Número de edición : 8976

Cultura

Pequeño dossier sobre el libro ‘Sopita’ de Rolando Revagliatti

Poesía. Pequeño dossier sobre el libro ‘Sopita’.
Poesía. Pequeño dossier sobre el libro ‘Sopita’.

A modo de introducción a la sexta edición soporte papel del poemario “Sopita” de Rolando Revagliatti, el siguiente texto de Ricardo Rubio:

SOPITA ESPESA DE LA MUSA o REVAGLIATTI RELOADED

“Escribir con orgullosa soledad,
con la violencia de un cross a la mandíbula,
con sudor de tinta y manos fatigadas,
hora tras hora, hasta que los eunucos bufen.”
Roberto Arlt

La estética basa su estudio o parecer en un sistema de relaciones muchas veces arbitrario, tanto como arbitraria pueda ser la mirada de un hombre. Una nota musical puede resultar bella o puede producir un disgusto según el lugar que ocupe en un pentagrama, según las notas que la precedan o procedan, según su duración o el lugar del planeta en donde se ejecute, o según el ocasional oyente. Del mismo modo sucede con un paso de baile, una pincelada de color o una palabra. En poesía, precisamente, es la palabra y su relación con las otras que concurren al texto —no sólo semántica sino también sonora—, las que proponen la estética, más valiosa cuando las novedades de fondo y forma se reúnen para individualizar el preciado estilo.

A lo largo de una extensa obra compuesta por más de quince títulos de poesía (también ha publicado teatro y narrativa), con sus muchas reediciones, Rolando Revagliatti ha hecho de la minuciosidad compositiva el norte de su mirada poética. Cierta preciosidad fónica, ciertas elecciones de vocablos, que según los varios significantes señalan la ironía del doble juego, ciertas escenas y personajes, cercanos y lejanos, raramente buscados por otros autores, son los recursos con los que edifica un arquetipo poético distinguido como individual, de ningún modo cerrado al juego lúdico con el ocasional lector, sino más bien lo contrario.

Suspicacias sí, sintonía fina y justeza verbal que suscribe un modo muy particular de transferir (y transgredir), un sistema aún más distintivo que los ya conocidos: en Luchi, a través de la mordacidad; en Huasi, con las torsiones y los neologismos; en Costantini, con el ingenio y el juego del doble sentido; o en Girondo, con las ocurrencias extravagantes; aludidos sin ánimo de homologar estilos, pues estos poetas han sido únicos del mismo modo en que Revagliatti lo es con la suspicacia de las reticencias a veces cáusticas y muchas veces críticas, aunque siempre joviales; un modo nada despiadado de señalar con el escalpelo hacia las actitudes y conductas supuestamente ominosas de nuestra civilidad más cercana con sus múltiples prejuicios.

En algunos poemas de “Sopita” nos encontramos con notables distingos del tono al que nos tiene acostumbrados: el mordaz, el sardónico y el picaresco, que dan lugar en una gran parte del libro, la primera, a una razón ardiente casi nostálgica y reposada; composiciones que exponen al evocador, al memorioso repaso de quien evita motivos o justificaciones para presentarnos el paisaje exterior e interior de la circunstancia del recuerdo, eludiendo con ajustada síntesis y vivas alusiones varios grados de follaje intimista, pese a llevar los ojos a pretéritas fotografías no tan pretéritas (se me perdone el epíteto, de hecho, toda fotografía es del pasado).

Ya se ha manifestado la posibilidad de esta pluma en muchos de sus versos como algunos que recuerdo al pasar: “Murió / dijo la radio…” (en “Ripio”), referido a la muerte de Nicolás Olivari, o el que cita que “ya estoy medio muerto” (en “Desecho e izquierdo”), entre otros del mismo color intercalados en sus libros. En cierto modo, salvo unos pocos poemas, “Pictórica” es la colección que tiene una cercanía posicional a “Sopita” en cuanto acto entre observador y cosa observada, pero no parentesco, que tampoco tienen “Obras completas en verso hasta acá”, “De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):”, “Ripio”, “Corona de calor” o “Desecho e izquierdo”, elaborados mayormente con el estilo personal e innovador que le es característico. Encontraremos que el poema “Sopita”, que da nombre al libro, guarda una relación estrecha con ese tono.

