Edición N° 9175
Cultura

Sergio De Cicco y el desafío de convertir la adversidad en una nueva forma de mirar

Sergio De Cicco y el desafío de convertir la adversidad.
Sergio De Cicco y el desafío de convertir la adversidad.

En su libro “Me dijeron no hay nada más que hacer”, el óptico técnico y contactólogo reconstruyó una experiencia personal atravesada por la pérdida, el dolor y la superación.

Por Florencia Belén Mogno

Hay historias que no comienzan desde una elección consciente, sino a partir de un hecho inesperado que modifica por completo el rumbo de una vida. En “Me dijeron no hay nada más que hacer”, Sergio De Cicco partió precisamente de ese momento de quiebre, de esa instancia en la que todo parecía detenerse y donde fue necesario reinventar el camino.

Durante su adolescencia, cuando tenía apenas 14 años, un accidente doméstico cambió su realidad para siempre. La pérdida de su ojo izquierdo no solo representó una consecuencia física irreversible, sino también una herida emocional profunda que lo enfrentó con el dolor, la incertidumbre y la necesidad de reconstruirse desde otro lugar.

Sin embargo, la obra no quedó detenida en el recuerdo traumático ni en la descripción del sufrimiento. El eje principal estuvo puesto en el proceso posterior: en la manera en que aquella experiencia se transformó en impulso, en aprendizaje y en una nueva forma de entender tanto la vida personal como el ejercicio profesional.

Del límite impuesto a la búsqueda de nuevas respuestas

El título del libro resumió ese instante decisivo. “Me dijeron no hay nada más que hacer” sintetizó la frase que muchas veces aparece como una sentencia definitiva, como una puerta que parece cerrarse sin posibilidad de regreso. Pero en este caso, también funcionó como el inicio de otra historia.

A lo largo del relato, De Cicco retomó esa expresión para resignificarla por completo. Lo que en un primer momento se presentó como un diagnóstico final terminó convirtiéndose en una motivación para avanzar, para cuestionar los límites impuestos y para descubrir nuevas posibilidades donde parecía no haberlas.

De este modo, el libro transitó entre el dolor y la determinación, mostrando cómo una cicatriz no necesariamente desaparece, sino que puede integrarse como parte de una identidad reconstruida. La experiencia dejó de ser únicamente una pérdida para convertirse en una forma distinta de mirar el mundo.

La experiencia personal como herramienta profesional

Esa vivencia no permaneció encerrada en el pasado, sino que se proyectó directamente en su presente laboral. Actualmente, Sergio De Cicco se consolidó como una figura reconocida en Argentina y en distintos países de Latinoamérica por su trabajo vinculado a la baja visión, la neuroplasticidad visual y la rehabilitación óptica avanzada.

En su abordaje profesional, el especialista cuyos centros de trabajo se ubican en La Matanza y CABA, combinó innovación tecnológica con una metodología propia basada en la localización funcional del PRL (Preferred Retinal Locus), una zona alternativa de la retina que puede entrenarse cuando la visión central se encuentra afectada.

En ese aspecto, cabe destacar que a través de estimulación personalizada, prismas y filtros terapéuticos, el trabajo de De Cicco se apoyó en la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse.

Lejos de tratarse de un relato aislado, el libro mantuvo un vínculo directo con esa práctica clínica. Haber atravesado personalmente una pérdida visual le permitió construir una mirada más cercana y empática hacia quienes enfrentaban situaciones similares, convirtiendo su experiencia en una herramienta concreta de acompañamiento.

Una obra que abre nuevos caminos

“Me dijeron no hay nada más que hacer” no se presentó como un punto final, sino como el comienzo de una nueva etapa. La frase que dio nombre al libro dejó de representar una conclusión cerrada para transformarse en una invitación a seguir buscando respuestas.

En ese sentido, el libro trascendió el plano autobiográfico. Aunque nació desde una experiencia profundamente personal, logró proyectarse hacia quienes atraviesan situaciones que parecen no tener salida. La posibilidad de no aceptar el diagnóstico como destino definitivo se convirtió en uno de los mensajes centrales del texto.

Así, Sergio De Cicco no solo reconstruyó su propia historia, sino que decidió ponerla en circulación para que también pudiera servir a otros. La transformó en relato, en acompañamiento y en puente. Porque incluso cuando todo parece determinado, todavía puede existir la posibilidad de volver a empezar.

Fuente fotografías: prensa Sergio De Cicco @sgprensaydifusion

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