
En Pulenta Stream, para No te Duermas, Ariel Bogado, programador de Encuentro Club y cabeza de Riña Producciones, contó cómo trabaja para acercar artistas y nuevas propuestas musicales a Zona Oeste. La apuesta por el trap, el crecimiento de los eventos en el Conurbano y un público cada vez más amplio que cruza generaciones.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
Dentro de la industria musical existen distintas aristas y una es la programación de salas. Ariel Bogado conoce ese trabajo de cerca: es programador de Encuentro Club y además encabeza Riña Producciones, desde donde organiza eventos y lleva artistas a distintos puntos de la Zona Oeste y el Conurbano. “Lo que hace el programador es trabajar para la sala, un productor puede hacer distintos eventos en distintos lados, un programador trabaja para la sala”, explicó a grandes rasgos.
Actualmente, gran parte de su actividad está concentrada en Encuentro Club, aunque su tarea como productor lo lleva a desarrollar propuestas en diferentes lugares. De hecho, contó que durante el último fin de semana estuvieron en Quilmes con una fiesta que también se encuentra desarrollándose en la sala de San Justo. La intención, según explicó, es ampliar las posibilidades y generar un circuito que no quede limitado a un único punto geográfico.
En ese sentido, uno de los principales desafíos que asumieron fue impulsar el trap en Zona Oeste. Ariel señaló que se trata de un género que tiene una presencia muy fuerte en Capital Federal, especialmente en salas de mayor tamaño, pero que todavía tiene margen para desarrollarse en otras zonas.
La apuesta tiene, además, una mirada vinculada directamente con el acceso del público. San Justo recibe espectadores de diferentes localidades y, para el entrevistado, acercar determinadas propuestas significa facilitar la posibilidad de que quienes viven más lejos puedan disfrutar de artistas que muchas veces se presentan en Capital Federal. “En San Justo tenemos mucha gente de Virrey del Pino, de Laferrere que en una fecha grande en Capital no puede ir. Entonces tratamos de acercarle esa propuesta a la gente que le cuesta un poco más viajar”, remarcó.
Una sala abierta a todos los géneros
La programación de Encuentro Club no está limitada a la música urbana. Ariel Bogado explicó que el objetivo de una sala es ofrecer diferentes propuestas artísticas para el público de la zona y mencionó como referencia a espacios que también combinan géneros como trap, rap, metal y la presentación de bandas provenientes del exterior.
Para llegar a trabajar con artistas de mayor convocatoria, el recorrido suele comenzar mucho antes, acompañando a proyectos que recién están creciendo. El productor describió un proceso que comienza con una banda o artista amigo, la organización de una primera fecha y, a partir de allí, un crecimiento progresivo de público que comienza con 40 personas, mañana pueden ser 50 y terminar haciendo fechas para 4000 como les ha sucedido.
Ese crecimiento también implica negociar con artistas que están acostumbrados a presentarse en salas de mayor capacidad. Allí aparece una de las principales dificultades: llegar a acuerdos para que acepten realizar fechas en espacios más chicos o en localidades del Conurbano. La estrategia de esta productora consiste en plantearles la posibilidad de hacer varias presentaciones y, de esa manera, generar nuevos públicos.
Como ejemplo, mencionó una próxima fecha de “01” en Monte Grande, localidad a la que llegará por primera vez. Para Ariel, la experiencia representa un desafío tanto para el músico como para la producción, aunque destacó que la venta comenzó muy bien pese a que el evento fue anunciado recientemente. “Los artistas se empiezan a dar cuenta de que no todo pasa por Capital Federal y eso está buenísimo”, remarcó.
La intimidad como parte del espectáculo
La relación entre los artistas y el público también aparece como uno de los puntos fuertes de estas propuestas. La nueva generación de música urbana comprende especialmente la importancia de acercarse a la gente y que esa dinámica pueda generar una experiencia diferente cuando los shows se realizan en salas de menor capacidad.
“Lo que tiene de bueno el nuevo género de música urbana es que entienden la necesidad de acercar la música a la gente, lo entienden muy bien”, sostuvo, y recordó una decisión tomada en Encuentro Club: aunque el espacio cuenta con una sala para 1100 personas, en determinadas ocasiones optan por utilizar la de 350 para generar un encuentro más íntimo.
Esa cercanía puede convertirse, incluso, en una experiencia inesperada para los propios músicos cuando una sala más pequeña alcanza el sold out.
Para Ariel, el fenómeno también muestra una transformación en el público. Con 37 años, trabaja con artistas que en algunos casos tienen apenas 18, pero observa que las fronteras generacionales en la música son cada vez menos rígidas ya que en recitales de rap y de trap hay chicos con remeras de Intoxicados o Viejas Locas, por ejemplo.
Esa mezcla también funciona en sentido inverso: personas de generaciones más grandes se acercan a escuchar música urbana. “Hay una apertura mucho más grande y lo ves en los recitales”, planteó. Incluso contó que personas de alrededor de 45 años asisten a sus eventos para escuchar trap, mientras que las generaciones jóvenes también se encuentran en una búsqueda vinculada con el rock.



