
A 25 años de su fallecimiento, la figura del primer intendente del Distrito tras el retorno de la democracia continúa vinculada a la historia política y social del municipio.
Por Florencia Belén Mogno
Las figuras que dejaron una huella en la historia política de un territorio suelen ser recordadas por los cargos institucionales que ocuparon, aunque sus trayectorias muchas veces exceden ampliamente esas funciones.
La historia de Federico Russo constituye uno de esos casos, ya que su recorrido estuvo atravesado por distintas etapas de la vida política y social argentina que marcaron su formación y su manera de entender la militancia.El primer intendente de La Matanza elegido tras el retorno de la democracia fue una personalidad que trascendió el formato institucional y se convirtió en una referencia central de la política matancera.
En su columna del programa No Te Duermas, emitido por Pulenta Stream, Alejandro Enrique repasó parte de la historia de Russo y puso el foco en los distintos momentos que atravesaron su vida. El dirigente había nacido en marzo de 1927 y, de acuerdo con el recorrido histórico reconstruido por Enrique, su infancia estuvo lejos de La Matanza, aunque con el paso de los años se convertiría en una de las figuras políticas más identificadas con el distrito.
Los primeros años y el encuentro con el mundo del trabajo
Federico Russo nació en Open Door, localidad cercana a Luján, y durante sus primeros años vivió junto a sus padres en una zona rural de la periferia lujanense. Allí conoció desde muy pequeño las dificultades vinculadas con el trabajo de campo y colaboró con su familia en las tareas de la quinta.
En ese sentido, su infancia estuvo atravesada por el esfuerzo cotidiano. Además de participar de las actividades rurales, desde muy joven ayudó con el amasado y la venta de pan casero, de esa manera, Russo comenzó a conocer de cerca las condiciones de los trabajadores rurales y las dificultades que atravesaban los pequeños productores.
Durante la década de 1940, Russo y su familia se trasladaron hacia el Gran Buenos Aires. La llegada del peronismo y la transformación de la estructura productiva de la región marcaron una nueva etapa en su vida.
La familia se instaló en Tres de Febrero y allí Russo comenzó a acercarse al mundo fabril. Trabajó como ayudante en la industria del calzado junto a uno de sus cuñados y realizó una de sus primeras incursiones en el oficio de zapatero. Esa experiencia laboral, sumada al contexto político de aquellos años, comenzó a formar parte de un proceso que posteriormente tendría una fuerte incidencia en su trayectoria militante.
Los años de juventud
En 1948 llegó el momento de cumplir con el servicio militar obligatorio. Russo realizó la denominada “colimba” durante un año, aunque permaneció dos años más en el regimiento luego de ofrecerse para desempeñarse como encargado de cocina. Finalmente decidió abandonar esa actividad y regresar al ámbito privado.
En 1951, junto a uno de sus cuñados, abrió una pequeña industria dedicada a la fabricación de calzado de lujo para mujeres. El emprendimiento consiguió construir su propio mercado y representó una nueva etapa dentro de su recorrido laboral.
Poco después, Russo se trasladó a Villa Insuperable, en las cercanías de Lomas del Mirador, donde su vida comenzaría a quedar cada vez más vinculada con los acontecimientos políticos que atravesaba el país.
Del taller de calzado a la Resistencia peronista
Por otra parte, Alejandro Enrique relató que el derrocamiento de Juan Domingo Perón significó un punto de inflexión en la vida política de Russo. Antes de ese momento había intentado ingresar al Frigorífico Nacional de Buenos Aires, conocido posteriormente como Frigorífico Lisandro de la Torre, pero no logró hacerlo debido a que no estaba afiliado al peronismo.
Tras ese período, se instaló en la calle Charcas, en Villa Insuperable, y abrió un taller de compostura de calzado denominado El Rápido. Allí, además de desarrollar su actividad laboral comenzó a profundizar su acercamiento al peronismo.
El contexto político de la época estuvo marcado por la persecución de militantes peronistas y por la prohibición de las expresiones vinculadas con el movimiento. Los fusilamientos de junio de 1956 representaron uno de los acontecimientos que marcaron a Russo y contribuyeron a fortalecer su compromiso con la militancia.
En ese aspecto, su taller de calzado comenzó entonces a adquirir otra dimensión. El espacio se transformó en un lugar de encuentro para militantes perseguidos y funcionó como una suerte de unidad básica en un momento en el que esas estructuras no podían desarrollarse.
Russo combinó su trabajo con la militancia y comenzó a incorporarse a la Coordinación Operativa de la Resistencia, una organización de carácter horizontal que desarrollaba distintas acciones destinadas a mantener vigente la identidad peronista.
A partir de 1959, el taller adquirió un papel significativo dentro de la circulación clandestina de los mensajes de Juan Domingo Perón. Hasta allí llegaban discos en los que el expresidente enviaba mensajes al pueblo argentino y cartas destinadas a sus militantes.
Una de esas reuniones terminó con la intervención policial y la detención de Russo a fines de 1959. Primero fue trasladado a la cárcel de Buenos Aires, ubicada en la calle Las Heras, y posteriormente fue confinado en Esquel, en la Patagonia.
El regreso y la construcción de un referente matancero
La libertad de Russo llegó el 1 de enero de 1960, luego de la intervención de uno de los abogados de Perón. Sin embargo, la condición para recuperar su libertad fue que abandonara el país. Por ese motivo se trasladó a Uruguay, donde atravesó un período marcado por importantes dificultades económicas y personales.
Tiempo después regresó a la Argentina y retomó paulatinamente su actividad militante. Su vínculo con referentes del peronismo volvió a fortalecerse y, a nivel local, comenzó a participar de la construcción política que buscaba recuperar espacios institucionales para el movimiento y fue primer candidato a concejal. Sin embargo, la situación política de La Matanza impidió que ese proyecto pudiera concretarse.
Lejos de abandonar la actividad política, Russo ingresó al Palacio Municipal en 1963 como trabajador municipal. Tres años después, en 1966, fue trasladado al área de cafetería y pasó a desempeñarse como jefe.
Aquel espacio resultó fundamental para su trayectoria. Desde allí comenzó a conocer los distintos sectores de la estructura municipal, sus dinámicas internas y a buena parte de la planta de trabajadores.
A partir de 1968 comenzó a activar con mayor intensidad y a consolidar una presencia que, con el paso de los años, lo convertiría en uno de los principales referentes de la política de La Matanza. Su recorrido desde aquella infancia rural en las cercanías de Luján hasta los espacios de poder del distrito había atravesado el trabajo, la persecución política, la clandestinidad, la cárcel, el exilio y la estructura municipal.
La historia de Federico Russo, de esta manera, no quedó reducida a su posterior llegada a la intendencia. Su figura se construyó durante décadas de militancia y de participación en distintos momentos de la historia argentina, hasta convertirse en uno de los nombres centrales de la política matancera y en una personalidad cuyo recorrido excedió ampliamente los límites de un cargo institucional.
Fuente fotografías: Pulenta Stream.
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