
La cervecería CASA avanza con retiros voluntarios y redujo su esquema productivo en medio de la caída del consumo y el avance de importaciones.
Por Florencia Belén Mogno
El sector manufacturero bonaerense atraviesa un nuevo episodio de retracción con el ajuste implementado en la planta cervecera ubicada en Zárate, dedicada a la producción de la marca Corona. La medida incluyó una reducción significativa del personal y una reorganización operativa que modificó la estructura con la que la fábrica venía funcionando desde su inauguración.
La empresa Cervecería Argentina Sociedad Anónima (CASA), anteriormente conocida como Isenbeck, activó un esquema de retiros voluntarios que impactó de manera directa en la dotación de trabajadores. El proceso se enmarca en un contexto de desaceleración del consumo interno y mayor competencia de productos importados en el mercado nacional.
La decisión generó preocupación en el entramado económico de Zárate, una ciudad donde la actividad industrial ocupa un rol central en la generación de empleo. Si bien la planta no anunció un cierre definitivo, el redimensionamiento productivo refleja las dificultades que enfrenta el rubro cervecero desde hace varios meses.
En ese sentido y de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, el secretario general del sindicato de la planta, Horacio Romero, detalló en el reporte que la fábrica contaba con aproximadamente 140 operarios en actividad y que cerca de 60 trabajadores aceptaron el retiro voluntario propuesto por la compañía. De este modo, la dotación quedó reducida a poco más de 80 empleados.
Reducción de personal y reorganización operativa
El ajuste no solo alcanzó al personal, sino también al esquema de producción. La planta, que en 2022 operó con tres líneas activas, pasó a funcionar con una única línea destinada al envasado en botellas de vidrio no retornables.
En sintonía con lo planteado anteriormente, desde el gremio aclararon que la actividad no se interrumpió completamente, aunque también reconocieron que el volumen operativo se achicó de manera considerable.
La fábrica fue inaugurada en 2020 tras una inversión cercana a los 5.000 millones de pesos y llegó a emplear a alrededor de 260 trabajadores en su momento de mayor expansión. Con el paso de los años, la plantilla se redujo de forma paulatina y, si bien no se registraron despidos masivos recientes, sí se produjeron desvinculaciones progresivas.
Consumo en baja y presión importadora
Por otro lado, el sector sindical atribuyó la reestructuración principalmente a la contracción del consumo de cerveza a nivel nacional. La merma en la demanda interna impactó de forma directa en los volúmenes de producción y obligó a revisar costos operativos en distintas plantas del país.
A su vez, el ingreso creciente de productos importados en el mercado local agregó presión competitiva. Según señalaron desde la representación gremial, el fenómeno no afectó exclusivamente a esta fábrica, sino que se replicó en múltiples establecimientos manufactureros que enfrentaron una combinación de caída en ventas y aumento de costos.
El escenario económico general, caracterizado por incertidumbre y retracción del mercado, condicionó las perspectivas de recuperación. Desde el sindicato remarcaron que la reorganización respondió a una coyuntura estructural que atravesó a gran parte de la industria nacional.
Impacto regional y preocupación laboral
A su vez, la reducción de personal en una planta de estas características tuvo repercusiones más allá del ámbito interno de la empresa. Zárate se consolidó en las últimas décadas como un polo industrial estratégico en la provincia de Buenos Aires, por lo que cada modificación en el nivel de actividad repercutió en el comercio y los servicios vinculados.
Si bien la continuidad de la producción evitó un cierre total, el achicamiento de la dotación puso en evidencia la fragilidad del sector en el contexto actual. La disminución de turnos y de capacidad instalada implicó también una menor demanda de proveedores y contratistas asociados a la cadena productiva.
En ese marco, los trabajadores expresaron inquietud frente al futuro inmediato, ante la posibilidad de que la caída del consumo se prolongara y dificultara una eventual reactivación. La experiencia reciente mostró que el empleo industrial resultó especialmente sensible a los ciclos económicos adversos.
El caso de la planta de Corona en Zárate se convirtió así en un reflejo de la situación que atravesó buena parte de la industria manufacturera en la región. La combinación de mercado interno debilitado y competencia externa configuró un escenario complejo, en el que las empresas optaron por ajustar estructuras para sostener operaciones, aunque a costa de reducir su impacto laboral y productivo.
Fuente fotografías: redes sociales.
Te Puede Interesar:
https://www.instagram.com/diarioncomatanza
https://facebook.com/diarionco



