Edición N° 9151
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Movilidad en crisis: el transporte público y una presión creciente sobre la vida cotidiana

Crisis. El transporte público y una presión creciente.
Crisis. El transporte público y una presión creciente.

Las dificultades para sostener servicios eficientes en el transporte público vuelven a exponer una problemática estructural que atraviesa al Área Metropolitana de Buenos Aires.

Por Florencia Belén Mogno

En los grandes centros urbanos, el transporte público no es solamente una herramienta de traslado, sino una pieza fundamental en la organización social y económica. Cuando los servicios funcionan de manera deficiente, las consecuencias exceden el viaje en sí mismo: afectan la puntualidad laboral, el acceso a la educación, la atención médica y la posibilidad de sostener actividades cotidianas básicas.

En el Conurbano bonaerense, esa dependencia se vuelve todavía más evidente por la extensión territorial y la concentración de trabajadores que necesitan trasladarse diariamente hacia distintos puntos del Área Metropolitana. Colectivos, trenes y otros servicios conforman una red indispensable para sostener la dinámica de millones de hogares, especialmente en sectores donde el transporte privado no representa una alternativa posible.

Por eso, cualquier deterioro en esa estructura repercute de forma inmediata en la vida diaria. La reducción de frecuencias, la falta de mantenimiento y la sobrecarga operativa no solo generan molestias, sino que profundizan tensiones sociales y económicas en un contexto donde cada hora perdida y cada gasto adicional pesan cada vez más sobre los ingresos familiares.

En ese sentido y de acuerdo con el material al que accedió Diario NCO, durante las últimas semanas, el sindicato La Fraternidad, que representa a los maquinistas ferroviarios, advirtió sobre una caída del 33 por ciento en las frecuencias de trenes de pasajeros en el AMBA durante la actual gestión.

El sistema ferroviario, bajo presión

En sintonía con lo planteado anteriormente, el documento facilitado a este medio señaló que esta disminución responde a un deterioro acumulado en el mantenimiento, la infraestructura y la disponibilidad de trabajadores.

Según explicaron, la menor cantidad de servicios se relaciona con la falta de repuestos, la reducción del material rodante y la salida de personal sin reemplazo. Esta situación fue generando una estructura más limitada para sostener la operación diaria, especialmente en las líneas más utilizadas por quienes viajan desde el Conurbano hacia distintos puntos del área metropolitana.

Desde el sindicato también remarcaron que los salarios del sector registraron una pérdida superior al 40 por ciento en términos reales, lo que impactó directamente en la permanencia de trabajadores dentro del sistema. La reducción de la dotación operativa, sumada al desgaste de las vías y de las formaciones, terminó afectando de forma directa la frecuencia de los trenes.

El problema no se limita al transporte de pasajeros. En el caso de los trenes de carga, La Fraternidad informó que tanto las formaciones estatales como privadas circulan a una velocidad promedio de apenas 15 kilómetros por hora, mientras que se registran en promedio tres descarrilamientos diarios, en su mayoría vinculados a fallas de infraestructura.

Larga distancia y falta de planificación

Otro de los puntos señalados fue la situación de los servicios de larga distancia, donde gran parte de los recorridos dejaron de funcionar o presentan fuertes irregularidades. En varias provincias, algunos ramales permanecen suspendidos y otros operan de manera intermitente, lo que profundiza el aislamiento de distintas localidades que históricamente dependieron del tren como principal conexión.

También se advirtió sobre servicios regionales con restricciones permanentes, una situación que refuerza la sensación de retroceso en un sistema que durante décadas estructuró buena parte de la movilidad nacional. La falta de continuidad y previsibilidad termina debilitando no solo la operatoria, sino también la confianza de los usuarios.

Desde La Fraternidad sostuvieron que el sistema atraviesa un proceso de reducción sostenida de prestaciones y remarcaron la ausencia de una política ferroviaria a largo plazo que permita revertir esta tendencia. En paralelo, señalaron que continúa abierto el debate sobre el modelo de gestión, en medio de propuestas oficiales que impulsan una mayor participación privada en la operación ferroviaria.

Mientras tanto, en los andenes del Conurbano la discusión se traduce en algo mucho más concreto: esperar más, viajar peor y depender de un servicio que cada vez ofrece menos respuestas. La crisis ferroviaria no se mide solo en estadísticas, sino en el tiempo perdido de millones de personas que siguen necesitando al tren para sostener su rutina cotidiana.

Fuente fotografías: redes sociales.

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