
Con motivo del Día de la lealtad, Diario NCO conversó con el hijo de un gran militante y testigo de aquel 17 de octubre de 1945: Sebastián Borro.
Ricardo Borro, su hijo, contó la historia que le legó su padre, pero además qué le trasmitió con respecto a esta fecha, qué le impacto de la figura de Perón y cómo vive hoy este día.

Testimonio
“El 17 de octubre de 1945 me encuentra cumpliendo tareas en un establecimiento metalúrgico ubicado en Constitución. Tenía entonces 24 años. Mi oficio era oficial tornero mecánico.
En la mañana del 17 de octubre, aproximadamente a las 9, grupos de personas venían desde Avellaneda y Lanús avanzando hacia el centro de la ciudad.
Pasaron por la calle Sáenz Peña, observaron que había un taller mecánico, donde trabajaban 130 personas, se acercaron a nosotros y nos dijeron: Muchachos hay que parar el taller, hay que salir a la calle a rescatar a Perón.
Las noticias que teníamos en ese momento eran que Perón estaba detenido y que todo lo que se hacía era para rescatarlo. Efectivamente, el taller paró y la gente salió a la calle.
Algunos fueron a sus casas. Pero la gran mayoría siguió con los compañeros que venían del sur. Fuimos caminando hacia Plaza de Mayo, llegando cerca de las11.30, en el camino íbamos parando en los establecimientos de la industria metalúrgica y maderera que había por Constitución.
A esa hora no había tanta gente como la que hubo por la tarde, que cubrió toda la Plaza. En la marcha hacia allí se pintaban sobre los coches, con cal, leyendas como ‘queremos a Perón’.
También sobre los tranvías, la gente se paraba y reaccionaba a favor de la manifestación que iba a Plaza de Mayo para tratar de cumplir con la idea que tenían los que habían organizado eso.
Perón había aplicado leyes nuevas y otras las había ampliado: pago doble por indemnización, preaviso, pago de las ausencias por enfermedad. Eran cosas que antes no se cumplían, hasta ese momento.
Donde yo trabajaba, no se cumplía ninguna de esas leyes. Le voy a decir más: creo que pocos días antes de su detención, Perón había conseguido un decreto por el que se debían pagar al trabajador los días festivos: 1º de mayo, 12 de octubre, 9 de julio, etc.
Recuerdo que uno de los patrones nos dijo entonces: vayan a cobrarle a Perón.El 12 de octubre (ya estaba detenido), después del 17 de octubre cobramos ése y muchos días más.
Eran tan reaccionarios los patrones, me aparto un poco del 17 de octubre, que en enero de 1946, estando el capitán Russo en la Secretaría de Trabajo, la empresa en la que yo trabajaba fue citada tres veces.
No se había presentado. Tuvo que ser intimada por la fuerza pública a concurrir a la Secretaría de Trabajo, donde algunos de nosotros éramos representantes del personal; no elegidos, porque no había organización gremial.
Uno de los patrones dijo que no tenía tiempo para pagar aguinaldo, vacaciones, a última hora, le contestaron que la ley 11.729 fue aprobada en 1932.
Y que todas las cuentas que no se habían hecho desde entonces habría que hacerlas ahora. Efectivamente, el 1º de febrero de ese año cobramos aguinaldo, pagos por enfermedad y tuvieron vacaciones.
Siguiendo con el 17, llegamos a la Plaza, cada vez se hacía más entusiasta, había alegría, fervor. Frente a la Casa Rosada empezaron a armar los altavoces.
Hablaron distintas personas, el coronel Mercante, Colom, que fue uno de los últimos oradores. Trataban de ir calmando a la gente ya que, por cada intervención de los oradores, la reacción era más fervorosa a favor de Perón.
Se decía que venían trabajadores del interior del país, no lo puedo probar. Recuerdo, sí, que era una tarde muy calurosa y la gente se descalzaba y ponía los pies en las fuentes, muchos por haber caminado tanto.
Concretamente lo que yo presencié era la gente que venía del sur. Berisso, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora. A medida que crecía la cantidad, en la Plaza de Mayo aparecían los carteles.
Por primera vez yo observaba algo igual, nunca había visto una asamblea tan extraordinaria. Cuando el coronel Perón apareció en los balcones sentí temblar a la Plaza. Fue un griterío extraordinario que nos emocionó de tal manera. Todo parecía venirse abajo.
Unos días antes se decía que Perón estaba gravemente enfermo. Por los parlantes se había anunciado que el coronel Perón se encontraba bien de salud y que estaba en el Hospital Militar.
En un momento, Colom dijo, más o menos: Quédense que vamos a traer a Perón. Mucha gente gritaba por Perón –quizá por primera vez- sin tener todavía conciencia clara de su actividad.
Porque, además, la gran prensa trataba de desvirtuar la figura de Perón. La gente se enteraba a través de los delegados o los activistas, pero no por la prensa, que casi en su totalidad estaba en contra.
A pesar de que él había hablado en distintas oportunidades desde la Secretaría de Trabajo, y se había hecho carne que era un auténtico defensor de los derechos del trabajador.
Nos causó mucho dolor saber que lo habían detenido,pero, en lo que respecta a mí y a un grupo de compañeros, nos considerábamos impotentes, porque recién estábamos despertando, después de muchos años, en el país.
