
El historiador Alejandro Enrique reconstruyó la trayectoria de Ignacio Arieta, el médico nacido en Virrey del Pino que se convirtió en una figura política central de La Matanza. Su participación en las movilizaciones para defender a San Justo como cabecera del distrito, su militancia en la Unión Cívica Radical y el homenaje que recibió tras su muerte explican por qué la principal calle de la localidad lleva su nombre desde 1964.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
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La calle Doctor Ignacio Arieta es una de las arterias más importantes de San Justo. Su nombre, sin embargo, no fue siempre el mismo: después de la muerte de Eva Perón, en 1952, pasó a llamarse 26 de Julio, en referencia a la fecha de su fallecimiento. Tras el golpe de Estado de 1955, la denominación fue modificada nuevamente y recuperó el nombre de Buenos Aires. Finalmente, en mayo de 1964, la calle principal de la ciudad recibió el nombre que conserva hasta la actualidad.
En una reconstrucción de la historia local, el historiador explicó que la decisión estuvo vinculada con la relevancia que Ignacio Arieta alcanzó en la vida política y social del distrito. “A pocos meses de la muerte de una personalidad del pueblo, el nombre que tiene hoy era casi tal vez en términos comerciales la más importante que tenemos, mismo hoy es peatonal”, señaló al referirse a la calle que atraviesa el centro de San Justo, frente a la plaza y la Catedral.
Arieta nació el 10 de septiembre de 1903 en Virrey del Pino, cuando el lugar era conocido como el paraje El Pino. Su familia tenía campos en la zona y sus padres eran Ignacio Arieta y Magdalena Ygarza. Sin embargo, su infancia estuvo marcada por la pérdida de ambos: su padre falleció cuando él tenía pocos meses y, a los cinco años, también murió su madre. A partir de entonces quedó bajo el cuidado de su tío Manuel Ygarza y de Magdalena Berrueta, quienes lo criaron.
Su formación educativa lo llevó primero al colegio vasco Euskal Echea, en Adrogué, y luego al colegio San José de Balvanera, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí compartió sus años de estudio con Ricardo Balbín, quien más adelante se convertiría en una de las figuras centrales de la Unión Cívica Radical. Ese vínculo escolar antecedió a los caminos políticos que ambos desarrollarían durante las décadas siguientes.
Ya de adulto, eligió la medicina como profesión y obtuvo el título de doctor. Su carrera comenzó en el hospital Chavarría, donde ingresó como practicante en el sector de cirugía y, con el tiempo, llegó a ocupar la dirección de esa área. Mientras crecía profesionalmente, consolidó su vínculo con San Justo, localidad en la que desarrolló su vida y en la que comenzaría a ganar protagonismo público.
La defensa de San Justo y el surgimiento de un dirigente
Su primera intervención política de relevancia, según relató Alejandro, se produjo durante una movilización contra la intención de trasladar el Palacio Municipal hacia las inmediaciones de Ramos Mejía. El proyecto, impulsado durante una gestión conservadora, generó resistencia entre sectores de la comunidad que consideraban que el cambio podía debilitar la centralidad de San Justo como cabecera del partido.
En ese contexto, Arieta se destacó como uno de los referentes de la protesta ya que era un gran orador, hablaba muy bien en público y sabía exaltar a las masas, según describió el historiador. La movilización reunió a vecinos y familias de la localidad, entre ellas descendientes de los Villegas, vinculados con la donación de tierras destinadas a la creación del pueblo.
El reclamo no quedó limitado a una manifestación en el centro de San Justo sino que varios vecinos se trasladaron hasta La Plata para plantear la situación ante las autoridades provinciales. La intervención permitió que los manifestantes fueran escuchados y que la iniciativa de trasladar la sede municipal perdiera fuerza. Este episodio marcó la aparición de Arieta como una figura política importante.
A partir de ahí, se empezó a conformar la Unión Vecinalista de La Matanza, un espacio que reunió a sectores enfrentados con el conservadurismo que dominaba la política del distrito. Esto le permitió a Ignacio Arieta ampliar su participación pública.
Otro conflicto relacionado con el transporte público volvió a colocarlo en el centro de la escena. De acuerdo con el historiador, las restricciones que impedían que la línea 196 ingresara a la Capital Federal habían generado tensiones en torno a los recorridos. En ese marco, el intendente conservador tomó una decisión que afectó el ingreso de la línea 49, que llegaba desde Primera Junta.
La medida provocó nuevas protestas, ya que el transporte era un servicio fundamental para una población en la que no todas las familias contaban con un automóvil. Se realizó un acto en la plaza de San Justo que terminó con disparos y una persona herida, según reconstruyó el historiador. El episodio profundizó la confrontación política y contribuyó a consolidar la imagen de Arieta como dirigente local.
De la militancia radical al Congreso
En la década de 1940, Arieta se incorporó a la Unión Cívica Radical. Combinó su trabajo como médico con una militancia partidaria que le permitió tener responsabilidades dentro de la organización. Su trayectoria se desarrolló en una etapa de fuertes enfrentamientos políticos, que se intensificaron durante los últimos años del segundo gobierno de Juan Domingo Perón.
Alejandro señaló que, después del bombardeo del 16 de junio de 1955, Arieta y Balbín fueron vinculados con los llamados comandos civiles, grupos que actuaban contra el peronismo y que no formaban parte de la estructura regular de las Fuerzas Armadas. En ese marco, ambos quedaron detenidos durante algunos meses en una causa judicial. Tras el golpe de Estado del 16 de septiembre de ese año y la caída del gobierno de Perón, recuperaron la libertad.
A partir de entonces, Arieta profundizó su actividad política y en 1958 ingresó como diputado nacional. Desde el Congreso, durante los años de la presidencia de Arturo Frondizi, impulsó distintas iniciativas, aunque su carrera se vio interrumpida por una grave enfermedad que le hizo perder progresivamente la voz.
El 28 de octubre de 1963, a las 23, falleció. Su muerte tuvo una gran repercusión: al velatorio asistieron Ricardo Balbín, el gobernador bonaerense Anselmo Marini y dirigentes nacionales, entre ellos Arturo Monroy, presidente del bloque de diputados a nivel nacional, según recordó Enrique. También llegaron cartas de homenaje de Arturo Humberto Illia, el entonces presidente de la Nación.
La dimensión del reconocimiento se reflejó meses después en la decisión de cambiar el nombre de la calle Buenos Aires por Doctor Ignacio Arieta. El acto se realizó en mayo de 1964 y contó con la presencia de Raúl Alfonsín, por entonces diputado nacional.
Además, una escuela del barrio 20 de Junio también llevó su nombre, aunque el historiador aclaró que no tenía certeza de que la institución conservara actualmente esa denominación.



