
Un relevamiento del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) advirtió que cada vez más jóvenes de barrios populares del distrito encuentran en el trabajo informal una estrategia de subsistencia.
Por Florencia Belén Mogno
El mercado laboral atraviesa una profunda transformación, especialmente entre los sectores más jóvenes. Las dificultades para acceder a un empleo registrado, sumadas al aumento del costo de vida y a la pérdida del poder adquisitivo, modificaron las formas de inserción laboral y consolidaron nuevas estrategias para generar ingresos.
En los barrios populares, el trabajo por cuenta propia dejó de representar una alternativa ocasional para convertirse en una necesidad cotidiana. Las changas, los pequeños emprendimientos familiares, las ventas por redes sociales y las tareas vinculadas a plataformas digitales comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante en la economía de miles de hogares.
Esta realidad adquiere una dimensión particular en distritos populosos como La Matanza, donde una parte importante de la población joven enfrenta mayores dificultades para acceder a empleos estables. En ese escenario, la precarización laboral se combina con un creciente desencanto respecto del futuro económico y de las respuestas ofrecidas por el sistema político.
Un panorama que preocupa en los barrios populares
Un relevamiento realizado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), elaborado por Rodrigo Zarazaga junto a Gonzalo Elizondo y Luis Schiumerini, reflejó esta situación entre jóvenes de entre 16 y 24 años que viven en barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires. El estudio, realizado entre mayo y junio sobre 964 casos, incluyó distritos como La Matanza, San Miguel, San Martín, Quilmes y Lomas de Zamora.
De acuerdo con la investigación, el 75 por ciento de los consultados consideró que su situación económica empeoró durante el último año. Además, el 60 por ciento afirmó que su hogar tuvo que reducir gastos y consumos, mientras que cuatro de cada diez jóvenes señalaron que incluso fue necesario disminuir la compra de alimentos.
El informe también reveló que el 57 por ciento de los encuestados manifestó que su familia debió pedir dinero prestado para afrontar gastos básicos. En la mayoría de los casos, el endeudamiento se produjo mediante familiares, amigos o prestamistas informales, un dato que refleja las dificultades para sostener la economía cotidiana.
El trabajo informal como principal alternativa
La investigación sostuvo que el cuentapropismo dejó de ser una elección para convertirse en la principal estrategia de supervivencia de numerosos jóvenes. En barrios de La Matanza y otros municipios del conurbano, las changas, el reparto, los pequeños emprendimientos y la reventa de productos pasaron a ocupar el lugar que antes representaban los empleos registrados.
En esa línea, un informe de la consultora Empiria indicó que los menores de 29 años constituyen el grupo más afectado por la caída del empleo. Según ese trabajo, la ocupación retrocedió un 8 por ciento interanual entre los varones jóvenes y un 4 por ciento entre las mujeres.
Por su parte, el sociólogo Daniel Schteingart, de Fundar, señaló en el reporte que el crecimiento del empleo se concentra actualmente en actividades como plataformas digitales, gastronomía, comercio y pequeños emprendimientos. También advirtió un aumento sostenido del cuentapropismo femenino, impulsado por la necesidad de complementar los ingresos familiares.
El malestar económico también impactó en la política
El estudio del CIAS mostró que las dificultades económicas comenzaron a influir en las percepciones políticas de los jóvenes. Si bien La Libertad Avanza conservó una parte importante del respaldo obtenido en las elecciones de 2023, el informe detectó una disminución del apoyo entre quienes atravesaron mayores dificultades económicas.
Entre los jóvenes cuyos hogares redujeron consumos, el 53 por ciento afirmó que volvería a votar al oficialismo, mientras que ese porcentaje ascendió al 64 por ciento entre quienes no experimentaron ese deterioro.
Al mismo tiempo, el relevamiento señaló que una parte de quienes dejaron de identificarse con el oficialismo tampoco manifestó intención de regresar al peronismo, sino que se inclinó por el voto en blanco, la abstención o respondió que aún no definió su voto.
Los resultados del trabajo también evidenciaron un fuerte cuestionamiento hacia los movimientos sociales, cuyo nivel de rechazo alcanzó el 86 por ciento entre los jóvenes consultados.
En conjunto, los datos reflejaron un escenario donde las preocupaciones inmediatas por el empleo, los ingresos y la posibilidad de llegar a fin de mes comenzaron a desplazar otras discusiones y pusieron de manifiesto los desafíos que enfrenta una generación que intenta construir su futuro en un contexto de creciente precarización laboral.
Fuente fotografías: redes sociales.
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