Número de edición : 9070

La Matanza

El consumo en crisis: cómo se abastecen las familias en los barrios de La Matanza

Crisis. Cómo se abastecen las familias en los barrios.
Crisis. Cómo se abastecen las familias en los barrios.

Un estudio reveló las estrategias de compra de los vecinos para enfrentar la inflación y el peso de los comercios de cercanía en la economía doméstica local.

Por Florencia Belén Mogno

La dinámica del consumo minorista en el partido de La Matanza experimentó modificaciones sustanciales debido al complejo escenario económico que atravesó el país recientemente. Las familias del distrito debieron adaptar sus hábitos de abastecimiento para intentar preservar el poder adquisitivo frente al constante aumento de los precios de los alimentos.

Este proceso no solo alteró la frecuencia de las compras, sino que también redefinió la elección de los puntos de venta en las diversas localidades. El presupuesto destinado a la comida se transformó en la principal preocupación de los hogares matanceros, condicionando el resto de las actividades cotidianas.

La estructura comercial del partido permitió que coexistieran grandes cadenas de supermercados con una densa red de negocios minoristas instalados en el corazón de los barrios. Durante los últimos años, el rol de los almacenes de barrio y las ferias comunitarias cobró una relevancia renovada para los sectores populares del oeste.

La posibilidad de realizar compras fraccionadas y la cercanía física facilitaron la gestión del día a día en un contexto de alta incertidumbre financiera. Estos comercios de proximidad funcionaron como el primer termómetro de las dificultades que enfrentaron los vecinos para cubrir la canasta básica.

En ese sentido y según un documento al que accedió Diario NCO, se analizó la dinámica del abastecimiento de alimentos en La Matanza. El reporte arrojó que la disposición de los productos se concentró mayoritariamente en los comercios locales.

Un relevamiento sobre los hábitos de compra en el territorio

Eñ nforme detalló que el 70 por ciento de los consultados realizó sus compras diarias en negocios de cercanía. El estudio subrayó que esta preferencia no fue solo por comodidad, sino por la necesidad de manejar presupuestos muy acotados. Los datos indicaron que el almacén de barrio siguió siendo la institución económica más fuerte dentro del entramado urbano de La Matanza.

El desarrollo del documento analizó con rigor la diferencia entre las compras “de stock” y las compras cotidianas que realizaron los habitantes de las distintas localidades matanceras. El texto explicó que los hipermercados fueron elegidos principalmente para productos de limpieza y perfumería, donde las promociones bancarias resultaron más atractivas para los clientes.
En cambio, para los alimentos frescos como carne, verdura y pan, la fidelidad hacia el comerciante de la cuadra se mantuvo inalterable. La investigación de la UNLaM remarcó que esta división del consumo respondió a una lógica de supervivencia ante la inflación galopante.

A modo de ampliación de los datos del documento, se pudo observar que el factor precio fue la variable determinante para el 85 por ciento de los hogares encuestados al momento de elegir dónde comprar.

A su vez, el reporte destacó que la marca de los productos pasó a un segundo plano, ganando terreno las denominadas “segundas marcas” o productos de elaboración regional. Esta tendencia fue especialmente marcada en el segundo y tercer cordón del partido, donde los ingresos familiares sufrieron el mayor impacto negativo.

El impacto de la inflación en la mesa de los matanceros

El análisis permitió identificar que el aumento en el precio de la carne y los lácteos modificó la composición de la dieta en muchos hogares locales. El informe detalló que se produjo un reemplazo de las proteínas animales por harinas y legumbres, buscando generar mayor saciedad con un menor costo económico.

Otro eje fundamental desarrollado en el análisis tuvo que ver con la percepción de inseguridad económica que manifestaron los vecinos durante las entrevistas del relevamiento. El documento describió que el miedo a no poder completar la canasta de alimentos el mes siguiente fue una constante en las respuestas de los encuestados.

Según el texto, esta angustia social influyó en la toma de decisiones, llevando a muchos a realizar compras impulsivas cuando contaban con dinero en efectivo. La inestabilidad de los precios generó una sensación de desamparo que afectó la planificación a largo plazo de las familias en La Matanza.

La continuidad del análisis bibliográfico puso de relieve que las ferias barriales y los mercados populares se consolidaron como espacios de resistencia frente a los precios de las grandes cadenas.

En ese aspecto, el documento resaltó que estos puntos de comercialización directa permitieron a los productores locales ofrecer precios más competitivos que beneficiaron al bolsillo del vecino.

Esta dinámica de economía popular fortaleció los vínculos comunitarios y fomentó un circuito de consumo interno que protegió parte del capital dentro del municipio. La labor de las investigadoras advirtió que el fortalecimiento de estos mercados es clave para garantizar la soberanía alimentaria regional.

Hacia un nuevo mapa del consumo popular en el oeste

En el tramo final del desarrollo, el documento de la UNLaM subrayó que la mayoría de los encuestados consideró que su situación alimentaria empeoró en el último año de estudio. La investigación concluyó que el acceso a la comida de calidad se volvió un desafío estructural que trascendió la mera capacidad de compra individual de cada familia.

Las consecuencias de esta retracción en el consumo fueron analizadas como un proceso de empobrecimiento de la vida cotidiana y de las relaciones sociales en el barrio. La autora sugirió que la falta de recursos para compartir una comida o realizar festejos familiares debilitó los lazos afectivos que históricamente sostuvieron a la comunidad.

En conclusión, el estudio permitió visualizar la cruda realidad que enfrentaron miles de matanceros para garantizar el plato de comida diario en sus mesas. La investigación demostró que el comercio de barrio es el último refugio de los sectores populares frente a los embates de la macroeconomía nacional.

Fuente fotografías: redes sociales.

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