Edición N° 9159
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“Que no sea conocido no significa que no sea bueno”

Melisa Vallejo. Comunicadora de vinos y creadora de Amore Vino.
Melisa Vallejo. Comunicadora de vinos y creadora de Amore Vino.

Para No te Duermas, programa de Pulenta Stream, Melisa Vallejo, comunicadora de vinos y creadora de Amore Vino, habló sobre la importancia de descubrir pequeños productores, explorar variedades más allá del Malbec y entender la degustación como una experiencia que involucra los sentidos. Además, explicó cómo el precio de una botella no siempre es sinónimo de calidad y destacó el vino como una oportunidad para hacer una pausa en medio de la rutina.

Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com

El mundo del vino ofrece mucho más que una copa de tinto para acompañar un asado.
Detrás de cada botella hay productores, estilos, historias y formas de elaboración que
invitan a ampliar el paladar y descubrir nuevas experiencias. Desde esa perspectiva
trabaja la creadora de Amore Vino.

Este proyecto se dedica a expresar vinos de autor, vinos de bodegas boutique, no de
grandes vinos vinculados más a lo comercial, sino pequeños productores con la idea de
poder descubrir distintos aristas o distintos productores que no son tan conocidos, pero
que son dignos justamente de degustar y de ver por todo lo que tienen para ofrecer.

En ese sentido, la comunicadora remarcó que la popularidad de una bodega no
necesariamente refleja la calidad de sus productos. Para ella, existen diferentes
factores que influyen en el reconocimiento de una etiqueta, entre ellos el marketing y
los recursos disponibles para posicionarse en el mercado. Por eso, uno de los objetivos
de su propuesta es acercar alternativas que muchas veces quedan por fuera de las
elecciones habituales.

“Que no sea conocido no significa que no sea bueno. La calidad no tiene que ver con
eso, sino que hay toda una industria alrededor que hace que algunas bodegas sean
conocidas más que otras, que algunos productores por ahí no tengan tanto marketing,
pero eso no quiere decir que no sean dignos de conocer y de justamente sobre todo
probar”, sostuvo.

También, Melisa hizo hincapié en la necesidad de reconocer las distintas profesiones
que forman parte de esta industria. Aunque la figura del sommelier y la del enólogo
suelen ocupar un lugar central en las conversaciones sobre vinos, la comunicadora
señaló que existen otras especialidades que aportan miradas diferentes sobre una
misma bebida.

En esa línea, explicó que una degustación puede convocar a comunicadores,
comerciantes, bodegueros y enólogos, entre otros actores, cada uno con
conocimientos y herramientas particulares. Su intención es dejar en claro esas
diferencias y, al mismo tiempo, mostrar la diversidad de perspectivas que conviven en
el sector.

Más allá del Malbec

Uno de los desafíos que plantea este proyecto es invitar a salir de las variedades más
conocidas y explorar otras opciones. Si bien el vino tinto ocupa un lugar importante en
la cultura argentina, Melisa consideró que reducir el consumo a ese estilo,
especialmente al Malbec, limita las posibilidades de descubrir nuevas sensaciones.
“El vino tinto un poco va en nuestra sangre, pero también están los vinos blancos, los
vinos naranjos, los vinos rosados. Nos podemos meter también en el mundo de los
orgánicos, un montón de otros estilos que a veces no se habla tanto y está bueno
también conocer y salir un poquito de lo conocido”, remarcó.

Para la comunicadora, la invitación no pasa por reemplazar una variedad por otra, sino
por ampliar el repertorio y animarse a probar. En esa búsqueda, también propone
conocer bodegas de distintas regiones y evitar que Mendoza sea el único punto de
referencia al momento de elegir una botella.

La misma mirada aplica a los vinos rosados, que quedan asociados a una calidad
inferior frente a los anteriores, pero lo que tienen de diferente es que se elaboran a
partir de uvas tintas y que su coloración depende del tiempo de contacto de las pieles
con el mosto, es decir, el jugo de la uva.

Según Melisa, los vinos rosados, en cuanto al sabor, no tienen nada que envidiarles a
los blancos o a los tintos. A su entender, la percepción sobre estas variedades también
está vinculada con los hábitos de consumo y con la preferencia por el Malbec.

La elección, además, puede variar según la época del año y el momento que se quiera
compartir. La comunicadora mencionó que ciertos blancos resultan especialmente
atractivos durante el verano, mientras que otros vinos pueden acompañar situaciones
más tranquilas, como leer o mirar una serie. Los tintos, por su parte, también pueden
formar parte de encuentros y celebraciones.

El vino, los sentidos y el momento

Para Melisa Vallejo, degustar no consiste únicamente en identificar sabores o evaluar
las características de una etiqueta. La experiencia también está atravesada por el
entorno, el estado de ánimo y las sensaciones que aparecen al beber. Por eso, el
maridaje no se limita a combinar un vino con una comida: también implica pensar en el
momento en que se lo disfruta.

Teniendo en cuenta cada experiencia, destacó la importancia de prestar atención a los
sentidos que intervienen en una degustación. Además del gusto, mencionó el papel de
la boca y las sensaciones que genera la textura del vino, que puede percibirse con
mayor o menor cuerpo y ligereza. Son aspectos que muchas veces pasan inadvertidos
cuando el consumo se concentra solamente en el sabor.

La comida también modifica la percepción de una bebida. No es lo mismo elegir una
botella para acompañar una preparación que abrirla para tomar una copa en soledad,
mientras se mira una serie o se disfruta de un momento de descanso. Esas diferencias
forman parte de la decisión de compra y ayudan a comprender por qué no existe una
única respuesta a la hora de recomendar un vino.

En esta misma línea, remarcó que el precio no funciona como una medida de calidad
ya que una botella de alto valor puede incluir otros componentes, como el
reconocimiento de la bodega, su trayectoria y la inversión en marketing. Por eso, su
propuesta consiste en promover la curiosidad y evitar que el consumidor elija
exclusivamente por el precio o por el prestigio de una etiqueta.

 

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