
El historiador y periodista matancero Alejandro Enrique repasó los orígenes de Mercedes-Benz en La Matanza, desde las gestiones de Jorge Antonio para instalar la empresa en el país hasta la construcción de la planta en Virrey del Pino. Además, reconstruyó cómo el proyecto industrial quedó atravesado por el golpe de 1955, la llegada de capitales alemanes y la presencia de Adolf Eichmann entre los técnicos vinculados a la fábrica.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
La historia de Mercedes-Benz en La Matanza está vinculada desde sus comienzos con uno de los períodos de mayor impulso de la industria nacional. Según reconstruyó Alejandro Enrique, el desembarco de la compañía en Argentina tuvo como protagonista a Jorge Antonio, un empresario de origen sirio-libanés que había trabajado como gerente de Aguirre, Mastro y Compañía, una firma dedicada a la comercialización de automóviles importados.
Por aquella empresa pasaban vehículos que eran adquiridos, entre otros, por organismos del Gobierno y diplomáticos. Fue en ese contexto que Jorge Antonio entró en contacto con Juan Domingo Perón, quien le encomendó una misión: viajar a Alemania para negociar la llegada de Daimler-Benz a la Argentina.
El columnista explicó que la empresa alemana se encontraba en una situación crítica luego de la Segunda Guerra Mundial. “Daimler Benz estaba destruida en un 80 por ciento después de la guerra. No quedaba casi nada en pie”, relató. La fábrica había sido utilizada también para la producción vinculada al esfuerzo bélico y, aunque no había sido completamente destruida por los bombardeos, se encontraba sin insumos y sin posibilidades de funcionar normalmente.
La negociación finalmente llegó a buen puerto y en 1951 Jorge Antonio se convirtió en presidente de Mercedes-Benz Argentina. Para Alejandro, ese desembarco tenía una característica particular: la Argentina buscaba tener un rol activo en las decisiones productivas de la compañía y no limitarse a recibir modelos definidos desde la casa matriz.
“Argentina iba a decidir qué fabricaba esa empresa y no como ocurre siempre que te traen los modelos que ellos quieren”, explicó el historiador. El proyecto comenzó inicialmente con una pequeña planta en San Martín, pero poco después la empresa adquirió una enorme extensión de tierras en Virrey del Pino, que involucró unas 140 hectáreas ubicadas en el kilómetro 43,500 de la Ruta 3.
La construcción de la planta avanzó hasta que el escenario político argentino cambió por completo en 1955. El golpe de Estado que derrocó al gobierno de Perón provocó la paralización de numerosos proyectos vinculados con aquella etapa de expansión industrial. La obra de Mercedes-Benz quedó detenida durante tres años, entre 1955 y 1958.
Con la llegada de Arturo Frondizi al gobierno, el proyecto volvió a ponerse en marcha, aunque bajo nuevas condiciones. La empresa dejó de estar vinculada directamente con el esquema que había impulsado Jorge Antonio y pasó a quedar bajo la tutela de la casa central alemana. William Massot asumió entonces la presidencia de Mercedes-Benz Argentina.
El cambio también tuvo consecuencias sobre el proyecto original. Durante los años en los que la construcción permaneció detenida, parte de la maquinaria que debía utilizarse para poner en funcionamiento la planta quedó obsoleta. Cuando la empresa retomó el control, una parte de esos equipos fue trasladada a Brasil.
Aun con esos cambios, la planta de La Matanza se convirtió en una de las grandes fuentes de empleo industrial de la zona. Mercedes-Benz llegó a contratar a más de 5.000 personas y tuvo además un papel destacado en la fabricación de vehículos para el transporte de pasajeros. “Fue la primera planta en Latinoamérica en construir los chasis para colectivos”, destacó el historiador.
La magnitud del proyecto generó una necesidad de mano de obra que La Matanza todavía no podía cubrir. Por eso, la empresa trasladaba diariamente trabajadores desde distintos puntos del conurbano. Enrique recordó que llegaban aproximadamente 50 micros desde diferentes zonas para llevar a los obreros hasta la planta, mientras que también arribaron técnicos e ingenieros especializados provenientes de Alemania.
No obstante, la historia de Mercedes-Benz en Virrey del Pino también quedó atravesada por uno de los episodios más particulares y oscuros de la posguerra: la presencia de Adolf Eichmann en Argentina.
Según relató Alejandro Enrique, este jerarca nazi que había participado en la organización de la deportación y exterminio de judíos durante el régimen nazi, ingresó al país utilizando una identidad falsa: Ricardo Klement y, posteriormente, estuvo vinculado laboralmente con Mercedes-Benz.
Este sujeto concurría cotidianamente a la planta y el seguimiento realizado por el Mossad permitió reconstruir sus movimientos habituales entre su vivienda en San Martín y la fábrica de La Matanza lo que permitió identificarlo antes de su captura.
El barrio que nació alrededor de la fábrica
El proyecto de Mercedes-Benz no contemplaba solamente la construcción de una planta industrial. La empresa también había planificado infraestructura para sus trabajadores, entre ella una escuela, un jardín y un barrio destinado a quienes formaban parte de la compañía. La idea original era mucho más ambiciosa: alojar a más de 2.000 habitantes, aunque finalmente se construyeron 185 viviendas, con una población estimada de unas 800 personas.
Según explicó, las casas eran entregadas gratuitamente a los trabajadores y la propia empresa se ocupaba de su mantenimiento. Existía incluso una figura encargada de controlar que las viviendas permanecieran en buenas condiciones. Si se rompía una canilla, la compañía enviaba un plomero; si había que pintar, mandaba un pintor. El objetivo era que los empleados pudieran vivir cerca de la fábrica y reducir así los problemas de traslado que implicaba llevar diariamente trabajadores desde distintos puntos del conurbano.
El proyecto también incluía un ferrocarril que debía conectar la planta con la zona de González Catán y Tristán Suárez, aunque esa planificación no llegó a concretarse de la manera prevista. Con el paso de las décadas, el barrio quedó como uno de los testimonios de aquel proyecto industrial que buscaba integrar producción, vivienda y servicios alrededor de la fábrica.
La historia más reciente, sin embargo, marca otro escenario: Mercedes-Benz dejó en los últimos años parte de su presencia en el territorio matancero y actualmente la producción de la Sprinter continúa bajo la empresa Prestige. De esta manera, aquella Mercedes-Benz que durante décadas fue una de las grandes protagonistas de la industria del sur de La Matanza ya no mantiene el mismo esquema empresarial que tuvo durante buena parte de su historia.
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