
En Pulenta Stream, el historiador y periodista Alejandro Enrique reconstruyó la historia de Isidro Casanova vinculadas a la familia O’Gorman y al caso de Camila O’Gorman. Desde aquella enorme chacra agropecuaria hasta la llegada de una colonia de alemanes en 1850, las tierras atravesaron generaciones de familias que tuvieron un fuerte protagonismo económico y político en La Matanza.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
Esta historia guarda entre sus tierras episodios que se remontan a los primeros tiempos de la organización del territorio bonaerense. Uno de ellos está relacionado con la familia O’Gorman y, particularmente, con Camila O’Gorman, cuyo caso se convirtió en uno de los episodios más recordados de la historia argentina. Sin embargo, antes de aquel desenlace, su familia tenía una importante propiedad en lo que actualmente forma parte del territorio matancero.
El historiador explicó que Joaquín de Madariaga era uno de los grandes terratenientes de la zona, junto con los Ramos Mejía y los Escurra, y que el abuelo de Camila O’Gorman había adquirido una extensión de 140 hectáreas que representaba una localidad entera.
La propiedad se encontraba en lo que hoy es Isidro Casanova, detrás de la terminal de La Cabaña, sobre la Avenida Polledo, cerca de Rafael Castillo y en las proximidades de Carlos Casares. Allí se encontraba el casco de la estancia, donde Camila había permanecido en distintos momentos junto con su familia. No era una residencia permanente, sino un espacio relacionado especialmente con la actividad agropecuaria.
Ese lugar adquirió una relevancia particular cuando comenzó la búsqueda de Camila. Alejandro relató que la familia se dirigió hacia la chacra de La Matanza y que fue allí donde su padre, Adolfo O’Gorman, tomó conocimiento de que su hija había desaparecido junto al sacerdote Ladislao Gutiérrez. A partir de ese momento, le escribió a Juan Manuel de Rosas para comunicarle lo sucedido.
“Excelentísimo señor, el jueves 16 del corriente me fue avisado en La Matanza, donde resido, que había desaparecido mi hija menor”, escribió O’Gorman en la carta que Alejandro Enrique citó durante su reconstrucción histórica. La propiedad permaneció en manos de los O’Gorman hasta 1850, y atravesó el período en el que ocurrió el caso de Camila, en 1848.
Sin embargo, la historia de aquellas tierras no se limitó a los O’Gorman. En la misma estancia estuvo recluida otra figura vinculada a la historia argentina: Madame Périchon, conocida como “la Perichona”, la esposa de Tomás O’Gorman, abuelo de Camila.
Según reconstruyó el historiador, Madame Périchon había sido vinculada con los servicios británicos y había obtenido información durante su relación con el virrey Liniers, en un contexto marcado por los enfrentamientos entre el Imperio británico y el territorio del Río de la Plata. Una vez descubierta, fue expulsada y trasladada a Brasil, aunque posteriormente regresó a Buenos Aires.
Su permanencia en el territorio quedó restringida a la estancia familiar en La Matanza. Allí permaneció hasta su muerte, en 1847, un año antes del caso de Camila O’Gorman.
De los O’Gorman a una colonia alemana
En 1850, las 140 hectáreas cambiaron de manos. Se trató de un grupo de alemanes que había atravesado distintos conflictos y saqueos en la zona de la Chacarita y decidió buscar tierras propias, y terminó radicándose en el antiguo Pago de La Matanza.
Los nuevos propietarios se dedicaron rápidamente a la actividad agropecuaria. Contaban con capital para invertir y desarrollaron tanto la ganadería como los sembradíos. El periodista destacó que también había numerosos trabajadores alemanes vinculados con estas actividades y que la presencia de colonias provenientes de Alemania era habitual en distintos puntos de la zona.
Con el paso de los años, aquella familia se consolidó económicamente en La Matanza. La muerte de los hombres llevó a que Bárbara Hoffmann y Margarita Stengel asumieran el control de los negocios, en una etapa que Alejandro definió como un verdadero matriarcado.
La familia también dejó su marca en el territorio a través de la creación de la estancia La Máxima, que, de acuerdo con el relato de Enrique, todavía permanece en pie y es cuidada por sus herederos. El nombre fue colocado en honor a Barbarita Brasch Hoffmann de Traut, hija de Bárbara Hoffmann, quien posteriormente se casó con un integrante de la familia Traut.
Una familia con peso político y descendientes en Casanova
A partir de 1900, los Brasch, que luego pasaron a identificarse como Traut, adquirieron protagonismo en la vida política de La Matanza ya que empezaron a encabezar listas del Partido Conservador en La Matanza.
Sus integrantes llegaron a presentarse como candidatos a concejales y consejeros escolares, ocupando espacios de participación política y consolidando el peso que la familia ya había adquirido en la actividad económica local.
La descendencia de aquella familia alemana también permanece vinculada con Isidro Casanova. El historiador mencionó, por un lado, a la familia Agustoni, cuya inmobiliaria se encuentra sobre la Ruta 3, antes de las vías del ferrocarril. Una de las hijas de Bárbara Hoffmann de Traut se había casado con Aquiles Agustoni, quien fue funcionario público y presidente del Concejo Deliberante de La Matanza. Actualmente, según el historiador, su nieto Federico Agustoni está al frente de la inmobiliaria.
Otra rama de la familia está relacionada con Ariel Martínez Traut, aunque actualmente no utiliza el apellido Traut y es descendiente de otra rama de aquella familia alemana que se instaló en las tierras ubicadas del otro lado de Isidro Casanova.



