
El femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que fue hallada sin vida tras haber sido buscada intensamente, volvió a poner en discusión el funcionamiento del sistema judicial y policial ante denuncias vinculadas a menores y violencia de género.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
En ese contexto, el fiscal Luis Brogna, integrante de una fiscalía especializada en género de La Matanza, reflexionó sobre las responsabilidades institucionales, las fallas estructurales y el impacto emocional que generan estos casos.
En diálogo con el programa “No te Duermas”, de Pulenta Stream, el funcionario judicial sostuvo que las primeras horas de cualquier investigación son determinantes y remarcó la obligación que tienen las fuerzas de seguridad de recibir todas las denuncias aun siendo hechos que no son delitos.
Sin profundizar sobre detalles específicos del expediente por respeto institucional y porque la investigación continúa en curso, Brogna cuestionó cualquier negativa policial a tomar denuncias ya que el funcionario policial recibe las denuncias y tiene obligación de recibirlas y no decide si es delito o no. Además agregó que impedir una denuncia constituye un hecho “terrible”, porque limita la posibilidad de intervención temprana del sistema judicial.
Al referirse al desenlace del caso, el fiscal fue contundente y evitó cualquier interpretación positiva sobre el operativo. “No hay final feliz posible. Desde el momento en que esa niña fue encontrada, no hubo éxito en absoluto”, expresó. Según planteó, en situaciones de esta gravedad el foco debe estar puesto no solamente en las responsabilidades individuales, sino también en las fallas estructurales que permiten que determinadas alertas no funcionen a tiempo.
En esa línea, explicó que muchas veces existe una tendencia social a responsabilizar únicamente a un funcionario puntual, cuando en realidad “hay un montón de alertas que fracasaron antes”. Para Luis, simplificar el análisis impide comprender cómo operan las violencias sobre niñas y adolescentes en contextos de extrema vulnerabilidad y limita la posibilidad de mejorar los mecanismos de prevención.
También, el fiscal analizó la evolución de las investigaciones por violencia de género en las últimas décadas y destacó que hubo avances importantes tanto en las fiscalías especializadas como en las comisarías de la mujer. “Las condenas por violencia de género se multiplicaron por veinte”, aseguró. Sin embargo, advirtió que esos progresos todavía resultan insuficientes frente a cifras alarmantes.
“Solo en La Matanza hubo 15 femicidios el año pasado, una cifra escalofriante”, alertó. De acuerdo con los datos que manejan desde el ámbito judicial, solamente en un 15 por ciento de los casos existían denuncias previas. El resto ocurrió sin intervenciones anteriores del sistema. Lo cual, él considera que esa realidad puede interpretarse de dos maneras: por un lado, como una muestra de desconfianza social hacia las instituciones; por el otro, como una evidencia de que denunciar puede ayudar a prevenir hechos más graves.
Por eso, insistió en la necesidad de fortalecer los dispositivos de acompañamiento y protección. “Yo alentaría a denunciar”, sostuvo, aunque reconoció que el sistema no es infalible. En ese sentido, planteó que el desafío actual pasa por construir herramientas de detección temprana y seguimiento que permitan intervenir antes de que ocurran tragedias.
El impacto emocional de las cámaras Gesell
Luis Brogna también se refirió al trabajo cotidiano que realizan en las cámaras Gesell y al fuerte impacto emocional que generan los testimonios de niñas y niños víctimas de abuso o violencia. Según explicó, las entrevistas son realizadas por psicólogas especializadas mientras fiscales, defensores, jueces y asesores observan desde una sala contigua mediante monitores.
“El otro día terminamos una en la universidad y la niña se abrazó a los padres y se pusieron a llorar. Fue conmovedor e impactante”, relató. Muchas veces, señaló, los padres toman conocimiento allí mismo de situaciones que sus hijos nunca habían podido verbalizar.
El fiscal explicó que el dispositivo funciona mediante un sistema de preguntas indirectas que son transmitidas por la psicóloga a cargo de la entrevista. “Los relatos de las nenas van describiendo algunas cosas como si les estuviera ocurriendo en ese momento”, remarcó, y agregó que, en lo que va del año ya realizaron alrededor de veinte cámaras Gesell.
“La condena genera una posible sanación”
En el tramo final de la entrevista, el fiscal habló sobre la sensación que atraviesa a quienes trabajan diariamente en este tipo de investigaciones y reconoció que existe una carga emocional muy fuerte en cada expediente.
“Te pone feliz poder detener a los agresores y que la víctima sienta esa reivindicación”, afirmó. Así mismo, explicó que muchas víctimas sienten temor de no ser escuchadas o de que nadie les crea, por lo que una condena representa también una forma de reparación.
Sin embargo, diferenció esos casos de las investigaciones por homicidios ya que con ellos siempre tiene la sensación de que perdió. “Cuando la víctima ya no está, no existe una respuesta capaz de reparar completamente el daño, aunque sí puede existir una búsqueda de justicia para las familias”, concluyó.
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