
La histórica gráfica de Avellaneda permanece sin producción desde 2025. Sus empleados continúan en el establecimiento para evitar el remate y avanzar en un proyecto de recuperación laboral.
Por Florencia Belén Mogno
El cierre de empresas industriales dejó en los últimos años una huella profunda en distintos puntos del conurbano bonaerense. La pérdida de puestos de trabajo, sumada a las dificultades para reinsertarse en el mercado laboral, obligó a muchos trabajadores a buscar alternativas colectivas frente a la falta de respuestas.
En ese escenario, comenzaron a multiplicarse experiencias en las que los propios empleados intentaron sostener los espacios productivos. La organización interna y la permanencia en los establecimientos aparecieron como estrategias para evitar el desmantelamiento de las fábricas.
Este tipo de iniciativas cobró especial relevancia en sectores con fuerte tradición laboral, donde el conocimiento acumulado y los años de oficio se convirtieron en herramientas clave para pensar una posible reactivación.
A un año del cierre de la gráfica Morvillo, ubicada en Avellaneda, en la zona sur bonaerense, la planta continuó sin actividad productiva, aunque sus trabajadores mantuvieron la presencia en el lugar. El objetivo fue preservar las instalaciones y evitar que el establecimiento termine rematado en el marco del proceso de quiebra.
Una fábrica cerrada, pero con presencia obrera
En este crónica realizada por Diario NCO cabe recordar que la empresa dejó de operar en febrero de 2025 y poco después la Justicia confirmó su quiebra, lo que afectó a más de 250 trabajadores.
Desde entonces, el reclamo de los empleados de la firma dejó de centrarse únicamente en las indemnizaciones para poner el foco en la posibilidad concreta de recuperar las fuentes de trabajo.
Dentro del predio, la dinámica cambió de manera radical. Las máquinas permanecieron detenidas y los trabajadores organizaron turnos de guardia para custodiar el lugar y mantener en condiciones la infraestructura existente.
Dificultades laborales y organización interna
En la actualidad, los empleados cumplen funciones como custodios judiciales de los bienes de la empresa, lo que incluye maquinarias, herramientas y el edificio. Esta presencia constante permitió sostener la integridad de la planta a lo largo del tiempo.
Según explicó uno de los referentes del sector de el informe consultado por este medio “cuando entro a la planta se siente un silencio muy fuerte. Eso nos recuerda todo el tiempo que queremos volver a poner en marcha las máquinas que durante años funcionaron las 24 horas”.
El principal obstáculo se ubicó fuera del establecimiento. La mayoría de los trabajadores enfrentó serias dificultades para conseguir empleo, en especial aquellos mayores de 50 años con trayectorias prolongadas en la industria gráfica. En muchos casos, la subsistencia dependió de trabajos informales o temporales.
Un sector golpeado y una planta emblemática
El cierre de Morvillo se produjo en un contexto adverso para la industria gráfica, afectada por la caída del consumo, el incremento de costos y los cambios tecnológicos. A esto se sumaron factores vinculados a la competencia externa, que impactaron en la producción local.
Durante décadas, la planta fue una referencia en el sector, con una infraestructura que superaba los 13 mil metros cuadrados y una actividad centrada en la impresión de distintos materiales gráficos.
Con el paso del tiempo, la estrategia de los trabajadores comenzó a orientarse hacia la posibilidad de reactivar la producción a través de un esquema cooperativo o de gestión alternativa.
La apuesta por la continuidad productiva
En ese marco, se impulsó un proyecto en la Legislatura bonaerense que propuso la continuidad productiva de la planta con participación estatal. La iniciativa planteó la posibilidad de destinar la producción a la impresión de materiales educativos para distintos municipios.
Desde el sector sostuvieron en el documento difundido que “estamos en condiciones de imprimir, por ejemplo, manuales escolares para los 135 municipios. Se defenderían así los puestos de trabajo e incluso sería más económico”.
A pesar de la presentación del proyecto, la situación de fondo no mostró avances significativos y la planta continuó sin actividad. Sin embargo, los trabajadores mantuvieron la organización interna y el reclamo activo.
En ese contexto, la permanencia en la fábrica se transformó en una forma de resistencia frente a la incertidumbre. Tal como expresaron desde el grupo, “la lucha la podemos ganar, empatar o perder, pero si no luchamos perdemos seguro”, una definición que sintetizó el sentido de una experiencia atravesada por la crisis, pero también por la búsqueda de alternativas colectivas
Fuente fotografías: redes sociales.
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