
Un informe sobre la evolución de los principales indicadores socioeconómicos expuso el fuerte deterioro que atravesó el conurbano bonaerense durante el último período.
La situación económica en la provincia de Buenos Aires continuó mostrando señales de deterioro durante los últimos meses, especialmente en el conurbano bonaerense, donde el impacto del ajuste se sintió con mayor intensidad. La pérdida del poder adquisitivo, la retracción del empleo formal y el aumento sostenido de los gastos esenciales configuraron un escenario de creciente preocupación social.
Uno de los principales indicadores que reflejó esta tendencia fue la suba de la desocupación, que alcanzó niveles superiores al promedio nacional. La caída de la actividad económica, junto con el freno en distintos sectores productivos y comerciales, profundizó las dificultades para sostener puestos de trabajo y afectó especialmente a los trabajadores registrados del sector privado.
A esto se sumó el deterioro del consumo interno, impulsado por el incremento de precios en rubros básicos como alimentos, servicios públicos y vivienda. La pérdida de capacidad de compra no solo impactó en los hogares, sino también en pequeñas y medianas empresas que enfrentaron una fuerte retracción en ventas, mayores costos operativos y dificultades para sostener su funcionamiento.
Según el documento al que accedió Diario NCO, el instituto ISEPCI dn conjunto con otros organismos como el IDEAL de La Matanza, presentaron un informe en el que alertaron que la desocupación trepó al 9,5 por ciento en el cuarto trimestre de 2025, ubicándose dos puntos por encima del total país. Además, se perdieron 96.243 puestos de trabajo registrados, una cifra que reflejó con claridad la profundidad del deterioro laboral en el territorio bonaerense.
Empleo, salarios y empresas en retroceso
El informe también señaló que los salarios de los trabajadores registrados privados del Gran Buenos Aires estuvieron entre los que más poder adquisitivo perdieron en todo el país, solo por detrás de Tucumán y Tierra del Fuego. Medido con la canasta actualizada de 2017/2018, el salario real cayó un 8 por ciento desde noviembre de 2023, mientras que el promedio nacional fue de 7,3 por ciento.
Esta diferencia respondió, entre otros factores, a que el índice oficial subestimó el peso que tuvieron las tarifas dentro del presupuesto familiar, especialmente en una región donde los servicios públicos y los costos de vivienda absorbieron una parte cada vez mayor de los ingresos. A eso se sumó el perfil productivo de la provincia, más expuesto a la desaceleración industrial y comercial.
El impacto también alcanzó al entramado empresarial. Según el informe de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), cerraron 5.364 empresas en la provincia de Buenos Aires, una cifra que dejó en evidencia la fragilidad del sector productivo frente al contexto económico y la dificultad de muchas firmas para sostener la actividad.
Consumo en baja y suba de los gastos esenciales
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) registró además una caída del 5,1 por ciento en el consumo en supermercados, un dato que reflejó la reducción del gasto cotidiano de las familias. La menor capacidad de compra se tradujo en cambios de hábitos, menor volumen de consumo y una fuerte priorización de los productos básicos frente a otros consumos.
En paralelo, los jubilados bonaerenses continuaron percibiendo ingresos por debajo de la media nacional, lo que profundizó la vulnerabilidad de uno de los sectores más afectados por la inflación y el encarecimiento de los servicios esenciales. El acceso a medicamentos, alimentos y servicios básicos se volvió cada vez más complejo para una gran parte de la población mayor.
El informe destacó además que el Índice de Precios al Consumidor acumulado entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 para alimentos en el Gran Buenos Aires alcanzó el 276 por ciento, superando incluso el nivel nacional, que se ubicó en 273 por ciento. Esta diferencia confirmó que el impacto inflacionario en el conurbano tuvo una intensidad mayor que en otras regiones del país.
Por su parte, los gastos en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles registraron aumentos de hasta el 493 por ciento en el último año. Estos incrementos golpearon de forma directa a los sectores medios y populares, que debieron destinar una proporción cada vez más alta de sus ingresos a cubrir necesidades básicas.
Un ajuste con impacto territorial definido
El análisis general dejó una conclusión contundente: el ajuste tuvo una geografía clara y el conurbano bonaerense pagó la mayor parte de la cuenta. Allí se concentraron los efectos más visibles de la caída del empleo, el deterioro salarial, el cierre de empresas y el encarecimiento de la vida cotidiana.
La combinación de desempleo, pérdida de poder adquisitivo y aumento de tarifas generó un escenario de fuerte presión social que impactó tanto en los hogares como en la estructura productiva. La fragilidad económica se volvió más evidente en una región históricamente atravesada por altos niveles de densidad poblacional y una fuerte dependencia del empleo formal e informal.
Frente a este panorama, distintos sectores advirtieron sobre la necesidad de impulsar políticas que permitan recuperar el empleo, fortalecer el consumo interno y aliviar el peso de los servicios esenciales sobre los ingresos familiares. La evolución de estos indicadores mostró que detrás de cada porcentaje hubo una consecuencia concreta sobre la vida diaria de millones de bonaerenses.
Fuente fotografías: redes sociales.
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