
Para No te Duermas, programa de Pulenta Stream, el economista Darío Banga analizó el último dato de inflación mayorista y explicó por qué su desaceleración no implica necesariamente una baja inmediata de los precios que enfrentan los consumidores.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
Además, comparó la evolución de ambos índices y advirtió por el impacto que tienen los servicios sobre el poder adquisitivo.
En primer lugar, explicó que, si bien existe una relación entre los precios mayoristas y minoristas, la evolución de uno no determina automáticamente qué sucederá con el otro. En ese sentido, remarcó que ambos indicadores atraviesan distintas etapas de la cadena de comercialización y que cada uno contempla diferentes componentes.
“Cuando hablamos de inflación mayorista, tenés cuatro eslabones en la cadena donde el precio va viajando. Primero el productor, el productor va al mayorista, mayorista al comercio y comercio al consumidor”, sintetizó Banga. A partir de esa lógica, señaló que el índice de precios mayoristas observa principalmente las primeras etapas, mientras que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) refleja lo que sucede en la instancia final, cuando los productos llegan al consumidor.
El economista se refirió particularmente al Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM), que registró una variación del 0,8 por ciento. Según explicó, este indicador contempla los precios de productos nacionales e importados que son vendidos en el mercado interno, mientras que existe también otro índice que mide los precios de los bienes producidos en la Argentina destinados al mercado interno.
Sin embargo, Dario puso el foco en los componentes que explicaron el resultado general del índice. Según detalló, una de las principales razones de la baja estuvo vinculada al comportamiento de los precios del petróleo y el gas. “Hubo una baja sustancial en una categoría que es el precio del petróleo y gas. Eso cayó 9,4 por ciento y 9,8, respectivamente e hizo tirar la división para abajo”, señaló.
Al mismo tiempo, aclaró que dentro del mismo indicador hubo sectores que registraron aumentos importantes. Como ejemplo, mencionó a la energía eléctrica, que tuvo una suba del 5,8 por ciento. De esta manera, el resultado final del 0,8 responde a la combinación de diferentes movimientos dentro de las categorías que componen el índice.
En cuanto a la evolución interanual, el economista planteó que tanto los precios mayoristas como los minoristas continúan moviéndose en niveles elevados. Según los números mencionados durante su análisis, el IPC acumula una variación interanual del 33,8 por ciento, mientras que el índice mayorista se ubica en torno al 31,8. “Van viajando al ritmo del 30 por ciento de inflación anual”, resumió.
A partir de esta comparación, consideró que el dato mayorista no debería ser utilizado de manera aislada para anticipar el comportamiento de la inflación que enfrentan las familias. Para Dario, es necesario observar qué ocurre con cada componente y cómo esos movimientos terminan repercutiendo en los ingresos de los hogares.
En ese punto, también realizó una comparación con períodos anteriores y reconoció que la inflación actual es inferior a la registrada durante otros gobiernos. “La realidad es que la de Javier Milei es mucho menor a la inflación de los gobiernos anteriores”, afirmó, pero sostuvo que la diferencia no puede analizarse únicamente a partir del porcentaje, sino también teniendo en cuenta la evolución de los salarios y del poder adquisitivo.
“Los gobiernos anteriores daban aumentos de salario, generaban políticas de Estado para que sea menos el costo”, planteó. Aun así, con niveles de inflación más elevados, los ingresos podían alcanzar para cubrir la mayor cantidad de las necesidades.
Para el economista, la discusión sobre la inflación no puede separarse de lo que sucede con los ingresos. Por eso, consideró que una reducción del índice no necesariamente significa que las familias estén en una mejor situación si, al mismo tiempo, destinan una parte cada vez mayor de sus salarios a cubrir gastos básicos.
“Una persona que gana 1,5 millones de pesos, tiene que pagar alquiler y servicio y ahí ya tenés el 90 por ciento del salario invertido ahí”, afirmó. En ese escenario, sostuvo que los recursos que anteriormente podían destinarse a la compra de alimentos u otros consumos terminan absorbidos por los gastos necesarios para sostener el hogar.
Por qué los servicios no aparecen en el índice mayorista
Uno de los puntos que Dario Banga marcó para diferenciar ambos indicadores es el tratamiento de los servicios. Según explicó, los servicios no están medidos dentro del índice mayorista, por lo que no se puede trasladar directamente su comportamiento al resultado del IPIM. En cambio, cuando esos costos llegan a la instancia que analiza el IPC, pueden intervenir otros factores vinculados con su precio final.
El economista mencionó particularmente el caso de la energía eléctrica: aunque puede registrarse un aumento en su componente mayorista, entre esa instancia y el consumidor pueden producirse modificaciones relacionadas con subsidios y otros factores internos. “Se llaman regulados porque están regulados por parte del Estado”, explicó.
Para Dario, esta diferencia es central para comprender por qué un dato mayorista bajo no necesariamente refleja el mismo comportamiento en el gasto cotidiano de las familias.
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