Número de edición : 8979

La Matanza

Bodas de Plata con plena libertad de prensa

Bodas de Plata con plena libertad de prensa

Bodas de Plata con plena libertad de prensa

Comencé a trabajar en NCO desde su nacimiento. Fui testigo de cómo se parió y de cómo la idea -con el tiempo- se fue modificando y mejorando…

En principio el diario era una simple hoja con información tipo agencia que se distribuía a distintas radios alternativas del Partido de La Matanza que por entonces, comenzaban a proliferar. Y precisamente ese viraje en los objetivos tuvo que ver con que había mucha necesidad de informar e informarse, ya que no existía en el distrito un diario-diario (entiéndase que saliera todos los días). Fue así que al poco tiempo NCO mutó para transformarse en un medio de comunicación alternativo, que no salió a competir con nadie, sino a aportar su propuesta comunicacional a todo el amplio distrito.

Por: Carlos R. Correa
carloscorreaprensa@gmail.com

Paulatinamente el diario comenzó a ser leído por todo el espectro político y la generación de declaraciones cruzadas le dio vida al producto, a tal punto que todo aquel político o funcionario que deseaba salir de anonimato y decir su verdad, apostaba a NCO porque sabía perfectamente que sus dichos iban a ser leídos por las personas que a ellos les interesaba que lo leyeran. Y todo aquél que necesitaba una mano en lo personal o social, encontró en el “pasquín” como muchos lo llamaban despectivamente, la puerta de salida a sus urgencias y la solución a la mayoría de sus problemáticas.

En cuatro años NCO había crecido a pasos agigantados; ya Marcos Flores (uno de sus fundadores) se había desvinculado y Oscar Pettinato y el ya desaparecido y bien recordado Omar Soto, decidieron apostar fuerte… Fue así que se dejó el original edificio de Marconi 4444 en Isidro Casanova y nos mudamos a la torre de Ignacio Arieta 3223 6º piso, donde se montó una redacción muy similar a las tantas que esta profesión me permitió compartir.

Cuando en septiembre 1992 NCO vio la luz, yo trabajaba en un medio nacional y tomé la invitación que Oscar me hizo para darle una mano periodística en deportes como un kiosco de los muchos que solemos tener los periodistas… Pero cuando en 1995 fui despedido de la editorial donde trabajaba, NCO pasó a ser mi prioridad laboral, ya que el diario comenzó a representar mi único sustento y el de mi familia.

Es verdad que se cobraba salteado, que a veces teníamos que hacer malabares para poder parar la olla, pero no es menos cierto que cuando uno no tiene opciones, debe ajustarse a lo que le toca y en esas circunstancias, hay que ser agradecido con el que nos da trabajo y poner al costadito algunos ideales, ya que en definitiva, aunque haya prioridades, siempre es uno el que baja el martillo a la hora de aceptar o no esas implícitas reglas de juego.

De manera alternada fui viviendo todas las etapas que a lo largo de 20 años atravesó el diario y si bien varias veces ocupé cargos jerárquicos, nunca me la creí, por la sencilla razón que jamás me interesó renunciar a mi status social, por lo que siempre me consideré un laburante y de manera consecuente estuve al lado de mis compañeros periodistas, muchas veces predicando con el ejemplo y generalmente trabajando a la par o más que ellos. Es que cuando a uno le gusta lo que hace y le pone pasión, no existen límites y cuando existe responsabilidad y compromiso, nada parece una carga para nuestras vidas.

Siempre manifesté internamente que para mí “lo que de La Matanza no sale en NCO, no existe” y hoy, con 25 años de trayectoria comunicacional en el distrito, sigo sosteniendo lo mismo, porque pese a que ahora estoy embarcado en otros proyecto, no dejo de reconocer el prestigio acumulado, pese a que una porción de ese prestigio en los últimos años fue dilapidado por algunas decisiones -a mi criterio- equivocadas de parte de la dirección, que lo llevó a alguna debacle transitoria de la que con mucho y aleccionador esfuerzo va a estar saliendo. Es que en su esencia, NCO es un diario hecho por buena gente al que (con alguna excepción que confirma la regla) siempre se incorporó buena gente y más allá de la disparidad de criterios que uno pueda tener a la hora de analizar las formas de hacer periodismo de algunos de sus integrantes (anteriores y actuales), hay buena leche en cada tecla que se aprieta… Aunque claro, a veces es el hombre y las circunstancias…

Cómo olvidarme de los tantos compañeros y compañeras que tuve… No me atrevo a nombrar a nadie, porque seguro que me voy a olvidar de alguien y no quiero parecer descortés con alguno… Pero tengan por seguro que de todos me llevé algo… Y cómo no recordar las tantas jornadas festivas o de homenajes, como cuando para pedir justicia por José Luis Cabezas, a Oscar se le ocurrió hacer una marcha de antorchas por el centro de San Justo hasta la Plaza del Periodista, en la que la comunidad participó multitudinariamente de manera espontánea… O cómo olvidarme de esos cierres de ediciones extraordinarias o anuarios a mate y galletitas junto a Leandro Pettinato, a quien considero el único y verdadero amigo que me dejó NCO a través de sus 20 años de vida.

Si me pidieran que escribiera o hablara de los mayores méritos y decepciones que NCO me ha dejado a través de estas dos décadas y media de participación alternada, no dudo un instante en afirmar que la mayor virtud, la más distinguida, es la LIBERTAD con que cada integrante pudo desarrollar su profesión. Es que ese bien tan preciado para todos los periodistas, fue siempre respetado a rajatabla, aun en circunstancias en que los mismos estuvieran en contra de los intereses del diario… Y eso es un mérito exclusivo de Oscar Pettinato al que en este aspecto, siempre me rendí y me rendiré… Claro, después uno decidía cuál o cuáles eran los límites… Pero el martillo siempre lo bajó el periodista.

Y en cuanto a las decepciones, han habido varias que prefiero obviar, pero como el director las conoce… me da tranquilidad saber que él y yo las sabemos y seguramente algún día se podrán conversar, o no… Porque nunca los vaivenes de la vida (como él los llama) pueden opacar circunstancias de máxima, como la que me sucedió hace casi diez años, donde encontré en NCO el bálsamo que necesitaba para canalizar un gran dolor y jamás de los jamases se me cuestionó nada, ni se me sugirió hacer otra cosa que no fuera la que realmente sentía, “usando” el diario para un tema personal y así poder  desanudar, gran parte gracias a este medio, una difícil trama que hoy me permite seguir viviendo, con una catarata de proyectos y una paz espiritual que jamás tuve…

Celebro y brindo por estos 25 años de NCO con mi copa más preciada y mi mejor ropaje… Hay buenas perspectivas que estoy seguro que van a ser aprovechadas y si le siguen agregando piolín, les va a permitir remontar hasta objetivos infinitos. Tienen una flamante y magnífica página digital y una trayectoria que seguramente en algún momento les será reconocida y explotada…

Y en el mientras tanto, Oscar Pettinato y su gente seguirán construyendo nuevas y fantasiosas utopías, esas que Eduardo Galeano dice que “sirven para seguir caminando…”.

 

 

 

Artículos Relacionados

Volver al botón superior