
El Xeneize se trajo apenas un punto de Barranquilla, pero todavía cuenta con chances de pasar a la próxima ronda, aunque no depende de sí mismo.
Boca viajó a Barranquilla para enfrentar a Junior abrumado por la posibilidad de quedar eliminado de la Copa Libertadores si caía ante el conjunto colombiano.
Eso no ocurrió porque el equipo que dirige Guillermo Barros Schelotto empató 1-1 y entonces sigue con vida en el máximo torneo intercontinental por equipos.
El grupo H lo lidera el ya clasificado Palmeiras, con 10 puntos, seguido de Junior con 7, Boca con 6 y Alianza Lima con 1.
El equipo brasileño visita esta noche al peruano para cerrar la quinta fecha del grupo y con un empate ya se asegura el primer puesto.
En la última jornada, Boca será local de Alianza Lima, ya eliminado, y Junior visitará a Palmeiras.
El partido del Xeneize aparece como accesible y si suma los tres puntos obligará al equipo colombiano a vencer a los brasileños para pasar de ronda.
Si Junior pierde y Boca empata, los que avanzarán a los octavos de final serán los argentinos por mejor diferencia de gol.
Todos estos cálculos indican que Boca quedó mejor parado que Junior luego del partido de anoche, especialmente por los rivales que tendrán en la última fecha.
Pero el problema del Xeneize es su propio rendimiento.
Anoche, en Barranquilla, el desarrollo del encuentro demostró, una vez más, las falencias que tiene Boca. Un equipo largo, en el que sus delanteros salen a presionar pero las demás líneas no se adelantan, permitiendo que los rivales jueguen a espaldas de los mediocampistas y con espacios, como lo hizo Teófilo Gutiérrez en el primer tiempo.
Boca es un equipo que depende casi exclusivamente en ataque de la velocidad de Pavón, y para el resto, de lo que pueda armar el todavía intermitente Reinoso, porque Pablo Pérez, que antes le daba al equipo cierto volumen y diversificación del ataque, está en un bajísimo nivel.
En el mediocampo, el batallador Nandez no ayuda en la recuperación al solitario Barrios, y los laterales no pasan con la convicción necesaria para llegar al fondo del ataque, donde Boca no tiene una referencia a la que recurrir.
Para peor, su máxima figura, o mejor dicho, su jugador referente, Tevez, de 9 o media punta, está muy lejos de su mejor nivel y entonces tampoco le da al equipo un desequilibrio individual ante la escasez colectiva.
Boca lleva más de 500 días como puntero en la Argentina, pero su aura ganadora no la puede trasladar a la Copa Libertadores.
El conjunto Xeneize fue campeón de dos de los últimos tres campeonatos locales (en el medio hubo un título de Lanús) y este domingo podría sumar una nueva estrella.
Al margen de esto, la gran obsesión hoy de los jugadores, dirigentes e hinchas es la Copa Libertadores, certamen que Boca ganó en seis oportunidades, pero no obtiene desde 2007, demasiado tiempo para la rica historia de uno de los dos equipos más importantes del país.
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Al margen de esto, la gran obsesión hoy de los jugadores, dirigentes e hinchas es la Copa Libertadores, certamen que Boca ganó en seis oportunidades, pero no obtiene desde 2007, demasiado tiempo para la rica historia de uno de los dos equipos más importantes del país.



