
El director de Culto de la Provincia de Buenos Aires, Juan Torreiro, destacó la tarea social que realizan las distintas comunidades religiosas, analizó el crecimiento de las iglesias evangélicas y remarcó la importancia de garantizar la libertad de culto y fortalecer el vínculo entre el Estado y las organizaciones religiosas.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
La relación entre el Estado y las instituciones religiosas es uno de los ejes centrales de la gestión que lleva adelante Juan Torreiro al frente de la Dirección de Culto de la Provincia de Buenos Aires. En diálogo con No Te Duermas por Pulenta Stream, el funcionario explicó que su tarea consiste en sostener el vínculo con las distintas comunidades religiosas bonaerenses, promover el diálogo institucional y garantizar el derecho constitucional a la libertad de culto.
En ese sentido, detalló que buena parte del trabajo cotidiano se desarrolla junto a los municipios, donde cada vez son más las administraciones locales que cuentan con áreas específicas dedicadas a la temática. “Hoy hay 38 municipios que tienen direcciones o subsecretarías de Culto y La Matanza fue pionera, porque fue el primer distrito de la provincia en contar con una subsecretaría”, destacó.
También, ‘Juano’ se refirió a la transformación del mapa religioso argentino y señaló que, si bien la Iglesia Católica continúa siendo mayoritaria, en las últimas décadas se produjo un crecimiento sostenido de las iglesias evangélicas. Sin embargo, advirtió que no existen estadísticas oficiales actualizadas debido a que el último censo que consultó sobre religión fue realizado en 1960. “Siempre venimos planteando la necesidad de que el próximo censo vuelva a incorporar esa pregunta para conocer con mayor precisión la realidad religiosa del país. Esa información también serviría para diseñar mejores políticas públicas”, sostuvo.
Según explicó, los estudios privados muestran que actualmente entre el 12 y el 17 por ciento de la población se identifica con iglesias evangélicas, mientras que el catolicismo continúa representando alrededor del 70 por ciento. A ese escenario se suman otras comunidades religiosas, como la judía, la islámica, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los cultos afro, que también desarrollan actividades comunitarias en distintos municipios.
Más allá de las diferencias doctrinarias, el funcionario resaltó que todas las religiones comparten un fuerte compromiso con el trabajo social en los barrios ya que las mismas acompañan a migrantes, trabajan con personas con consumos problemáticos y contienen a chicos y familias enteras. “Muchas veces llegan a lugares donde el Estado todavía no pudo llegar”, remarcó.
En esa línea, consideró que el vínculo entre las instituciones religiosas y el Estado resulta indispensable para fortalecer el tejido social porque cuando se retira la iglesia y también se retira el Estado aparecen otros actores que pueden hacer mucho daño en los barrios. Por eso consideran que el trabajo en conjunto es fundamental.
Durante la entrevista también reflexionó sobre el concepto de justicia social y sostuvo que garantizar igualdad de oportunidades continúa siendo uno de los principales desafíos de la Argentina. “No todos arrancan desde el mismo lugar. Un chico que nace en un barrio popular no tiene las mismas posibilidades que otro que nace en un sector con mayores recursos. La justicia social busca justamente generar condiciones para que todos tengan las mismas oportunidades”, expresó.
Como ejemplo de esas políticas, mencionó el rol que cumple la Universidad Nacional de La Matanza, a la que definió como una herramienta concreta para ampliar derechos y facilitar el acceso a la educación superior para miles de vecinos del distrito.
El legado del padre Bachi en los barrios populares
En el tramo final de la entrevista, Juan Torreiro recordó especialmente la figura del padre Basilicio “Bachi” Brítez, histórico cura villero de La Matanza, a quien definió como un ejemplo de compromiso con los sectores más vulnerables. Destacó el trabajo de integración social que desarrollaron los curas villeros en distintos barrios del distrito y señaló que su labor trascendió ampliamente el acompañamiento espiritual.
“El padre Bachi dio la vida por su pueblo. Durante la pandemia siguió repartiendo comida y acompañando a los vecinos hasta que se contagió de COVID-19. Ese compromiso, esa entrega silenciosa y permanente, es un ejemplo para todos los que creemos que la solidaridad debe ponerse en práctica todos los días”, concluyó.
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