
Manuel Elías González, desaparecido el 5 de setiembre de 1977. (1)
“Nació el 21 de junio de 1933, provincia de Córdoba. Su padre fallece cuando él aún era muy pequeño, motivo por el cual, su mamá Nicasia, decide emigrar a Buenos Aires. Mi papá era el menor de dos hermanos.
Va a la escuela en el hogar Don Orione, del cual no tenía buenos recuerdos, debido a la severidad con que se regía la educación allí. Es externado, cuando mi abuela contrae segundas nupcias.
Termina el colegio secundario, este dato lo destaco, ya que en esa época, no era habitual continuar los estudios secundarios, como lo pensamos ahora”
Ingreso y renuncia a la Policía
“Siendo muy joven ingresa como agente a la policía federal, donde permanece por el lapso de 9 años. Por relatos propios y de mi mamá no le gustaba meterse en problemas y eludía situaciones violentas. Hay una anécdota, que siempre contaba mi mamá: “un día iban en colectivo con otro policía más y ella. Dos hombres borrachos, empezaron a pelearse y el compañero se metió con toda la soberbia característica, él le decía déjalos son cosas de borracho. El compañero no pudo con su estilo, agarró a uno y lo llevo a la comisaría, entonces mi papá se tuvo que hacer cargo del otro, caminaron, y le hablaba, le decía hermano qué te pasa, tenés familia, volvé a tu casa, no tomes más, hasta le compro un café, todo esto caminando con mi mamá al lado y él abrazando al borracho”. Tal vez, por estas acciones humanas, deja la policía. Renuncia ante el inminente nacimiento de mi hermana en el año 1961. Tenía miedo que le pasara algo a él, siendo mi hermana bebe.
Trabajó como lustrador de pianos, en una marmolería, y otros rubros. Decían que era un enamorado de la lectura, con facilidad en la oratoria, y mostrando un alto índice de inteligencia. No lo pongo en duda.
Siempre de buen humor, tocaba la guitarra, cantaba, le gustaba jugar al truco, mirar los Tres Chiflados”.
Hombre de la política
“Hablaba de Perón como de alguien muy cercano, de sus palabras y discursos. Lamento no poder recordar más de esta parte de mi vida. Quizá porque a esa edad, solo nos importa el juego, el abrazo y vivir en la ilusión de la buena vida que teníamos.
Le encantaba hablar de política, discutir/debatir, pero sin llegar a la ofensa ni a la violencia. Podía pasar de ser un papá común a ser un hombre de la política. Siempre terminaba con una sonrisa. Una sola vez lo vi enojado conmigo, por una macana que me mande en el auto, rompí la llave de arranque. Era lo que se dice una persona amigable y entradora”.
Su actividad gremial
Ingresó a trabajar a C.I.D.E.C, una fábrica de cuero, el 21 de febrero de 1972, ubicada en av. Vergara 1850 de Villa Tessei, Morón. Al poco tiempo pasó a ser parte del gremio y posteriormente de la Federación Argentina de Trabajadores de la Industria del Cuero y Afines (FATICA), de la cual era Asesor Gremial.
Un operativo previo
“El 22 de agosto de 1977, hubo un operativo en casa. A nosotras nos dijeron que quisieron robar, ahora sé que él sabía de qué se trataba. No encontraron a nadie. El hecho ocurrió alrededor de las 10hs, en nuestra casa, Norquin 443, Isidro Casanova. Vandalizaron y robaron todo lo que pudieron. Muchos años más tarde nos enteramos cómo fue el hecho. La cuadra donde está mi casa de la infancia, es una calle corta, pocos vecinos en esa época. La persona que vio todo, por años tuvo miedo, por la forma en que la amedrentaron con la mirada cuando salió a mirar desde la casa. Contó que cerraron las dos esquinas con camiones del ejército, que se formaron frente a la casa y entraron. Recuerdo llegar de la escuela, ver la cara de mi mamá muy asustada, y mi perro, que era súper bueno, muy alterado. Mamá llamó por teléfono a papá al gremio, no se encontraba allí pero dejo dicho lo sucedido, él volvió lo más pronto que pudo.
A partir de ahí, cambio su carácter. No dormía, fumaba más de lo habitual. Le comenzó a dar instrucciones a mi mamá de cómo se tenía que manejar por si algo le pasaba, tarjetas de la Federación con recados, nombres a quien dirigirse”.
La desaparición
“No era habitual que mi papá saliera temprano de casa. El 5 de septiembre salió, muy bien vestido, con traje. Me llevo a la escuela en el auto, era un Peugeot 404, me dejó en la puerta de la escuela, subí la escalinata y me di vuelta a verlo, me miraba sonriendo. Esa fue la última vez que lo vi”.
Extractos de una carta que su hija Analía González le hizo llegar al NCO.
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