Edición N° 9151
GBA

El trueque vuelve a crecer en Avellaneda como respuesta a la crisis económica

Trueque. La dinámica combina trueque, venta e intercambio.
Trueque. La dinámica combina trueque, venta e intercambio.

En barrios como Wilde, Villa Corina y Sarandí, vecinos impulsan ferias comunitarias e intercambios de productos ante la pérdida de poder adquisitivo.

Por Florencia Belén Mogno

Cuando el salario deja de alcanzar y los precios avanzan más rápido que cualquier ingreso, las estrategias de supervivencia empiezan a cambiar. En muchos barrios del conurbano bonaerense, la búsqueda de soluciones cotidianas ya no pasa únicamente por el mercado formal, sino también por formas alternativas de intercambio que resurgen frente a la urgencia.

El trueque, que marcó profundamente la memoria social de la crisis de 2001, comenzó a reaparecer en distintas zonas como una respuesta concreta a la dificultad de sostener el consumo básico. Allí donde el dinero escasea, la ropa, los alimentos, los útiles o los productos de uso diario vuelven a circular a través de redes comunitarias que priorizan la necesidad antes que la ganancia.

Lejos de ser una postal del pasado, esta práctica volvió a instalarse como parte de la vida cotidiana de muchas familias que enfrentan la inflación, la inestabilidad laboral y la pérdida sostenida del poder adquisitivo en un contexto económico cada vez más restrictivo.

En ese sentido, en el documento al que accedió Diario NCO, se detalló que en distintos puntos de Avellaneda, especialmente en Wilde, Villa Corina y Sarandí, comenzaron a multiplicarse las ferias barriales.

Ferias barriales y redes de intercambio

Además de las ferias, ante el contexto de profundización de la crisis, cabe destacar que también empezaron a cobrar mayor visibilidad los grupos comunitarios donde el intercambio de productos se convirtió en una herramienta de subsistencia.

En estos espacios circulan alimentos básicos, ropa, artículos de limpieza, calzado y otros productos de primera necesidad que muchas veces resultan difíciles de sostener a través de una compra tradicional.

La dinámica combina trueque, venta e intercambio directo entre vecinos, y funciona como una red de apoyo frente a la presión económica que atraviesan los hogares populares, donde cada gasto mensual representa una dificultad adicional.

Una necesidad más que una elección

Según se informó, una de las experiencias más visibles se desarrolla en el club El Porvenir de Wilde, ubicado sobre Mansilla al 6350, donde vecinos organizan encuentros periódicos destinados a sostener esta modalidad de intercambio comunitario.

La práctica aparece no como una elección voluntaria sino como una respuesta frente a la pérdida de ingresos y la dificultad de acceder a productos esenciales en un contexto de inflación persistente.

Aunque se trata de una modalidad limitada y de alcance barrial, el fenómeno refleja con claridad el deterioro económico que atraviesan muchas familias, especialmente en sectores donde el empleo informal, el desempleo o los ingresos inestables profundizan la vulnerabilidad.

El regreso de una imagen conocida

El resurgimiento del trueque remite inevitablemente a la crisis de 2001 y 2002, cuando esta forma de intercambio se transformó en una herramienta masiva de supervivencia para millones de personas en todo el país.

En aquel momento, la Red Global de Trueque llegó a reunir a más de 2,5 millones de personas y superó los 4.500 nodos de intercambio en distintas provincias argentinas, con una circulación estimada en alrededor de 1.200 millones de pesos en productos y servicios.

Incluso algunos municipios llegaron a aceptar los bonos de intercambio utilizados dentro del sistema, lo que convirtió al trueque en una de las respuestas sociales más visibles frente al colapso económico y financiero de aquellos años.

Bernal y una historia que sigue presente

Uno de los puntos más emblemáticos de esa experiencia fue Bernal, donde surgieron algunos de los primeros clubes de intercambio impulsados por vecinos que buscaron alternativas frente a la falta de empleo y la ausencia de dinero circulante.

Actualmente, espacios como el Club de Trueque Victoria, ubicado sobre Victoria 50 y funcionando los domingos desde las 11, mantienen viva esa lógica comunitaria que combina intercambio, producción y sostenimiento colectivo.

La figura del “prosumidor”, entendida como la persona que produce y consume dentro del mismo circuito, continúa siendo uno de los pilares de estas experiencias, que buscan desafiar la lógica puramente monetaria y reforzar vínculos basados en la reciprocidad.

Más que economía, una respuesta social

El trueque no aparece únicamente como una solución material frente a la falta de ingresos, sino también como una forma de reconstrucción comunitaria en territorios donde la crisis golpea con mayor fuerza.

La solidaridad, la cooperación y la organización barrial se transforman en herramientas tan importantes como el intercambio mismo, especialmente en contextos donde la incertidumbre económica atraviesa todos los aspectos de la vida cotidiana.

En Avellaneda, el regreso de estas prácticas funciona como un síntoma claro del presente social: cuando el bolsillo ya no alcanza, las respuestas surgen desde abajo, entre vecinos que vuelven a organizarse para sostener lo esencial.

Más allá de su escala, el trueque vuelve a mostrar que frente a la urgencia no solo se reactivan mecanismos económicos alternativos, sino también formas de comunidad que intentan resistir en medio de una crisis persistente.

Fuente fotografías: redes sociales.

Suscribite a nuestro canal de PULENTA STREAM

Youtube – Instagram

Te Puede Interesar:

https://www.instagram.com/diarioncomatanza
https://facebook.com/diarionco

Artículos Relacionados

Volver al botón superior