Edición N° 9151
GBA

Hoy hacen falta cuatro salarios mínimos para no ser pobre en el Conurbano

El salario mínimo volvió a quedar rezagado.
El salario mínimo volvió a quedar rezagado.

En el Gran Buenos Aires, la distancia entre los ingresos más bajos del sistema formal y el costo real de vida volvió a quedar en evidencia.

Por Florencia Belén Mogno

La dinámica económica argentina volvió a mostrar en junio una tensión estructural que se mantiene desde hace años: la desconexión entre los ingresos formales y el valor real de los bienes y servicios básicos.

Aunque los niveles de inflación se desaceleraron respecto de períodos anteriores, el impacto acumulado sobre el poder adquisitivo siguió marcando el pulso de la vida cotidiana en los hogares del Conurbano bonaerense.

En ese escenario, el salario mínimo volvió a quedar rezagado frente a la evolución de la canasta básica, profundizando una brecha que ya no se explicó solo por coyunturas puntuales sino por una tendencia persistente en la economía argentina. La relación entre trabajo registrado, ingresos mínimos y pobreza se consolidó como uno de los indicadores más sensibles para medir el bienestar social.

En ese sentido y de acuerdo con el documento al que tuvo la oportunidad de acceder Diario NCO, se presentó un análisis en el cual se indicó que la economía argentina atraviesa una paradoja cada vez más visible en la vida cotidiana.

La brecha entre ingresos y costo de vida

En el documento facilitado a este medio se señaló que “la inflación ya no corrió a las velocidades de otros tiempos, pero para millones de trabajadores llegar a fin de mes siguió siendo una carrera cuesta arriba”.

En ese mismo material se detalló que el Salario Mínimo Vital y Móvil se ubicó en $367.800 durante junio, mientras que una familia tipo del Conurbano necesitó $1.498.741 para no ser considerada pobre. La diferencia entre ambas cifras reflejó una distancia que se sostuvo en el tiempo y que evidenció la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos más bajos.

A su vez, el informe remarcó que el salario mínimo aumentó apenas 1,32% respecto del mes anterior, quedando por debajo de la inflación registrada en el mismo período. En ese sentido, se explicó que el poder adquisitivo volvió a retroceder, incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria.

Canasta básica y presión sobre los hogares del Conurbano

Los datos también fueron centrales para dimensionar el impacto del costo de vida. Según el relevamiento, la Canasta Básica Total alcanzó los $1.498.741 para una familia tipo, mientras que la Canasta Básica Alimentaria llegó a $681.246, lo que definió el umbral de indigencia.

En el mismo documento se indicó que la diferencia entre ambas canastas marcó una separación clave: para no ser indigente se necesitaron casi dos salarios mínimos, mientras que para no ser pobre se requirieron más de cuatro. Esta relación expuso con claridad la magnitud del desfasaje entre ingresos y necesidades básicas.

El peso de los alimentos también ocupó un lugar central en el análisis, ya que se observó que su incremento superó al promedio general de precios. En los primeros meses del año, la canasta alimentaria acumuló una suba mayor que la canasta total, lo que afectó con mayor intensidad a los sectores que destinaron la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos.

En este contexto, el Conurbano bonaerense volvió a aparecer como el territorio más sensible a estas variaciones, debido a la concentración de trabajadores informales, jubilados y empleados de bajos ingresos que convivieron con aumentos constantes en los gastos básicos.

Salario mínimo, poder adquisitivo y perspectiva

En el análisis de las proyecciones salariales, se detalló que los próximos aumentos del salario mínimo ya habían sido establecidos, con subas que lo llevaron a $372.400 en julio y $376.600 en agosto. Sin embargo, incluso con esas actualizaciones, la distancia respecto del costo de vida se mantuvo elevada.

En el documento citado también se subrayó que la estabilidad macroeconómica no necesariamente se tradujo en mejoras inmediatas para los hogares, ya que la economía real continuó reflejando una brecha significativa entre ingresos y necesidades básicas.

Hacia el cierre del informe se remarcó que la medición más concreta del funcionamiento del modelo económico siguió siendo la capacidad de las familias para sostener su consumo básico. En ese sentido, se expresó que la pobreza exigió casi cuatro salarios mínimos y medio, mientras que el mercado laboral continuó ofreciendo ingresos que apenas alcanzaron una fracción de ese valor.

Fuente fotografías: redes sociales.

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