La anticipación a los poetas de su tiempo, que lo caracterizó desde las postrimerías de la década del sesenta —pese a editar más tarde—, continúa aún en la plena vigencia. Si bien la liberación de la formalidad protocolar del verso (el decoro, la mesura, la prudencia, etc.) y el uso de un lenguaje excesivamente coloquial gana los renglones de los poetas más jóvenes, en Revagliatti subsiste el respeto morfológico, la clarificación del concepto que no cede a devaneos, la construcción fónica que se vivifica y se comprueba con la oralidad y el extremo cuidado de la forma, cosas que en la actualidad otros poetas descuidan quizá demasiado en virtud de malas identificaciones con poesía traducida e inútiles esfuerzos de vanidad, que es mucho más frecuente que el talento. De modo que, con un carácter moderno, audaz y vanguardista, nuestro poeta aún mantiene su cruzada (avanzada), es decir, la posta de la originalidad, reuniendo creatividad, psicologismo, ironía y atrevimiento que, claro, no es poco.

Ricardo Rubio

Osvaldo Spoltore y su comentario bibliográfico a partir de “Sopita” de Rolando Revagliatti, Ediciones La Luna Que, 6ª Edición, Buenos Aires, la Argentina, 2008, publicado en el Nº 33, octubre 2009, de la Revista de Literatura “Tamaño Oficio” de la ciudad de Buenos Aires.

A Rolando Revagliatti lo conocemos como un trabajador incansable en el ámbito de la poesía y actividades relacionadas con ella.
En esta ocasión tenemos la última edición -la sexta- de su poemario “Sopita”, en donde hallamos la llaneza de su lenguaje al servicio de lo poético, subyaciendo en varios de los textos de formas sencillas, las materias profundas que él nos alcanza sin contenidos disolventes.
Como se muestra en el mismo poema que da nombre al libro:

Vos
crema de garbanzos
no sos
sopita
y sos mi sopa
preferida

“Así es la vida”
incluso la mía
(espesa)
aunque es también
-oh, resonancias
fulgores
distorsiones-

sopita.

Sopita, metáfora de lo simple, que no es lo mismo que decir simple metáfora, encarnando la ambigüedad de la vida que, aunque se desee espesa a veces, no es más que distorsiones, una sopita.
Avanza el libro con ciertos “personajes” que se reiteran: Eduardo y Mecha; Flavia (una nena), junto a ciertos temas como el de la familia, las vacaciones, y las fotos en donde el poeta ve lo que él sólo como tal puede ver y nos lo hace presencia, aunque sólo si hacemos una lectura re-creativa de su trabajo.
En “4º Grado”, con enumeración y síntesis, barre las hileras de una vieja foto escolar hecha ahora poema. Lleguemos al clímax:

El más bravo, Carbone, sonríe
No todos
Yo no, la cabeza inclinada

Al lado de uno con apostura de jugador de rugby
uno huérfano de padre que a veces no traía delantal
Y este año el portero no se cuela en la foto
porque se murió.

El contenido es la forma y a estas alturas, la foto y los niños quedan en la anécdota y, ¿qué sentimos?, ¿vida crema espesa o sopita?
Sopita, como la vida no preferida, como aquella que se nos ajusta a la medida de otros sin ser nuestro deseo:

Volar me gustaría –arguye la nena
viendo algo volar-
pero no soy un pajarito

No –admite su papá

y siguen caminando.

