
La comunidad del Territorio ubicado en La Matanza impulsa espacios de formación artística que combinan práctica, memoria e historia.
Por Florencia Belén Mogno
Las expresiones culturales constituyen una herramienta fundamental para preservar la memoria de los pueblos y transmitir conocimientos que atraviesan generaciones. En distintos espacios comunitarios, los talleres artísticos no solo representan una oportunidad para aprender nuevas disciplinas, sino también para recuperar historias, tradiciones y formas de comprender el mundo que forman parte del patrimonio colectivo.
En ese contexto, las iniciativas vinculadas con las danzas tradicionales ocupan un lugar destacado por su capacidad para integrar aspectos históricos, sociales y simbólicos. Cada movimiento, cada vestimenta y cada melodía remiten a procesos culturales que continúan vigentes gracias al trabajo de organizaciones y colectivos que promueven su difusión.
A su vez, estas propuestas fortalecen el sentido de pertenencia de las comunidades. La posibilidad de encontrarse para compartir conocimientos, intercambiar experiencias y aprender de manera colectiva convierte a estos espacios en ámbitos de participación que trascienden la enseñanza artística y consolidan vínculos entre vecinos y vecinas.
En ese marco, desde el espacio comunitario Tres Ombúes se retomó el dictado de los talleres dedicados a las danzas del Altiplano, una actividad que forma parte de la continuidad de las propuestas culturales impulsadas en el Territorio emplazado en La Matanza
Una propuesta para la comunidad
La jornada de inauguración de este nuevo ciclo estuvo coordinada por Marcos Limachi y Cristian Filamita, quienes guiaron a las personas participantes a través de un recorrido que combinó práctica corporal, contexto histórico y reflexión sobre el origen de estas expresiones culturales.
Antes del inicio de la actividad, los coordinadores realizaron un sahumo como símbolo de buenos augurios tanto para el comienzo del taller como para el propio Territorio. Posteriormente ofrecieron una explicación histórica acompañada por bibliografía de consulta, con el propósito de brindar herramientas que permitieran comprender el significado de la danza antes de su práctica.
Durante los encuentros, uno de los ejes estuvo puesto en la Diablada, una manifestación originaria de Oruro que posee una profunda carga histórica y simbólica. Según explicaron, esta danza tiene sus raíces en las antiguas creencias del pueblo Uru, cuyos integrantes rendían culto a Wari, una deidad vinculada con los socavones y las profundidades de la tierra.
Con la llegada de la religión católica, esa figura fue reinterpretada y asociada al diablo, dando origen a un proceso de sincretismo religioso que transformó el sentido de la celebración. Desde entonces, la representación pasó a mostrar la lucha entre el bien y el mal, con un arcángel que conduce a los diablos devotos de Wari hacia la Virgen del Socavón.
Sin embargo, desde Tres Ombúes señalaron que, más allá de esa reinterpretación religiosa, la figura del diablo continúa siendo el personaje más representativo de la danza y recordaron que muchos trabajadores mineros aún mantienen viva la devoción hacia Wari, a quien actualmente identifican como el “Tío”.
Características de una propuesta
Asimismo, los organizadores destacaron que la elección de Tres Ombúes como sede del taller respondió a la posibilidad de desarrollar estas prácticas en un espacio que favorece la conexión entre el movimiento, la historia y el territorio. De esa manera, cada encuentro busca recuperar el contexto social, las costumbres y los momentos históricos en los que surgieron estas expresiones culturales.
Finalmente, desde la organización remarcaron que las actividades culturales forman parte del mismo compromiso que sostienen en la defensa y el cuidado del Territorio. En ese sentido, afirmaron que preservar el espacio también implica generar instancias de transmisión de conocimientos ancestrales y fortalecer las identidades populares mediante propuestas abiertas a toda la comunidad.
De este modo, los talleres continúan consolidándose como espacios donde la cultura, la memoria y la participación colectiva convergen para mantener vivas tradiciones que forman parte de la historia de los pueblos andinos y que encuentran en iniciativas comunitarias una oportunidad para proyectarse hacia las nuevas generaciones.
Fuente fotografías: redes sociales.
ler respondió a la posibilidad de desarrollar estas prácticas en un espacio que favorece la conexión entre el movimiento, la historia y el territorio. De esa manera, cada encuentro busca recuperar el contexto social, las costumbres y los momentos históricos en los que surgieron estas expresiones culturales.
Finalmente, desde la organización remarcaron que las actividades culturales forman parte del mismo compromiso que sostienen en la defensa y el cuidado del Territorio. En ese sentido, afirmaron que preservar el espacio también implica generar instancias de transmisión de conocimientos ancestrales y fortalecer las identidades populares mediante propuestas abiertas a toda la comunidad.
De este modo, los talleres continúan consolidándose como espacios donde la cultura, la memoria y la participación colectiva convergen para mantener vivas tradiciones que forman parte de la historia de los pueblos andinos y que encuentran en iniciativas comunitarias una oportunidad para proyectarse hacia las nuevas generaciones.
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