
Una investigación de la UNLaM analizó el perfil de los productores locales y aportó datos inéditos sobre sus formas de trabajo, uso de la tierra y dinámicas productivas.
Por Florencia Belén Mogno
La agricultura familiar se consolidó como un componente clave dentro del sistema productivo, al ocupar un lugar estratégico en la provisión de alimentos a nivel nacional. Este sector, sostenido en gran medida por el trabajo de las familias, adquirió relevancia tanto por su capacidad productiva como por su presencia extendida en distintos territorios.
En ese marco, su desarrollo estuvo atravesado por múltiples condicionantes, entre ellos la informalidad y las dificultades para adaptarse a normativas vigentes. A pesar de ello, su peso dentro del entramado agropecuario resultó significativo, ya que reunió a una gran parte de los productores del país.
Desde esta perspectiva, el análisis de las características específicas de esta práctica se volvió necesario para comprender su funcionamiento, sus desafíos y su potencial dentro de la economía regional.
En ese sentido y de acuerdo con el material al que accedió Diario NCO, una investigación impulsada desde la Universidad Nacional de La Matanza se propuso analizar en profundidad a los agricultores familiares del distrito, a partir de un abordaje que combinó herramientas cualitativas y cuantitativas.
Un relevamiento inédito en el territorio
En sintonía con lo planteado anteriormente, cabe mencionar y destacar que el estudio se desarrolló y se extendió durante varios años, lo que permitió consolidar una base de datos amplia sobre el sector.
El trabajo derivó en una publicación que reunió tanto los resultados del relevamiento como un análisis más amplio sobre las políticas públicas vinculadas a la producción y comercialización agroalimentaria en el periurbano bonaerense.
Uno de los aportes centrales de la investigación estuvo vinculado a la generación de información estadística, en un contexto donde no existían registros recientes sobre la temática. En este sentido, la encuesta realizada funcionó prácticamente como un censo de los productores del distrito.
De acuerdo con el documento, la mayoría de los agricultores relevados se encuadró dentro de la categoría de agricultura familiar, en función de variables como el uso de la tierra, las tecnologías empleadas y las formas de gestión.
Asimismo, se identificó que más del 77 por ciento de las personas encuestadas era oriunda de La Matanza, mientras que un porcentaje menor provenía de otros distritos del conurbano bonaerense o de países limítrofes.
Uso de la tierra y actividades productivas
El análisis también permitió observar cómo se distribuyó el uso del suelo dentro del territorio estudiado. En este sentido, se registró una mayor presencia de superficies destinadas a forrajes y pastizales, mientras que la producción hortícola ocupó una proporción menor.
Mientras tanto y en vinculación con las actividades asociadas a la producción animal, la investigación destacó el predominio de la apicultura, seguida por la cría de bovinos, aves y ovinos.
Además, una parte de los productores también desarrolló actividades complementarias con fines comerciales, como la venta de miel fraccionada, la elaboración de productos derivados y otras iniciativas vinculadas a la producción local.
Condiciones de tenencia, organización del trabajo
Otro de los aspectos relevados estuvo relacionado con la situación de tenencia de la tierra. En este punto, se identificó que una proporción importante de productores era propietaria de las parcelas que trabajaba, mientras que otros sectores se desempeñaban bajo modalidades de ocupación con o sin permiso.
De esta manera, este escenario evidenció la existencia de distintos niveles de estabilidad dentro del sector, así como situaciones de mayor vulnerabilidad asociadas a la falta de formalización. Estas condiciones influyeron en las formas de organización del trabajo y en las posibilidades de desarrollo de las unidades productivas.
Por otro lado, a partir de los resultados obtenidos, también surgieron nuevas iniciativas de investigación y articulación con organismos públicos e instituciones vinculadas al sector agroalimentario.
En este sentido, se destacó el trabajo conjunto con entidades como el INTA, el SENASA, el INAL, el Mercado Central de Buenos Aires y otras universidades, lo que permitió ampliar el alcance de las investigaciones. Asimismo, el estudio incluyó experiencias de extensión desarrolladas en el territorio, entre ellas una propuesta de comercialización virtual orientada a fortalecer los circuitos de venta directa.
Extensión, comunidad y producción local
Entre las experiencias destacadas se encontró una iniciativa de feria que combinó la comercialización de productos con el acompañamiento técnico a los productores, incorporando herramientas vinculadas a la seguridad alimentaria y a la formalización de la actividad.
Según el informe brindado a NCO, este espacio se propuso no solo como un canal de venta, sino también como una instancia de trabajo colectivo centrada en el derecho a la alimentación y en la calidad de los productos.
En este marco, el estudio puso en evidencia la importancia del trabajo articulado entre instituciones, productores y comunidad, al tiempo que aportó herramientas para el diseño de políticas públicas orientadas a fortalecer el sector de la agricultura familiar en el territorio.
Fuente fotografías: redes sociales.
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