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Fósiles de jarilla: una clave para comprender el origen de las zonas áridas argentinas

Fósiles de jarilla: Comprender el origen de las zonas áridas.
Fósiles de jarilla: Comprender el origen de las zonas áridas.

Un hallazgo realizado por un equipo de investigación del CONICET aportó nuevas evidencias sobre cómo se formaron los ambientes áridos en el país y permitió reconstruir parte de la historia evolutiva de la vegetación adaptada a la escasez de agua.

Por Florencia Belén Mogno

La relación entre los cambios geológicos y la transformación de los ecosistemas continúa siendo uno de los grandes interrogantes de las ciencias naturales. Comprender cómo surgieron los paisajes áridos actuales no solo permite reconstruir el pasado de la Tierra, sino también anticipar el comportamiento futuro de la vegetación frente al avance del cambio climático y la desertificación.

En ese marco, las especies vegetales que lograron persistir durante millones de años en ambientes hostiles se convirtieron en piezas fundamentales para estudiar los procesos de adaptación. La jarilla, uno de los arbustos más característicos de las zonas secas del Monte y la Patagonia argentina, representa uno de esos casos paradigmáticos por su resistencia al estrés hídrico y su permanencia evolutiva.

En este contexto y según el material al que accedió Diario NCO, un equipo de investigación del CONICET describió el primer registro inequívoco a nivel mundial de maderas fósiles de la familia Zygophyllaceae, particularmente afines al género Larrea, conocidas popularmente como jarillas

Un hallazgo que reconstruyó millones de años

Además de su valor ecológico, este tipo de vegetación también despertó interés por sus aplicaciones biotecnológicas. Distintos grupos científicos trabajaron con extractos de jarilla para el desarrollo de lociones capilares, cremas hidratantes, alimentos funcionales e incluso investigaciones vinculadas a propiedades antifúngicas, lo que amplió su relevancia más allá del campo botánico.

El hallazgo, realizado en sedimentos de la Formación Mariño, en la localidad mendocina de Potrerillos, fue publicado en la revista Journal of Systematic Palaeontology y permitió aportar nuevas evidencias sobre el origen de las zonas áridas argentinas.

El material correspondió a maderas petrificadas que conservaron la estructura interna del leño. A través de estudios de microscopía óptica y electrónica de barrido, el equipo identificó rasgos anatómicos propios de esta familia vegetal. Entre ellos, se destacaron células conductoras de agua muy pequeñas y paredes celulares gruesas, características típicas de plantas adaptadas a ambientes con escasez hídrica.

La relación entre fósiles y aridez

A partir de este análisis, los fósiles fueron descritos como un nuevo género y especie: Larreoxylon cuyensis, en referencia a la región de Cuyo donde fueron encontrados. Esta identificación permitió avanzar en la reconstrucción de la historia evolutiva del grupo y en la relación entre el desarrollo de estas especies y los grandes cambios ambientales ocurridos durante el Mioceno.

Según se indicó en el documento facilitado a este medio, al integrar estos fósiles dentro de un marco filogenético, los resultados sugirieron que la diversificación de estas plantas estuvo estrechamente vinculada al levantamiento de la Cordillera de los Andes y a la expansión progresiva de condiciones más secas en el territorio sudamericano.

“Estos fósiles nos muestran que la jarilla y sus parientes ya estaban adaptados a vivir en condiciones de aridez hace 18 millones de años, mientras los Andes proseguían su levantamiento, limitando el ingreso de las lluvias desde el océano Pacífico”, explicó M. Jimena Franco, investigadora del CONICET y autora del trabajo en el informe publicado.

Una herramienta para anticipar el futuro

En tanto, la especialista, que se desempeñó en el Centro de Investigación Científica y de Transferencia Tecnológica a la Producción (CICYTTP), remarcó que estos registros fósiles permitieron observar con mayor precisión la forma en que las especies vegetales respondieron a transformaciones ambientales profundas a lo largo de millones de años.

“Estos hallazgos constituyen una fuente única de información para comprender cómo las plantas respondieron a cambios ambientales a lo largo del tiempo geológico, como así también el origen de los diferentes biomas que se presentan en la actualidad. Nuestros resultados aportan nuevas evidencias sobre la relación entre la evolución de la vegetación y procesos geológicos de gran escala”, agregó.

El estudio también incluyó el primer análisis filogenético de la subfamilia Larreoideae basado exclusivamente en caracteres de la madera, incorporando tanto especies fósiles como 19 especies actuales.

El resultado fue un árbol evolutivo coherente con análisis moleculares previos, lo que confirmó que la anatomía del leño constituyó una herramienta sólida para reconstruir la historia evolutiva incluso en ausencia de material genético.

Fuente fotografías: Conicet

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