Pero no siempre es así un pasar estilo “sopitas” como bien se aprecia en “Marina Mercante”, un designio materno desacatado.
Y en una época donde se impone la dictadura de lo mercantil, y hasta el arte se ha banalizado, no es sencillo mantener una mirada nítida que es esencia para construir la poesía de los espíritus inquietos, que no se dejan seducir por la “sopita”. Revagliatti nos dice irónicamente así en “Mar del Plata”:

Boca abajo en la playa
codos en la arena
Mecha, divertida

Muy en segundo plano a la izquierda
agua y gente
A la derecha
gente y casino

Eduardo, bastante tostado
Los dos, lindos.

Sopita linda, ¿no?, cuando es vida sin toma de conciencia, tan sólo reiteración de frases hechas, como un Así es la vida. O peor, cuando es repetir las vidas de otros tan vulgares y “lindas”. Alejadas del asombro que es más común en la infancia, repleta de Fantasmas, que aparecen y desaparecen, cerca de las hormigas y la menta / próximo a un caracol maravillo.
Sopita, no. Nada de sopita: mejor la sopa crema espesa. Por ello, desde los tuétanos, todo artista hace esfuerzos para destilar la pureza que pervive de la especie en su interioridad:

nos odien
o nos amen

Los huesos nos expulsan
suplican que los dejemos ir

Detestan que los retengamos
que los exijamos todavía

“No es humano”, chillan.

Reseña bibliográfica de la 6ª edición soporte papel de “Sopita” (Ediciones La Luna Que, Buenos Aires, 2008) de Rolando Revagliatti, realizada por Ariel Gamarra y aparecida originariamente en el nº 14 de la Revista “Los Asesinos Tímidos”, Buenos Aires, 2009.

Nostalgia. Son recuerdos ajados, miradas perdidas en el horizonte del tiempo (pasado), fragmentos de existencia que se cuelan en estos poemas como un tenue rayo de sol de invierno. Todo acompañado de ironía, guiños, transgresiones al idioma y al lector que hace la literatura de Revagliatti reconocible en apenas unas líneas. Y es que su labor como poeta ha tomado, con el correr de los años, su justo reconocimiento y se ha ido convirtiendo en un clásico de la poesía porteña.

reves comentarios sobre ‘Sopita’:

César Cantoni: “La claridad y despojamiento de tu lenguaje son una prueba más de que la poesía no necesita grandes palabras para expresarse, sino grandes poetas.”

Orlando Van Bredam: “En ‘Sopita’ emerge la voz inconfundible de Rolando, no tanto por lo que dice como por lo que calla, lo que silencia en esta reticencia tan tuya, en ese fraseo que inquieta por lo que esconde, por la sonrisa sarcástica que no podemos dejar de sentir detrás de las palabras.”

Fernando Sánchez Zinny: “Tu poesía es extraña, muy extraña, pero en relación contigo esta palabra se parece alarmantemente a “entraña”. Hay mucho que charlar: estás lleno de burlas y de nostalgia.”

Valeria Zurano: “He disfrutado sopita, sola, como la sopita, escarbando en el fondo de ese plato hasta ver el reflejo”

Carlos Juárez Aldazábal: “Estuve releyendo ‘Sopita’, y debo decir que me divierte mucho. Es muy difícil hacer buena poesía con humor, y vos lo lográs.”

Rubén Vedovaldi: “Tu estilo se puede reconocer en cada estrofa; es un ejercicio de libertad creadora que no se ve todos los días, aunque uno todos los días ande leyendo.”

David Wapner: “Creéme, ‘Sopita’ es un gran libro con nombre humilde.”

Lucrezio Cosentino en reseña publicada en el n° 27, octubre 2008, de la revista “Prometheus”: (…) La nostalgia revagliattiana no es una nostalgia lastimosa sino una vivificante. En cada fragmento de historia congelado en una imagen, cual demiurgo cansado, Rolando deja un poema y con él un poquito de vida.”

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