
Mientras los índices generales intentan mostrar una desaceleración inflacionaria, en los barrios populares del conurbano bonaerense el precio de la carne vacuna sigue una lógica propia.
Por Florencia Belén Mogno
La inflación suele medirse en porcentajes generales que intentan resumir el comportamiento de toda la economía, pero en la vida cotidiana el impacto se siente de forma mucho más desigual. No todos los productos aumentan al mismo ritmo ni todos los hogares enfrentan las mismas condiciones para sostener el consumo básico, especialmente en los sectores populares donde cada variación modifica hábitos y prioridades.
En ese escenario, los alimentos continúan siendo el principal termómetro social. Cuando suben los precios de los productos esenciales, no solo se resiente el poder adquisitivo, sino también la posibilidad concreta de garantizar una alimentación adecuada. En los barrios del conurbano bonaerense, esa presión se vuelve más visible porque gran parte de las compras se realizan en comercios de cercanía, donde los aumentos suelen sentirse con mayor rapidez.
La carne vacuna ocupa un lugar central dentro de esa problemática. Históricamente asociada al consumo cotidiano de las familias argentinas, hoy se transformó en uno de los productos más difíciles de sostener dentro del presupuesto mensual. La suba de los cortes tradicionales obliga a reemplazos, reduce cantidades y altera hábitos profundamente arraigados en la mesa familiar.
En este contexto, un relevamiento del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci), al que accedió Diario NCO, mostró que en carnicerías de barrios populares de 20 distritos del Gran Buenos Aires algunos cortes registraron aumentos de hasta el 98,71 por ciento durante el primer trimestre de 2026. El dato expone una realidad mucho más dura que la reflejada por los índices generales de inflación.
Carnicerías bajo presión
Según el informe, mientras la inflación promedio del trimestre fue del 9,4 por ciento, en las carnicerías del conurbano los precios avanzaron a otro ritmo. La nalga encabezó la lista con una suba cercana al 100 por ciento, seguida por la carnaza con 86,29 por ciento, el asado con 81,48 por ciento, la paleta con 75,79 por ciento y la carne picada con 49,46 por ciento.
El relevamiento también indicó que tanto la Canasta Básica Total (CBT) como la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registraron una suba del 14,07 por ciento en las zonas más rezagadas del Gran Buenos Aires, superando ampliamente los datos informados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que ubicó esos incrementos en 9,6 y 11,6 por ciento respectivamente.
Esta diferencia refleja una situación estructural: los comercios de cercanía de los barrios populares muestran aumentos más pronunciados que los grandes supermercados o cadenas integradas, lo que termina castigando con mayor fuerza a los sectores de menores ingresos.
La inflación no se distribuye igual
Isaac Rudnik, director del Isepci, sostuvo que la desaceleración inflacionaria no logró sostenerse y que el impacto real sobre los productos básicos continúa profundizándose. Según explicó, más allá de las discusiones técnicas sobre porcentajes o mediciones oficiales, la pérdida de poder adquisitivo se vuelve evidente en la vida cotidiana de las familias trabajadoras.
El instituto realiza de forma periódica relevamientos en almacenes, verdulerías, carnicerías y pescaderías de distintos barrios del conurbano. Allí se observó que los productos de almacén aumentaron un 10,66 por ciento y los de verdulería un 8,31 por ciento, mientras que las carnicerías mostraron un salto mucho más abrupto, con un promedio general del 20,60 por ciento.
Dentro de los productos cárnicos, el pollo y el pescado ayudaron a moderar parcialmente ese promedio, con subas de 19,77 y 45,26 por ciento respectivamente. Sin embargo, la carne vacuna volvió a consolidarse como el principal factor de presión dentro de la canasta alimentaria.
El consumo cambia por obligación
El tomate fue una de las pocas excepciones del trimestre, con una baja del 2,58 por ciento, acompañado por aumentos menores en productos como el zapallo, el puré de tomates y la leche entera. Pero el resto del mapa alimentario mostró una tendencia mucho más agresiva, especialmente en frutas y productos de almacén.
La manzana subió 55,55 por ciento y la banana 49,23 por ciento, mientras que también se registraron fuertes aumentos en aceite mezcla, pan, huevos, zanahoria y pera. Esto demuestra que el problema no se limita únicamente a la carne, sino que atraviesa buena parte de la alimentación cotidiana.
Cuando los alimentos básicos se vuelven inaccesibles, el ajuste deja de ser una categoría económica para transformarse en una experiencia diaria. En los barrios populares del conurbano, la inflación no se mide en estadísticas: se mide en porciones más chicas, reemplazos forzados y decisiones familiares atravesadas por la urgencia.
Fuente fotografías: redes sociales.
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