
El aumento de las tasas de interés deterioró la capacidad de pago de las familias y elevó con fuerza el endeudamiento en billeteras virtuales, financieras y cadenas comerciales.
Por Florencia Belén Mogno
En Argentina, el acceso al crédito se convirtió en una herramienta central para sostener el consumo cotidiano de los hogares en un contexto de ingresos reales deteriorados y alta inflación acumulada. Frente a la pérdida de poder adquisitivo, una parte creciente de la población recurrió a distintas formas de financiamiento para cubrir gastos básicos, lo que incrementó la exposición al endeudamiento y amplificó los riesgos financieros.
Durante el último año, el encarecimiento del crédito impactó de manera directa sobre la capacidad de pago de las familias. La suba sostenida de las tasas de interés, que se profundizó durante el período electoral, tensionó los presupuestos domésticos y aceleró los atrasos en el cumplimiento de obligaciones, en especial fuera del sistema bancario tradicional.
En ese contexto y de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, la morosidad en billeteras virtuales, financieras, cooperativas y grandes cadenas comerciales mostró un aumento significativo.
Según datos del Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central, procesados por la consultora EcoGo, el porcentaje de usuarios en mora trepó del 7,4 por ciento registrado en noviembre del año anterior al 20 por ciento en octubre, lo que implicó un incremento de casi tres veces en apenas once meses.
El salto de la morosidad en el crédito no bancario
Pese a este deterioro, el crédito no bancario continuó ocupando un lugar central en el financiamiento de los hogares. De acuerdo con el estudio consultado, el stock de deuda con entidades por fuera del sistema bancario alcanzó niveles históricos cercanos a los 12,2 billones de pesos, equivalentes al 1,3 por ciento del Producto Bruto Interno.
En ese sentido, el reporte detalló que el crecimiento de este tipo de financiamiento respondió, en gran medida, a la mayor accesibilidad y rapidez en la obtención de préstamos, aunque a costa de condiciones más costosas.
En esa línea, las tasas aplicadas superaron ampliamente la inflación durante buena parte del año y, en algunos casos, la multiplicaron varias veces, lo que incrementó el riesgo de incumplimiento.
Un endeudamiento que superó los ingresos
El análisis de EcoGo también advirtió que el endeudamiento total de los hogares, al sumar compromisos bancarios y no bancarios, representó el 137% de sus ingresos. Si bien no todo ese volumen se encontró en situación de mora, el peso de la deuda se incrementó de manera sostenida respecto del año previo, cuando apenas superaba el nivel de ingresos anuales.
La situación resultó aún más desfavorable para los trabajadores informales y cuentapropistas. En esos casos, la relación entre deuda e ingresos alcanzó el 143%, lo que reflejó una mayor fragilidad financiera y una exposición más alta a los cambios en las condiciones crediticias.
Este escenario contrastó con el comportamiento del crédito bancario tradicional. Según los mismos datos, la mora en los préstamos otorgados por bancos se ubicó en torno al 4,4%, muy por debajo del 20% observado en las entidades no bancarias, lo que evidenció diferencias estructurales en los mecanismos de otorgamiento y cobranza.
Diferencias entre bancos y prestamistas alternativos
Desde EcoGo explicaron esta brecha por la existencia de herramientas de cobranza más eficientes dentro del sistema bancario, como el débito automático, y por el incentivo que representaron las tasas relativamente más bajas. Estos factores llevaron a los clientes a priorizar el pago de los créditos bancarios para no perder el acceso a ese canal de financiamiento.
Sin embargo, el perfil crediticio de los hogares mostró un deterioro generalizado. En el último año, la proporción de deuda considerada incobrable en billeteras virtuales, financieras, cooperativas y cadenas comerciales pasó del 2,8 al 5,6 por ciento, mientras que el segmento de alto riesgo se expandió del 2,5 al 8 por ciento del total.
De acuerdo con los datos oficiales, el endeudamiento promedio por cliente ascendió a 5,6 millones de pesos, contemplando tanto préstamos bancarios como no bancarios. La magnitud de ese compromiso financiero evidenció el grado de dependencia del crédito para sostener el consumo corriente.
Un sistema en expansión con mayores riesgos
En Argentina operaron 542 empresas dedicadas al otorgamiento de crédito a personas físicas fuera del sistema bancario, entre ellas fintech, cadenas comerciales, cooperativas y financieras. Este entramado amplió la oferta de financiamiento, pero también incrementó la exposición de los hogares a condiciones más volátiles.
El Banco Central informó además que en octubre volvió a aumentar la mora en los créditos a hogares dentro del sistema bancario, que alcanzó cerca del 8 por ciento del total prestado con dificultades de cobro. Al desagregar los datos, el atraso en los pagos de las familias se ubicó en el 7,8 por ciento, mientras que en el segmento empresarial fue sensiblemente menor, con un 1,9 por ciento.
En términos interanuales, el salto resultó significativo: un año atrás la mora de los hogares apenas superaba el dos por ciento un nivel que no se registraba desde hacía más de 15 años. La evolución de estos indicadores expuso un escenario de creciente fragilidad financiera que impactó de lleno en la economía doméstica y planteó nuevos desafíos para el sistema de crédito.
Fuente fotografías: EcoGo.
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