Edición N° 9151
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Verduras más caras y frutas en baja: cómo evolucionaron los precios de los alimentos frescos durante jun

Precios. Verduras más caras y frutas en baja.
Precios. Verduras más caras y frutas en baja.

Mientras las hortalizas registraron fuertes aumentos impulsados por factores estacionales y de oferta, las frutas mostraron una tendencia descendente.

Por Florencia Belén Mogno

Los alimentos frescos suelen ser uno de los componentes más sensibles de la inflación. A diferencia de otros productos, sus precios pueden modificarse de un mes a otro por cuestiones climáticas, estacionales, logísticas o vinculadas a la oferta disponible, generando un impacto directo sobre el presupuesto cotidiano de los hogares.

En ese escenario, las frutas y verduras ocupan un lugar central dentro de la canasta alimentaria. Su evolución no solo influye en los índices oficiales de precios, sino también en las decisiones de consumo de millones de familias, que muchas veces reemplazan productos o modifican sus hábitos de compra frente a los incrementos.

Durante junio, las hortalizas mostraron un comportamiento diferente al de las frutas. Mientras algunos productos registraron aumentos significativos, otros redujeron sus valores como consecuencia de una mayor disponibilidad estacional, reflejando la volatilidad que caracteriza al mercado de alimentos frescos.

Así lo señala un informe elaborado por el Observatorio Conurbano Bonaerense y el Instituto IDEAL de la Universidad Nacional de La Matanza, que analizó la evolución de los precios en el Mercado Central de Buenos Aires y su comportamiento en las principales cadenas de supermercados durante junio de 2026.

El tomate lideró los aumentos entre las verduras 

De acuerdo con el relevamiento, el conjunto de las seis hortalizas con mayor volumen de comercialización en el Mercado Central registró un incremento promedio ponderado del 11,8 por ciento respecto de mayo. Esta evolución permite proyectar un aumento cercano al 11,3 por ciento en el segmento de Verduras, Tubérculos y Legumbres del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El principal impulso provino del tomate, cuyo precio aumentó 42,1 por ciento durante el mes.

También registraron subas importantes la lechuga, con un incremento del 22,6 por ciento, y el zapallo, que avanzó 11,8 por ciento.

En sentido contrario, la papa redujo su precio un 1,5 por ciento, la cebolla cayó 1,6 por ciento y la batata mostró una baja del 3,2 por ciento, aunque esas disminuciones no alcanzaron para compensar las fuertes alzas registradas por otras especies.

El informe atribuye el comportamiento del tomate principalmente a factores estacionales. La transición entre distintas regiones productoras y el ingreso de mercadería importada con valores superiores influyeron sobre la formación de precios, aunque una mayor oferta proveniente del noroeste argentino permitió moderar parcialmente los aumentos.

Las frutas mostraron un comportamiento opuesto

A diferencia de las verduras, las frutas analizadas registraron una caída promedio ponderada del 5,5 por ciento respecto del mes anterior. Esta evolución permitiría proyectar una baja cercana al 5 por ciento dentro del rubro Frutas del IPC correspondiente a junio.

Las mayores reducciones se observaron en el limón, con una baja del 18,6 por ciento, y en la naranja, que cayó 19,7 por ciento, favorecidas por la etapa de plena cosecha y una mayor disponibilidad de mercadería en el Mercado Central.

En cambio, la banana aumentó 1,8 por ciento y la manzana registró una leve suba del 0,3 por ciento, vinculadas a las características propias de su comercialización y conservación.

El estudio también analizó los valores en supermercados. Allí, el promedio de las seis hortalizas presentó un aumento del 9,3 por ciento respecto de mayo, mientras que la diferencia de precios entre el Mercado Central y las cadenas comerciales se ubicó en 85,3 por ciento, una brecha que continúa mostrando el importante margen existente entre el precio mayorista y el que finalmente pagan los consumidores.

La evolución mensual de frutas y verduras vuelve a demostrar que los alimentos frescos siguen siendo uno de los componentes más inestables de la inflación. Su comportamiento depende de múltiples factores que exceden la política económica y responden también a cuestiones climáticas, productivas y logísticas.

Comprender esas dinámicas resulta clave para interpretar por qué el costo de vida puede variar incluso cuando otros precios muestran mayor estabilidad. En un contexto donde la alimentación representa uno de los principales gastos de los hogares, seguir de cerca la evolución de estos productos permite entender mejor cómo impactan los cambios del mercado en la economía cotidiana de las familias.

Fuente fotografías: redes sociales.

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