
Un relevamiento reciente analizó las trayectorias educativas en la universidad pública y expuso cómo las condiciones económicas, sociales y territoriales inciden en el acceso, la permanencia y las expectativas de quienes cursan estudios superiores.
Por Florencia Belén Mogno
Las trayectorias educativas en la Argentina no pueden comprenderse de manera aislada del contexto social en el que se desarrollan. En escenarios atravesados por desigualdades estructurales, el acceso a la educación superior constituye un proceso condicionado por múltiples factores que exceden lo académico. El origen socioeconómico, las redes familiares y las condiciones materiales configuran un punto de partida desigual para miles de estudiantes.
En este sentido, la expansión del sistema universitario no siempre se traduce en igualdad de oportunidades reales. Si bien la gratuidad constituye un pilar fundamental del modelo educativo argentino, su existencia no elimina por sí sola las barreras que enfrentan quienes intentan sostener una carrera. Las dificultades económicas, los tiempos de traslado y la necesidad de trabajar son variables que impactan de forma directa en la continuidad académica.
A su vez, la universidad se convierte en un espacio donde convergen aspiraciones de movilidad social con condiciones de vida muchas veces adversas. Esta tensión entre expectativa y realidad permite observar con mayor claridad los desafíos que enfrenta la educación superior en territorios donde las desigualdades se expresan con mayor intensidad.
De acuerdo con un informe del Observatorio Social UNLaM, durante 2025 se desarrolló una investigación centrada en las trayectorias educativas de estudiantes de la Universidad Nacional de La Matanza, con el objetivo de reconstruir sus recorridos académicos y comprender los sentidos que le otorgan a la experiencia universitaria.
Condiciones materiales y acceso desigual
En relación con lo planteado, el documento al que accedió Diario NCO, se detalló que la mayoría de los estudiantes provenían de hogares con ingresos medios o bajos, muchas veces inestables.
Esta situación generó una fuerte dependencia de la familia de origen y evidenció un acceso limitado a becas, lo que reforzó la idea de que la gratuidad universitaria, aunque necesaria, no resultó suficiente para garantizar igualdad de condiciones.
Asimismo, el estudio subrayó la importancia de factores como el capital cultural, las redes de apoyo y, especialmente, las condiciones materiales vinculadas al transporte, los ingresos y el tiempo disponible. Estos elementos aparecieron como determinantes en la posibilidad de sostener la cursada a lo largo del tiempo.
Movilidad social y tensiones cotidianas
En términos de movilidad social, la investigación mostró una tendencia ascendente en los niveles educativos entre generaciones. Muchos de los estudiantes analizados se posicionaron como potenciales primeros graduados universitarios dentro de sus familias, lo que dio cuenta de un proceso de ampliación de derechos y expectativas.
Sin embargo, esta proyección convivió con condiciones materiales exigentes. Largos tiempos de traslado, costos elevados de transporte y situaciones laborales precarias configuraron un escenario que tensionó la continuidad académica y puso en riesgo la finalización de los estudios.
El estudio indicó que la experiencia universitaria estuvo profundamente atravesada por factores extraacadémicos. La necesidad de combinar estudio y trabajo, sumada a las dificultades de acceso territorial y a la limitada disponibilidad de tiempo, incidió directamente en las trayectorias educativas de los estudiantes.
La universidad más allá del aula
Por otra parte, el relevamiento también permitió comprender que la universidad no solo representa un espacio de formación académica, sino también un ámbito donde se construyen sentidos, expectativas y proyectos de vida. En ese marco, las percepciones sobre la educación superior y su carácter gratuito adquirieron un valor central en la experiencia estudiantil.
La investigación propuso avanzar hacia una segunda etapa basada en entrevistas en profundidad. El objetivo será profundizar en las dimensiones económicas, sociales, territoriales y subjetivas que configuran la vida cotidiana de los estudiantes.
De esta manera, el estudio destacó la necesidad de abordar las trayectorias educativas desde una perspectiva integral, que contemple no solo el acceso a la universidad, sino también las condiciones reales que permiten sostener y finalizar los estudios en contextos marcados por la desigualdad.
Fuente fotografías: redes sociales.
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