Número de edición : 9032

Cultura

Escribir desde el margen como decisión política

Escribir desde el margen como decisión política.
Escribir desde el margen como decisión política.

El autor César González cuestionó la ausencia de la figura del trabajador y el habitante de la villa en la literatura argentina y reflexionó sobre la escritura autobiográfica, la cárcel y el resentimiento como categoría política.

Por Florencia Belén Mogno

Durante años, la literatura argentina discutió el valor de la primera persona como recurso estético y político. La llamada “literatura del yo” ocupó un lugar central en el mercado editorial, muchas veces asociada a relatos íntimos atravesados por experiencias personales que buscaban interpelar desde lo confesional.

Sin embargo, no todas las voces encontraron el mismo espacio de circulación ni el mismo reconocimiento dentro de ese campo cultural que históricamente tendió a consolidar determinados perfiles sociales como representativos.

En ese escenario, la pregunta por quiénes narran y desde dónde lo hacen se volvió inevitable. Las historias de los sectores populares, cuando aparecieron, con frecuencia fueron contadas por otros, filtradas por miradas externas o atravesadas por estéticas que subrayan la marginalidad desde el exotismo o el morbo.

La tensión entre representación y experiencia real expuso una deuda estructural: la escasa presencia de voces que hablaran en primera persona desde territorios históricamente relegados.

En ese contexto se inscribe el autor matancero César González, quien dialogó con Diario NCO, el escritor sobre su obra autobiográfica, el lugar del “yo villero” en la literatura argentina, el impacto de la cárcel en su vida y la dimensión política del resentimiento como categoría que decidió resignificar desde la escritura.

La palabra como herramienta

Tu novela está construida en capítulos que pueden leerse de forma independiente. ¿Cómo surgió esa decisión estructural y qué buscabas transmitir con ese formato fragmentario?

C.G: La idea de la novela es de la editora que se contactó conmigo hace varios años, durante mucho tiempo le dije que no quería hacer una autobiografía pero llegó la pandemia y había un adelanto que me servía, tengo una hija y partiendo de una necesidad económica dije que sí. Le dije que era un golpe bajo tras otro porque mi vida hasta cierta edad fue así aunque yo lo quiera disfrazar. Una vez que me decidí y dije voy a tener que ponerse a escarbar en mi memoria, hice una lista de todos los momentos que sentía que tenían que estar en el libro y empecé a desarrollarlos.

Hoy se habla de la “literatura del yo”. ¿Qué lugar ocupa para vos la primera persona y qué diferencias encontrás con la que predomina en el panorama actual?

CG: Si leo en primera persona quiero ver qué experiencia hay ahí. Una cosa es “Viaje al fin de la noche” de (Louis-Ferdinand) Céline que realmente vivió todo eso y son experiencias desgarradoras y otra es una escritora contando los mambos con los novios, novias. Eso me da náuseas y es lo que está de moda. En cambio el yo proletario, plebeyo y villero no existe en la literatura argentina. No existe a nivel de circulación, de conocimiento. Es contado por otros. Lo que predomina es la literatura del yo burgués y yo con eso no tengo nada que ver.

El libro comienza y termina con la misma escena de caída. ¿Por qué decidiste cerrar la historia en ese punto y no avanzar hacia el presente?

CG: Lo tuve muy claro desde el comienzo, dije no voy a agotar toda la reserva de mi vida sabiendo que ya que viví tanta extraordinaria. Aparte, la etapa carcelaria, si bien en términos del tiempo cronológico fueron cinco años para mí fue una eternidad y no sé cómo se escribe la eternidad carcelaria. A veces digo que podría sacar a Ulises de (James) Joyce de la cárcel. Un solo día en la cárcel pueden ser 2.000 páginas tranquilamente.

Por último, venís del cine y de la poesía. ¿Cómo fue el proceso de escritura de esta novela y qué desafíos te planteó ingresar en la narrativa?

CG: La lectura por un lado ayuda pero también te bloquea, te anula, te intimida. Le tengo muchísimo respeto a la narrativa por eso escribí dos o tres cuentos. Dije si algún día escribo narrativa me falta leer por lo menos 500 libros. Los libros me salvaron la vida. Dije prefiero que sea breve pero re contra re mil pulido. Fue empezar a desglosar esa lista de anécdotas que hice. En el medio quizás estaban mis amigos que siempre andan por acá. Mi mamá me recordaba cosas y entonces me obligaba a volver. Fueron dos años de escritura. Fueron dos años en los que el libro estuvo en mi cuerpo.

Fuente fotografías: redes sociales.

TE PUEDE INTERESAR

PULENTA STREAM

YOUTUBE

INSTAGRAM

 

 

 

 

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compruebe También
Cerrar
Volver al botón superior