
El miembro de la Fundación Astor Piazzolla y columnista del programa, José Vicente Boesmi, dialogó en exclusiva con “Universo de Tangos”, que se emite por Radio NCO con la conducción de Carlos Alberto Scavuzzo, acerca del legado del compositor argentino y de su rol en la organización en su honor.

El especialista sentenció que las personas que se interesan por la obra del histórico bandoneonista “se amplía cada vez más” y que en las redes sociales reciben calurosos y afectivos elogios “desde Japón hasta donde vos te imagines”, lo cual hace que se llena de satisfacción.
Además, describió cuál es su rol en la fundación: “Gracias a Dios, después de varios años de muchas colaboraciones, ahora lo estoy haciendo formalmente en la parte que tiene que ver con todos los materiales audiovisuales para diferentes exposiciones que se van a dar junto con los conciertos, dónde se van a mostrar aspectos de la vida de él”.

“La asociación es presidida por Laura Escalada Piazzolla, que fue su mujer hasta el final, y el vicepresidente es Daniel Villaflor Piazzolla, hijo de Diana Piazzolla y nieto de Astor, una persona muy correcta que vino hacia mí a buscar mi colaboración y con mucho gusto lo hice. Con él estamos trabajando bastante firmes para que podamos lograr el mejor resultado”, añadió.
A su vez, sentenció que selecciona cuidadosamente el material a exponer para que “tenga el mismo nivel” que la parte musical y reveló que lo conoció en los años 60, cuando volvió de “su fracasada experiencia” en los Estados Unidos, a partir de la creación de “El quinteto nuevo tango”.

Lo que significa la música de Piazzolla
Boesmi desnudó toda su admiración por la obra de Astor y detalló que para él significa “todo un mundo de percepciones, emociones e imágenes” que le hacen sentir a Buenos Aires “en todas sus dimensiones”, sumado a que sus notas, compases y melodías “componen la película de su vida”.
“Yo camino por la Ciudad y siempre me escolta la canción de Piazzolla. Además, es la música que me acompañó en otros lugares. El único fin que conocía era el de llegar a los límites de la evolución del tango, sin perder su esencia fundamental, que es la porteñidad”, agregó el experto.
También, señaló el motivo por el que está tan abocado a difundir las armonías de Astor: “A veces yo mismo sueño con tocar como él y, aunque sabía que era imposible, siempre quise estar cerca de alguna manera, y lo hice estudiando su vida, tratando de comprender su canción y la riqueza de su obra y, finalmente, difundiéndolo en imágenes y sonidos”.
En tanto, detalló la personalidad del popular intérprete como “un ser nacido con cualidades y dones especiales”, los cuales le permitieron sobrellevar frustraciones y desencantos que tuvo en gran cantidad, pero también a aprender de ellos”, y sumó que realizó algo muy importante: “Dejó atrás el género bailable y lo convirtió en música para escuchar”.

Los tres momentos que lo definieron
Según el miembro de la Fundación Astor Piazzolla, el primer momento importante en la carrera del compositor fue cuando, en 1929 y a los 8 años de edad, su padre le regaló algo que “marcaría su destino”: nada más ni nada menos que un bandoneón.
En segundo lugar, Boesmi notificó lo que ocurrió en 1939, momento en el que llegó a Buenos Aires: “Pasó por varias orquestas y todos lo veían un niño inquieto que no aceptaba límites, pero poco a poco se fue metiendo en el mundo de la noche. Así vio a Aníbal Troilo y se obsesionó con tocar con él. Lo logró cuando uno de los bandoneonistas se enfermó y así lo reemplazó”.
Al tercer momento siempre lo menciona como un punto de inflexión en su vida: en 1954, pensando en dejar el tango y dedicarse la música clásica, ganó un concurso de composición en Buenos Aires tuvo la posibilidad de irse a estudiar a París con la gran Nadia Boulanger, quien, al oír una pieza de tango, le dijo que ‘ese era el verdadero Piazzolla’ y que ‘no lo abandone jamás’”.
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