedagógico. Su experiencia en la Unidad Penitenciaria N.º 39 muestra cómo el teatro puede convertirse en una práctica de expresión, aprendizaje y encuentro, en la que las personas privadas de su libertad encuentran la posibilidad de explorar otras formas de relacionarse consigo mismas y con los demás.

 

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