
Un relevamiento realizado por la Defensoría del Pueblo bonaerense en 97 municipios mostró que el 56,9 por ciento de los hogares que recurrieron a préstamos los destinó a comida.
Por Florencia Belén Mogno
El acceso al crédito ocupó un lugar cada vez más importante en la economía cotidiana de los hogares cuando los ingresos disponibles no alcanzaron para cubrir determinados gastos. En ese escenario, los préstamos dejaron de estar asociados únicamente con la compra de bienes o con consumos extraordinarios.
La utilización del financiamiento también permitió observar cuáles eran las necesidades que las familias no podían afrontar con sus recursos habituales. Los gastos vinculados con la alimentación, la vivienda, los servicios y la salud aparecieron entre los principales destinos de los préstamos solicitados.
Esta situación adquirió particular relevancia en la provincia de Buenos Aires a partir de un relevamiento de la Defensoría del Pueblo bonaerense realizado en 97 municipios. De acuerdo con el material al que accedió Diario NCO, los resultados mostraron que el 56,9 por ciento de los hogares que habían tomado créditos destinó ese dinero a la compra de alimentos.
El crédito destinado a necesidades básicas
La alimentación fue el principal destino de los préstamos registrados en el relevamiento. Detrás aparecieron otros gastos esenciales para las familias: el 30 por ciento utilizó financiamiento para afrontar gastos de vivienda, el 29,5 por ciento para pagar servicios y el 28,5 por ciento para cubrir gastos de salud.
La distribución de los préstamos mostró que una parte importante del endeudamiento estuvo relacionada con necesidades básicas. En estos casos, el dinero obtenido permitió resolver gastos inmediatos, pero trasladó parte de esas obligaciones hacia los ingresos futuros de los hogares.
El modo en que las familias accedieron al financiamiento también formó parte del relevamiento. El 51,9 por ciento recurrió a mecanismos no bancarios o informales, mientras que el 40,6 por ciento combinó este tipo de alternativas con fuentes bancarias.
Las obligaciones se extendieron en el tiempo
El acceso a un préstamo no significó que la situación financiera de los hogares se resolviera. Entre quienes habían recurrido al endeudamiento, el 73,5 por ciento todavía mantenía obligaciones pendientes.
La carga de las cuotas también adquirió un peso significativo sobre los ingresos. Para cuatro de cada diez hogares endeudados, más de la mitad del dinero que ingresaba mensualmente debía destinarse al pago de las deudas.
El cumplimiento de esas obligaciones representó otra dificultad. Ocho de cada diez hogares endeudados reconocieron problemas para afrontar sus compromisos. Dentro del grupo que no podía pagar, el 31,7 por ciento acumulaba atrasos y el 4,8 por ciento había llegado a una instancia judicial.
Una situación que no se resolvió en pocos meses
La permanencia de las dificultades mostró que el problema tenía una duración considerable. El 84,1 por ciento de los hogares que atravesaban inconvenientes para cumplir con sus compromisos llevaba más de seis meses en esa situación.
La extensión de las deudas condicionó la disponibilidad de ingresos para afrontar otros gastos. Una familia que destinaba una proporción elevada de su dinero al pago de obligaciones anteriores disponía de menos recursos para resolver las necesidades del mes.
En ese escenario, el endeudamiento podía convertirse en una dinámica difícil de interrumpir. La necesidad de cubrir un gasto inmediato mediante un préstamo generaba posteriormente una nueva obligación que debía ser afrontada con ingresos futuros.
La situación de los hogares monomarentales
El relevamiento también mostró una situación particularmente vulnerable entre los hogares monomarentales. Allí, el 82,1 por ciento de quienes habían tomado créditos continuaba endeudado.
A su vez, el 59,2 por ciento de estos hogares había recurrido a mecanismos no bancarios o informales para obtener financiamiento. Los datos reflejaron una mayor exposición a alternativas de crédito por fuera del sistema bancario.
La combinación de ingresos disponibles más limitados, responsabilidades de cuidado y formas de financiamiento más costosas podía profundizar las dificultades económicas de estos hogares. En ese contexto, un gasto inesperado podía incrementar rápidamente las obligaciones pendientes.
Cuando el préstamo se utiliza para comer
El destino de los préstamos permitió observar una transformación en el papel que ocupaba el crédito dentro de la economía familiar. Cuando el dinero obtenido se utilizaba para comprar alimentos, el financiamiento no estaba asociado a la adquisición de un bien que permaneciera en el hogar, sino a la resolución de una necesidad inmediata.
La deuda implicaba entonces comprometer parte de los ingresos posteriores para cubrir un consumo que ya había sido realizado. A esto se sumaban los intereses, lo que incrementaba el costo final del financiamiento.
Esta dinámica también podía afectar el consumo futuro. Si una proporción cada vez mayor de los ingresos debía destinarse al pago de cuotas, quedaba menos dinero disponible para afrontar otros gastos y aumentaba la posibilidad de volver a recurrir al crédito.
El impacto sobre la economía familiar
El endeudamiento también permitió observar una diferencia entre los indicadores generales de una economía y la situación concreta de los hogares. Una mejora en determinadas variables económicas no necesariamente implicaba que las familias hubieran recuperado capacidad para afrontar sus gastos sin recurrir al financiamiento.
Los datos del relevamiento mostraron que las dificultades podían mantenerse durante meses y que las obligaciones acumuladas condicionaban una parte importante de los ingresos. La situación adquiría mayor gravedad cuando el préstamo se utilizaba para cubrir necesidades esenciales.
El panorama registrado en 97 municipios bonaerenses expuso así una problemática que atravesaba diferentes dimensiones de la economía familiar. La alimentación, la vivienda, los servicios y la salud aparecieron entre los principales destinos de un crédito que, para numerosos hogares, se convirtió en una herramienta para sostener gastos cotidianos.
La persistencia de las deudas y el peso de las cuotas plantearon, además, el desafío de evitar que las familias quedaran atrapadas en una sucesión de préstamos destinados a cubrir obligaciones anteriores. La capacidad de afrontar los gastos presentes quedaba condicionada por compromisos asumidos previamente.
El dato más significativo del relevamiento estuvo en el destino de los préstamos: más de la mitad de los hogares que recurrieron al crédito lo utilizó para comprar alimentos. Esa proporción mostró hasta qué punto el endeudamiento había pasado a formar parte de las estrategias utilizadas para sostener las necesidades básicas de las familias bonaerenses.
Fuente fotografías: redes sociales.
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