Para otros, quizá, con anterioridad, pero a partir de ese 17 de octubre despierta la conciencia para nosotros. Se hace carne que al pueblo tiene que respetársele como tal, cosa que Perón proclamaba diariamente.
De ahí que, si bien nos sentíamos impotentes, podíamos hacer algo: sacar a Perón de las garras de la oligarquía y colocarlo en el lugar que correspondía para que sea permanente una auténtica justicia.
Es decir, ese idealismo que teníamos nunca lo habíamos vivido en el país. No creí que iba a haber tanta gente en la Plaza; lo que sí pensaba era que el agradecimiento del pueblo a Perón tenía que ser auténtico.
Pero yo no conocía la reacción de la gente, hasta que la viví”.
Sebastián Borro.
¿Ricardo, que le trasmitió su padre con respecto a esta fecha?
“Lo que me transmitió mi padre es esencialmente lo que cuenta en el testimonio. Jornada histórica y que fue una bisagra para consolidar los derechos del pueblo trabajador”.
¿Qué fue lo que le impacto del General Perón?
“Lo que me impactó del General era su visión estadística, su capacidad de conducción, su sensibilidad hacia el pueblo postergado. Mi padre estuvo visitándolo 4 veces en el exilio como integrante del Comando Táctico Peronista, como representante de las 62 Organizaciones.
De todas esas visitas me comentaba las reacciones, las directivas de Perón ante las coyunturas que tenía el Pueblo proscrito. Una mente adelantada a los tiempos de la política y una visión clara de los acontecimientos.
Su retorno al país y su asunción como presidente una vez más en 1973 fue lo que más me impactó de un hombre que dio todo por la Patria”.
¿Qué significado tiene para usted hoy el Día de la Lealtad y cómo la vive?
“El Día de la Lealtad tiene un gran significado desde aquel 1945. A partir de ahí, para los peronistas todos los días deben ser leales a ese gran Movimiento creado por Perón.
Pero que, además, tenía en Evita a su compañera, que ejercía su lealtad y que lo ponía en práctica constantemente. Teniendo en cuenta este concepto, considero que muchos han declinado su lealtad.
Solo lo recuerdan en la fecha que se celebra. Si la lealtad se ejerciera diariamente nunca este cipayo que estuvo cuatro años podría haber hecho retroceder a nuestra querida Argentina.
Por eso lo vivo con orgullo por pertenecer a una familia que desde ese 1945, pasando por los periodos de bonanza y luego luchando sin claudicaciones ni entregas en la Resistencia y más tarde integrando esa Juventud Maravillosa.
Como decía el General: ‘Nunca dejo de dar batalla contra las injusticias de los pocos que esclavizan a la mayoría’. Tengo una frase que siempre la digo: ‘Las batallas se dan cuando se presenta, nunca cuando al enemigo le convienen’”.
Un poco de historia
El Día de la Lealtad argentina se celebra de forma anual desde el 17 de octubre de 1945, día en que se produjo en Buenos Aires una gran movilización obrera y sindical que exigía la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón.
La alianza entre sindicalistas y militares obtuvo que el gobierno militar designara a Perón como director del Departamento de Trabajo, un cargo aparentemente sin valor alguno.
Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, creada a su pedido, Perón había promovido los derechos de los trabajadores. Los sindicalistas habían propuesto a los militares crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la CGT y sancionar una serie de leyes laborales.
Con el apoyo de los sindicatos, Perón empezó a desarrollar gran parte del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 que extendía la indemnización por despido.
Más de 2 millones de personas fueron beneficiados con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista; se crea el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios.
Se prohibieron las agencias privadas de colocaciones; se crean las escuelas técnicas dirigidas a obreros, en ese marco los sindicatos comenzaron un período de gran crecimiento.
La alianza entre sindicatos y el grupo de jóvenes militares encabezados por Perón generó inmediatamente una fuerte oposición de los sectores conservadores políticos, económicos y militares.
El 12 de octubre el presidente Farrell ordenó la detención de Perón y la policía fue a buscarlo a su departamento de la calle Posadas por lo que Mercante le comunicó al jefe de policía dónde se encontraba.
En la madrugada del día 17 comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios y de los barrios populares del oeste de Capital Federal, así como de las zonas industriales de sus alrededores.
Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos incitando a abandonarlos para luego marchar coreando consignas en favor de Perón.
La acción estaba apenas coordinada por algunos dirigentes gremiales que habían estado agitando los días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que retroalimentaban el movimiento.
Inicialmente la policía levantó los puentes sobre el Riachuelo que son el paso obligado hacia la Capital para quienes provenían de la zona sur, pero la policía, claramente favorable a Perón, no obstaculizó la marcha.
El nuevo ministro de Guerra general Eduardo Ávalos observaba a los manifestantes y se negó a movilizar las tropas del cuartel de Campo de Mayo, confiaba en que la manifestación se disolvería por sí sola.
Finalmente accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar. Tuvieron una corta reunión en la que pactaron las condiciones: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos,
Pero no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran, por otra parte, el gabinete renunciaría en su totalidad y Ávalos solicitaría su retiro.A las 23:10 Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno.
Agradeció su presencia, recordó su labor en el gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los trabajadores.
Finalmente, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz añadiendo que, por esta vez, les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente
“Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la Patria. Es el mismo pueblo que en esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su voluntad y su derecho.
Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número”, aseguró Perón.
Te pueden interesar:
https://diario-nco.net/radio
https://facebook.com/diarionco.



